lunes. 04.03.2024
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Arturo Prins | @prinsarturo

Una película para pintores, sobre pintores, y para que la gente entienda lo que es ser un pintor. La sombra de Caravaggio (2023), una coproducción franco-italo-belga, rinde homenaje a lo que se llama la personalidad arrolladora de un artista. Éste, lleva consigo no sólo su luz, sino también una sombra pesada, inversamente proporcional a su resplandor. Es la sombra de todos aquellos que lo envidiaban, admiraban, odiaban y deseaban.

Probablemente, lo más parecido a un santo, sea un pintor, sino al revés; ambos se parecen por obsesivos, místicos, solitarios, fanáticos, radicales, buscadores de la verdad, devocionales, intensos y excesivos. Así es el retrato que traza el director, Michele Plácido: toda una pintura en movimiento, todos los poderes del cine para convertirse en un gran mural barroco. En donde todos los medios técnicos se ponen a disposición del retrato de uno de los mejores pintores de la historia: Michelangelo Merisi, apodado Caravaggio, uno de los máximos exponentes de la pintura barroca. Un hombre con un talento portentoso, una fuerza seductora conectada con los Cielos y la Tierra, un nato hijo del signo Libra, hijo de Venus Afrodita. Un pintor que encontró en prostitutas, malhechores, hambrientos, borrachos y pobres, a todos los que le inspiraron para construir la eternidad sacra y profana: santos, ángeles, Cupidos, mártires, Cristos, María Magdalenas, y discípulos. Si el Maestro Jesús hubiera sido un pintor, en vez de un carpintero, hubiera pintado como Caravaggio, por empatizar, entender y sublimar como pocos, la naturaleza humana.

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El actor Riccardo Scamarcio.

Uno de los mayores dramas de los pintores, y sé de lo que hablo por experiencia, es que toda su fuerza, ingenio y lucidez, en muchas ocasiones, sino en todas, se mantienen por los poderes terrestres fácticos: La Iglesia y la monarquía. Burgueses, empresarios, aristócratas, papas y cardenales. Políticos, instituciones o estados dictatoriales, protegiendo a los artistas que son fieles a sus ideales, devociones o regímenes. Son esos poderes contra los cuales el pintor va a favor o en contra, o la vez, pero que, paradójicamente, le permiten crear y expandir sus obras, sean por encargo, venta, requisamiento, patrocinio, deuda o mecenazgo. Estas fuerzas, hicieron que estos gigantescos monstruos del arte pudieran crecer. Goya, caricaturizó a sus reyes, en el retrato de La Familia de Carlos IV: todos apretujados con cara de mamelucos endomingados, sin espacio y naturalidad, una obra poco lisonjera con ellos, una forma de castigar a sus poderosos mecenas, pero pudo iniciar su carrera cortesana que había ambicionado desde muy joven, llegando a la corte de Carlos III. Miguel Ángel bajo la protección de los Médicis, se vengó contra el cardenal que mandó tapar los genitales en su obra. El artista, indignado por las críticas del maestro de ceremonias Biagio de Cesana, lo retrató en el «Juicio Final» con orejas de burro. Caravaggio en gran parte, que, bajo el mandato del Vaticano, realizó grandes obras, sufrió constantes humillaciones al ser rechazadas, de hecho, una de sus mejores obras, Muerte de la Virgen, se salvó de ser quemada, gracias a la interferencia de Pedro Pablo Rubens que la ensalzó como una de las mejores obras de Caravaggio. Son estos gigantes poderosos, quienes posibilitan el crecimiento artístico, o su difamación y persecución, y muchos los pintores que rechazaron profundamente, la deuda con el poder que los impulsaba.

De esto trata, este enorme retrato llamado La Sombra de Caravaggio (2023) dirigido por el actor y director italiano Michele Placido. De que los pudientes que compran y valoran nuestro trabajo, en muchas ocasiones, han abochornado a sus creadores, y cómo a su vez Caravaggio, no deja de escupir y rechazar las deshonras a las que lo somete la Iglesia o el Tribunal de la Inquisición, que sin embargo lo necesitan, necesitan su fuerza provocadora. Porque los poderosos, necesitan urgentemente de los artistas para exonerar sus pasiones, maldades, culpas, purgar sus demonios, liberarlos en esas ventanas sobre las paredes; van en esos cuadros todas sus enfermedades. Recordemos la exclamación del Papa Inocencio X al ver el retrato que le había hecho Velázquez: «È vero. È troppo vero». Ese «troppo» lo dice todo.

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El actor y director Michele Placido.

