domingo 15.09.2019
“LA LLAMADA”, NUEVO DISCO DE ISMAEL SERRANO

"La ciudadanía organizada es capaz de influir en la toma de decisiones"

La llamada hace referencia a las tradicionales convocatorias del carnaval uruguayo, pero al mismo tiempo nos interpela. Basta de lamentos, es la hora del optimismo para cambiar las cosas.

“La ciudadanía organizada es capaz de influir en la toma de decisiones"

Solo necesito doblar la esquina de mi casa para llegar a su estudio-oficina. Me abraza fuerte, como para disculpar su retraso, y cuando nos sentamos percibo en su mirada una luz aún más brillante que la que ya desprendía cuando nos encontramos en Buenos Aires hace unos meses. Entonces esperaba con ilusión el nacimiento de su hija. Ahora anda enredado en el descubrimiento de las vicisitudes de la paternidad y en la laboriosa tarea de promoción de su nuevo disco. Ante mí se presenta un hombre feliz por partida doble. Conversar con Ismael Serrano te llena de ideas, de referencias literarias y musicales, de enfoques matizados sobre la vida que nos toca vivir. Hablamos de la procelosa e irrepetible experiencia de ser padre primerizo, de la feliz responsabilidad de escribir en un libro de páginas blancas... y también de política, tecnología, redes sociales, música... Lo dicho y compartido queda extractado, como ajuste obligado al formato de entrevista.

Fernando Olmeda: Si hay algo o alguien presente en La llamada es Lila. Cuando escuché el disco hace unos días pensé que la niña estaba en todas las canciones, como si de alguna forma le estuvieras contando un cuento...

Ismael Serrano: Está muy presente en el disco porque, tú lo sabes bien, nada es tan emocionante ni inspirador que la paternidad, a todos los niveles. Renueva tu mirada hacia el mundo, te hace revisarte por dentro. Tengo cuarenta años, es un momento en el que empiezas a recorrer un camino de vuelta que te permite desprenderte de prejuicios y afrontar la música y la vida desde otra perspectiva. Revisas cosas de tu carrera y te despojas de cierta soberbia, de cierta solemnidad, quizá necesaria en su momento, pero que terminaba distanciando. No se puede estar permanentemente circunspecto. Ser padre te hace relativizarlo todo, te ayuda a desprenderte del ego.

F.O.: La llamada se inspira en el carnaval uruguayo, en los pasacalles, en la convocatoria a golpe de tambor que invita a salir a la calle, a vencer el desaliento, a levantar la mirada en medio de la desesperanza y a pensar que no todo está perdido. Pero también, como cronista que eres, refleja una realidad, la de la movilización ciudadana de los últimos años, desde el 15M...

I.S.: Es una especie de convocatoria atávica. La música tiene mucho de llamada primigenia. En este momento estamos muy atentos a muchas convocatorias de diferente tipo, la sociedad está moviéndose como hacía tiempo que no lo hacía. Los ciudadanos nos estamos mirando los unos a los otros y estamos encontrando complicidades que hacía mucho tiempo que no teníamos. Vivimos una situación dramática que nos impulsa a un protagonismo que exige complicidades. A la gente se le están arrebatando derechos, incluso algo tan básico como festejar la posibilidad de un cambio. Efectivamente, debemos abandonar la pose derrotista, resignada, la estética del perdedor. Toda lucha tiene carácter de celebración, y por eso quiero dar a esta convocatoria que significa La llamada un carácter de fiesta.

F.O.: Es un disco que transmite optimismo, la esperanza de que es posible el cambio, y también mucha alegría. «Defender la alegría», decía Mario Benedetti, y La llamada desprende ese aroma, el de la necesidad de defender la alegría como un derecho...

