martes. 23.07.2024

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Antonio Ávila

Migelantxo Prado es un veteranísimo autor de cómic con más de cuarenta años de trayectoria y con multitud de premios en su haber. Obras como Trazo de tiza y Ardalén, entre otras, son la muestra del trabajo de un autor con un sello personalísimo y con un estilo artístico que domina el color, la expresividad, el espacio, la narrativa y los escenarios.

El autor, de la mano de Norma Editorial, presenta la nueva Edición Integral de Presas Fáciles. Se trata de un tomo que cuenta con las historias Presas fáciles (coloreada para esta nueva edición) y que presenta a los inspectores Tabares y Sotillo, y Buitres, un nuevo caso de los citados inspectores y que se estrena en esta Edición Integral.

Los inspectores Olga Tabares y Carlos Sotillo investigan dos casos de difícil resolución. Primero, una cadena de asesinatos cuya única conexión entre sí radica en la relación de las víctimas con la banca. Y segundo, la muerte de una menor que, sin saberlo, estaba atrapada en una turbia red de pornografía. ¿Qué tienen en común estos dos casos? Que las víctimas eran siempre presas fáciles.

Presas fáciles es un tomo que debería estar en la estantería de cualquier aficionado al cómic y al género policiaco

Relatar género policiaco, y más gráficamente, no es una tarea fácil. Sin embargo, lo primero que llama poderosamente la atención al adentrarse en Presas fáciles es la enorme habilidad que tiene el autor para enganchar al lector con una narrativa tremendamente bien hilada. Sin necesidad de recurrir a grandes persecuciones, disparos o violentas discusiones, simplemente relatando el día a día de las investigaciones, la recopilación de pistas, el trabajo de campo y los interrogatorios Prado teje un entramado absorbente, de una veracidad pasmosa. Precisamente el autor comenta sobre este tema que esta habilidad a la hora de narrar es fruto de años y años de trabajo, puro y duro oficio.

Otro aspecto que hace que lo expuesto en estos casos cale tan hondo en el lector es que su contenido crea repulsa, frustración y rabia. Las víctimas son personas vulnerables, personas que han sido estafadas o terriblemente agredidas emocionalmente y físicamente. La indignación crece aún más cuando los responsables de estos actos atroces muchas veces carecen de total y absoluta empatía. Para más inri estas situaciones han estado más que presentes en la sociedad española y han sido ampliamente cubiertas por los medios de información con mayor o menor acierto, lo cual hace que todavía crezca más la sensación de acercamiento en el lector. Prado comenta a raíz de este tema que estas historias no dejan de ser una crítica social por su parte puesta en boca de sus protagonistas “Tabares y Sotillo son como mis títeres”

La relación entre la moralidad y el protocolo legal también queda ampliamente tratada a lo largo de estas dos historias. Aquí entra en juego la relación profesional y personal entre los inspectores Tabares y Sotillo. A pesar de formar un estupendo equipo tienen a veces sus diferencias a la hora de proceder, las cuales entran en conflicto entre su ética personal y su deber profesional. También asistimos a encantadores piques entre ambos no exentos de tensión sexual, los cuales sirven para aligerar, muy inteligentemente y en momentos puntuales, la dureza de las tramas.

Ha adelantado que su próximo relato tendrá un corte algo más futurista en el que las máquinas tendrán un rol importante.

Los ya mencionados procedimientos legales están perfectamente narrados e integrados en la trama. Se nota que Prado ha recibido el asesoramiento adecuado, y vuelvo a recalcar que esto hace todavía más verídico este drama humano y policial.

El apartado gráfico es sobresaliente. El diseño de personajes posee una gran personalidad y está plagado de detalles, de hecho, es una obra en la que abundan bastante los primeros planos de los personajes para enfatizar más las emociones de estos. El trazo marcado con trazas de lápiz le da un carácter artesanal extra que es muy de agradecer.

La gama de colores es apagada, grisácea, no obstante, toda la atmósfera del tomo es nublada, en consonancia con el drama de los casos. Este cambio es sorprendente si lo comparamos con los vibrantes paisajes y tonos verdosos que se pueden observar por ejemplo en Ardalén.

Por último: después de dos casos tan interesantes, duros e intensos, queda preguntarse si en un futuro podremos leer más historias de los Inspectores Tabares y Sotillo, y Prado ha sido claro a este respecto: no va a haber, ya que la creación de cada historia le ha llevado más de dos años y actualmente desea contar otro tipo de historias. De hecho, ha adelantado que su próximo relato tendrá un corte algo más futurista en el que las máquinas tendrán un rol importante.

Solo queda decir que Presas fáciles es un tomo que debería estar en la estantería de cualquier aficionado al cómic y al género policiaco.

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