Michele Placido nos presenta un Caravaggio casi como un santo o un guerrero, cerca de los pobres y los humildes, como un Cristo empático, cercano, valiente y a la vez profundamente sensible con el dolor de los débiles, capaz de sanar heridas con su pincel y hacernos a todos profundamente reflexivos de lo que es la vida y la muerte. Y la cara b de Caravaggio, un valiente cabrón, buscapleitos, jugador, golfemio, que andaba siempre armado, con noches en calabozos, justiciero violento, que no respetaba la autoridad. Sí, el pintor milanés coqueteó con la muerte constantemente. Tuvo para su fortuna, un hada madrina, Constanza Colonna, que le salvó el culo en varias ocasiones, interpretada en el film por una estupenda y contenida Isabelle Huppert.

Pendenciero, provocador, entraba al trapo. La marquesa Colonna, tuvo que rescatarlo, ocultándolo y mecenándolo en sus palacios de Roma y Nápoles, por el asesinato a uno de los hermanos, que siempre lo andaban provocando. Caravaggio había asesinado en la capital italiana en 1606 al proxeneta y mercenario Ranuccio Tomassoni, con quien se batió en duelo tras una discusión por un partido de pallacorda, una especie de tenis de la época, se dice que por una deuda no pagada por el pintor. Esto le acarrearía que huyera en exilio a Malta y Sicilia, ante su condena a muerte por el Papa Pablo V. Costanza, profundamente enamorada de él, lo encubrirá y protegerá, algo que hizo toda su vida.

El film desarrolla un poder visual tenebroso, de claroscuros dramáticos, una puesta en escena barroca magnífica, al servicio de la estética del pintor

El film desarrolla un poder visual tenebroso, de claroscuros dramáticos, una puesta en escena barroca magnífica, al servicio de la estética del pintor, para hablar de los derroteros que lo llevaron a pintar sus mejores cuadros. El casting de Michellangelo Merisi, no pudo encontrar a nadie mejor que al excelente y natural actor Riccardo Scamarcio, intenso, belicoso y sensible, de mirada profunda. En realidad, La sombra de Caravaggio, es un paseo de investigación sobre las inspiraciones de sus mayores obras: y en paralelo, honrar la memoria de quiénes fueron sus modelos, especialmente las prostitutas, que representaron en sus cuadros a María Magdalena, o la Virgen María, como Anna Bianchini, pues a Caravaggio le gustaba como modelo tal vez por ser, en ese sentido, muy parecida a él en cuanto a carácter y con quien tuvo un lío amoroso. Hasta tal punto, que pintó su cadáver, que al parecer fue ahogada en el Tiber, en la impactante obra maestra “Muerte de la Virgen” (1604-1606).  O Lena Antognetti, prostituta de gran belleza y amante de obispos de alto rango, estuvo vinculada durante varios años a Caravaggio, que la utilizó, para gran escándalo de gente “bien pensante”, como modelo para pintar a la Virgen María.

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La actriz Isabelle Huppert.

El film es una fiel recreación de la histórica Roma de principios del S. XVII, donde Caravaggio se rodea de ladrones, y malvivientes, en el comedor público de La Vallicella, regentado por Felipe de Neri, famoso santo romano, comprensivo clérigo que albergaba a todos esos desgraciados dándoles alimento y refugio. Caravaggio cura heridas, consuela a sentenciados a muerte (Giordano Bruno), duerme con difuntos a quienes pinta. Repele la soberbia de un pintamonas (así lo llama el propio Caravaggio) como Giovanni Baglione, que lo entrega y delata en el film, con su eterna enemistad hacia él. Parece que tuvo el claro objetivo de desacreditarlo ante la posteridad, cuando en realidad acusaba una profunda envidia y admiración. A pesar de ello, su obra tiene una importante influencia suya. Eran pintores que representaban la Academia de San Lucas, contrarios a la fuerza provocadora del pintor lombardo, de hecho, Caravaggio fue un pintor rechazado por el academicismo puritano, pintores atados al poder eclesiástico, envidiado por su revulsiva forma de pintar lo divino mezclado en lo profano, con modelos que eran gente pobre que generaba rechazo en la Iglesia romana. “Él fue el primer pintor de la vida como la siente el popolaccio, la gente de las callejuelas, los sans-culottes, el Lumpenproletariat, las clases bajas, los bajos fondos”, escribió el gran crítico británico John Berger. Y, sin embargo, los propios cardenales luchaban para evitar mandar al fuego sus cuadros, escondiéndolos en sus palacios. Había una hipnótica admiración hacia sus pinturas, a la humanidad sublimada con su pincel. Fue protegido por el Cardenal del Monte, que lo cobijó dándole un estudio, y los Burghese junto con los Colonna, familias nobles italianas, que lo ocultaron cuando fue condenado a muerte por el Papa, grandes protectores del arte y la cultura. 