I.S.: No es el «Don't worry, be happy» sino una llamada a la organización para defender la alegría y que no nos la arrebaten. Citas a Benedetti: «Defender la alegría, como una trinchera», decía el poema. Se trata de eso. De establecer vínculos que nos ayuden a recuperar la conciencia de que podemos cambiar la realidad. Y las cosas están cambiando. Mucha gente que hasta hace poco permanecía al margen ahora se siente afectada y se suma a las protestas. Ya no es un proceso emergente, es un hecho. La gente ve la corrupción a todos los niveles, como un hábito instalado en la clase política, estos días sale lo de las tarjetas de Bankia... Todo es percibido como un engaño recurrente. La gente vive en la precariedad, por pura necesidad está empujando el cambio. El nivel de indignación que se ha alcanzado vence al miedo. La ciudadanía organizada es capaz de influir en la toma de decisiones. Se ha visto hace poco con la ley del aborto, la movilización de la PAH ha cambiado el concepto del desahucio... La sociedad está influyendo. 

La indignación ha vencido al miedo. Por pura necesidad, la gente está empujando al cambio

F.O.: Nos estamos sintiendo protagonistas del devenir político, como hace tiempo no nos sentíamos, pero la cuestión es si esa sensación se trasladará a las urnas. ¿Llegaremos a generar un cambio histórico, o al final los votantes buscarán el abrigo de los grandes partidos?

I.S.: Las plataformas ciudadanas han cambiado las expectativas de los partidos tradicionales, los vaticinios, la futura tarta electoral... Es posible que el votante medio se deje vencer por el miedo, por el catastrofismo. Pero es paradójico. Se exige a los nuevos partidos -sin experiencia de gestión pero también sin pasado, intachables en ese sentido-. garantías que no se piden a los tradicionales. Tenemos el ejemplo de Madrid. Creo que es una oportunidad histórica, y como madrileño estoy muy ilusionado. La ciudad es un páramo, sería imperdonable que no aprovecháramos la oportunidad. Espero que quienes tienen capacidad para hacerlo lleguen al entendimiento necesario para ofrecer candidaturas que ilusionen, para lograr un cambio.

Madrid es un páramo, sería imperdonable que no se llegase a un entendimiento para ofrecer una candidatura ilusionante

F.O.: Da la sensación de que te han hecho más entrevista que nunca, Ismael. Buena señal también la cantidad de visitas que tiene el videoclip de La llamada. ¿Podría ser esta canción que da título al disco una especie de himno de un tiempo nuevo? ¿Te lo has planteado así, te gustaría que fue una canción de uso, que la gente cantase en contextos diferentes?

I.S.: Una canción llega a ser un himno cuando la gente lo siente como tal. Todos los compositores quieren que sus canciones se conviertan en himnos. Mi intención es convocar, agitar. Claro que me gustaría que llegase a ser un himno, que llegase a tener carácter popular, como aquellas canciones de siega, o las de los esclavos en las plantaciones de algodón, o Grândola, Vila Morena de José Afonso. Que trascendiese al autor, pero no por vanidad, sino porque realmente trasladase un mensaje universal.

F.O.: Ese es el sentido del videoclip, grabado en una fábrica de Buenos Aires...

I.S.: Claro, la incertidumbre que vivió Argentina con el corralito es universal. El dueño de esa fábrica de Avellaneda desapareció y dejó tirados a los trabajadores. Aquí tenemos ejemplos parecidos. Ahora bien, no se trata solo de la épica de organizarse y hacerse con la fábrica. También están las contradicciones a las que se enfrentan quienes de pronto tienen que asumir responsabilidades de autogestión, el coraje de asumir esas responsabilidades que van más allá del trabajo individual.

F.O.: Vives largos periodos en América Latina, por tus vínculos familiares a través de tu pareja y porque allí los músicos españoles tenéis trabajo, y posiblemente se os valora más que aquí. ¿Este disco significa en cierta medida un regreso a casa, la búsqueda de un reconocimiento nuevo del público, la voluntad de involucrarte más en lo que ocurre en nuestro país?

I.S.: No lo había pensado, la verdad, pero ahora que lo dices, quizá sí. Desde luego, no de forma consciente. También es cierto que la vida me lleva a eso. Efectivamente, tengo parte de mi familia en Argentina, pero posiblemente el nacimiento de mi hija me haga estar más tiempo aquí, y posiblemente esto tenga que ver también con un cierto empeño por conectar con la realidad española, con este ambiente, con este entorno.

