martes. 18.06.2024

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Aunque ya no podremos salir de dudas, tengo la impresión de que, si Cormac McCarthy viviera, habría quedado fascinado con la adaptación que el dibujante francés Manu Larcenet ha hecho de su famosa novela, La carretera. Recordemos que esta historia, que ganó el Premio Pulitzer de 2007, narra una historia de tono postapocalíptico sobre un padre y un hijo que tratan de sobrevivir en un mundo devastado por un cataclismo que aniquiló gran parte de la civilización. La novela de Cormac McCarthy huía del efectismo y las grandes dosis de acción para centrarse en un relato intimista paternofilial al tiempo que reflexionaba sobre la esperanza y los límites de la naturaleza humana.

El cómic funciona muy bien al presentar el idealismo y la esperanza del niño, que aún cree que un mundo mejor es posible, en contraposición con el padre

Bajo esta premisa, y dejando totalmente a un lado la cinta que dirigió John Hillcoat y protagonizó Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee, la versión que nos presenta Larcenet, editada por Norma Editorial, busca centrarse en las sensaciones y emociones del padre y el niño protagonistas, enmarcadas en un mundo sucio y violento que no concede ni un minuto de respiro ni de esperanza. En este sentido, nos encontramos ante un cómic que realiza un retrato magistral de una civilización acabada en la que la violencia y el canibalismo han sustituido a la civilización.

La carretera por la que avanzan los protagonistas en busca de un mundo mejor es el pretexto narrativo que permite que estos personajes descubran el mundo que los rodea y conozcan a otros aterradores y misteriosos personajes. El cómic funciona muy bien al presentar el idealismo y la esperanza del niño, que aún cree que un mundo mejor es posible, en contraposición con el padre, un hombre que solo vive con el fin de que su hijo logre encontrar un remanso de paz.

Manu Larcenet se mantiene bastante fiel a la obra original, aunque sí introduce algunos cambios que ayudan a explicar la relación entre padre e hijo

Manu Larcenet, que ya ganó el Festival del Cómic de Angulema en 2024 por su trabajo en Los combates cotidianos, nos presenta un cómic tremendamente visceral y violento en el que cada viñeta y página nos transporta a un universo desolado en el que no hay margen para los sueños. El uso que hace de los lápices, tintas y grises contribuye a crear una sensación de oscuridad y tenebrismo muy efectiva, dando como resultado un cómic de los que dejan huella y cuya lectura perdura por su dureza. "Ten presente que las cosas que te metes en la cabeza están ahí para siempre", le dice el padre al hijo en varias partes del relato ante el horror que los rodea. Esta idea de McCarthy de tratar de no mirar al horror está muy presente en este cómic oscuro y plagado de horror y locura, con viñetas que cuestan mirar y en las que sus protagonistas son diseñados por Larcenet como muertos en vida. Esto hace que su lectura necesite de cierto reposo, ya que puede afectar al ánimo.

Norma Editorial nos presenta un cómic muy cuidado con un papel de gran gramaje y una definición perfecta de colores y diseños. Manu Larcenet se mantiene bastante fiel a la obra original, aunque sí introduce algunos cambios que ayudan a explicar la relación entre padre e hijo y otros destinados a crear un mundo mucho más oscuro que el que pensó McCarthy. En definitiva, un trabajo destinado a llevarse todos los premios posibles y que se convierte en una oda a la búsqueda de esperanza.

La carretera de Manu Larcenet: un viaje en viñetas por la desolación