F.O.: Trece canciones en un disco que arranca con Apenas sé nada de la vida. O lo que es lo mismo, «solo sé qué no sé nada», la frase de Sócrates que es el inicio de cualquier aprendizaje -algo que parece fácil pero que no lo es, porque aprender significa comportarse con humildad, reconocer que no somos tan buenos en algo y que tenemos margen para mejorar-. Una más evidente declaración de principios...

I.S.: Así es. Son más, y más importantes, las preguntas y las dudas que las certezas. Uno se libera de dogmas. Yo ya solo alego interrogantes. En la canción hago un repaso a las pequeñas cosas que uno no sabe, y llego a la conclusión de que tampoco es tan grave no saber. Lo grave es creer que se sabe todo con rotundidad. Desconfiemos de quien cree saberlo todo. El que siempre gana nada sabe de la vida.

F.O.: Una vez más, la paternidad...

I.S..: Claro, te das cuenta de que no sabes nada, ves todos tus miedos. Pero eso también te hace rejuvenecer, te devuelve la ilusión de empezar algo nuevo. Tu mirada a largo plazo se extiende.

F.O.: Hay un aire general de fiesta en el disco, imbuido de una especie de felicidad poética que reconforta. Y, sin embargo, en El día de la ira no hay tanto optimismo...

I.S.: El cabreo general también merecía una canción. Lo político afecta a lo sentimental. En la línea de La corrosión del carácter de Richard Sennett, la crisis afecta a las relaciones humanas fundamentales. El día de la ira es una canción de amor que aspira a dejar poso, que te obliga a un recorrido por la realidad social. Al estilo de Te recuerdo Amanda, de Víctor Jara, una relación de amor que retrata una realidad. Acuérdate de los versos de la canción. Es un icono, una canción comprometida que conecta con la realidad.

F.O.: La casa y el lobo es una canción basada en el clásico cuento de Los tres cerditos con la que abordas el tema de los desahucios y la respuesta ciudadana...

I.S.: La gente que está acudiendo a impedir los desahucios representan la heroicidad emblemática con la que mucha gente se enfrenta a esta crisis.

F.O.: El disco suena a América, su clima sonoro nos remite a los ritmos tradicionales latinoamericanos, pero hay una diversidad musical que se percibe, por ejemplo, en Pequeña bachata mediterránea...

I.S.: Se trataba de evitar que la inmersión en los ritmos populares latinoamericanos derivase en un ejercicio de estilo. Se trataba de traerlos a mi territorio. Cuando estaba haciendo los arreglos de Pequeña bachata metí unos acordeones, unas mandolinas, y le di un cierto aire de chanson française. Y la bachata se convirtió en Pequeña bachata mediterránea. Miro a América, pero inevitablemente miro al Mediterráneo, todos los cantautores miramos al Mediterráneo. 

F.O.: Me ha llamado la atención que hayas ido dando a conocer las canciones a través de la web de La Sexta. ¿Por qué?

I.S.: Porque no suenan en la radio. Los cantautores no tenemos espacio en las emisoras. Escuchas la radio y lo entiendes...

F.O.: Has utilizado las redes sociales para el lanzamiento del disco, pero además este domingo 5 de octubre ofreciste un recital gratuito y multitudinario en Vallecas, con participación de agrupaciones musicales de barrio, charangas y batucadas populares. ¿Por qué decidiste que que ha significado el inicio de la gira de presentación?

I.S.: Para ser fiel al espíritu del disco y dar sentido a la propuesta, quería hacer un concierto popular. darla a conocer en mi barrio. Pensé que estaría bien que fuese un domingo a la una de la tarde, un momento que sirve igual para el canalla que viene de empalmada y para las familias con hijos que salen de paseo. Y en Vallecas, como reconocimiento de una deuda pendiente con mi barrio, pero también para reivindicar la calle como espacio de los vecinos, como espacio público, y reconocer el valor del asociacionismo como nudo indispensable de la sociedad, la importancia del movimiento vecinal como red de solidaridad indispensable. 



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