La película narra la trama de un investigador del estado, encomendado por el Papa Pablo V, para dar caza a la información completa sobre la vida del pintor, por su homicidio, o sospechas de ser un sodomita, es decir un homosexual. Probablemente un bisexual, motivo por el cual podían enviarlo a la hoguera, ya que tuvo como amante predilecto a uno de sus ayudantes, “Cecco” da Caravaggio, cuyo nombre real fue probablemente Francesco Boneri. Un pintor italiano, íntimamente ligado a la biografía del gran pintor, del cual fue ayudante y siervo en su estudio, y el modelo del famoso cuadro Amor Vincit Omnia (El amor todo lo vence), representando a un sensual y provocador Cupido. Amado y deseado por mujeres y hombres, el magnetismo de Caravaggio encendía pasiones, de hecho, aparece en el film, una de sus enamoradas y discípula de él, de las pocas maravillosas pintoras de la historia en aquel siglo XVII italiano, Artemisia Lomi Gentileschi.

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La actriz Micaela Ramazzotti.

La sombra del Estado, el único personaje ficticio de la película; nefasto e implacable; siempre con una mirada inquisidora y una expresión severa. Investigador al servicio del Papa Pablo V, llevará a cabo una investigación rigurosa y exhaustiva, gracias a la cual se decidirá si se concede un indulto a Caravaggio, o no. Interpretado por un estupendo Louis Garrel, al acecho del pintor, representa todas las fuerzas homo eróticas de quién está fascinado por Michelangelo Merisi y que a la vez reprime; un oficial que tiene debilidad por el pintor, sensible a su obra, lo desea a escondidas, sin embargo, la obra del pintor lo asusta, le parece blasfema, porque Caravaggio enseña la verdad. Y así lo deja claro el film, un pintor que buscaba la verdad, ponerla a la luz de las cosas, las fuerzas vivas de Eros y las muertas de Tánatos. Sin embargo, la Iglesia no estaba pronta para enseñarlo al mundo, porque sembraba dudas en los creyentes, es decir, su trabajo era de una gran vitalidad carnal y sacra, como se ven en los cuadros David con la cabeza de Goliat y La cabeza de Medusa, probablemente los mejores autorretratos de su rostro. En el primero la cabeza de Goliat es realmente la de Caravaggio, la pintura posee un elemento de repugnancia consigo mismo. Y en el segundo, reemplazó el rostro de Medusa por el suyo propio, lo que le permitió posicionarse como inmune a su mirada fatal. 

La Sombra de Caravaggio es de un voltaje e intensidad propios de la personalidad del pintor

La Sombra de Caravaggio es de un voltaje e intensidad propios de la personalidad del pintor. El director Michele Placido ha sabido entender en profundidad su psique, y pocas veces en el cine se puede ver buenos retratos de pintores. Considero que El loco del pelo rojo (1956) de Vincent Minelli, es un ejemplo de ello, o la magnífica Van Gogh (1991) dirigida por Maurice Pialat, un trabajo que no nos habla de un pintor maldito, sino de un Vincent solar, hedonista y alegre, deseado por mujeres y en ocasiones provocador y loco. O la obra maestra que no dejo de recordar por su cercanía en luces y sombras angustiantes, el retrato de Rembrandt en la cinta La ronda de noche (2007), dirigido por el británico Peter Greenaway, obras que hablan de una de las grandes, sino la única capacidad, la más poderosa de un creador, que no son sus pinceles solamente, sino sus ojos, su capacidad de ver y observar la realidad. No enseñándonos cómo pintan, que esos suelen ser los films más previsibles de pintores, sino viendo cómo viven sus vidas, como absorben información psicológica de sus retratados, de sus parejas o paisajes; como Caravaggio lo hizo al convivir con pordioseros, santificados por su pincel, por su mano divina. Lo he dicho anteriormente, lo más cercano a un santo es un pintor, ¿o me confundo?, al revés, lo más parecido a un pintor es un santo, y no tanto por ser un hombre de bien, sino por lo excesivo, por llevar las cosas al límite.

“De los cielos infinitos, soles infinitos, universos infinitos”: palabras que salen de la boca de un sacerdote dominico: es el encuentro maravilloso que tiene lugar en la película, entre Caravaggio y Giordano Bruno en las cárceles vaticanas, el pobre fraile que fue quemado por la Inquisición por haberse aproximado demasiado a la verdad, le adjudicaban cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad; así como por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo, o sus opiniones favorables de la transmigración del espíritu en otros seres humanos después de la muerte. Y no puede ser de otra manera, porque quienes entran en contacto con la verdad, se queman, y la mediocridad de los poderes, siempre termina asesinando aquello que es verdad.

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El actor Louis Garrel.

La película goza de una sensualidad y de una belleza extraordinarias, que reflejan la vida vibrante y enérgica de un pintor que amaba el encuentro con los seres humanos, con la vida, con la sexualidad, participando en bacanales, donde aparecían también cardenales. Un hombre de una libido formidable, tan alta como su deseo de crear, todo esto retrata Michele Placido, la vida intensa de los pintores, tan parecida a la de Vincent van Gogh, Paul Gauguin o Rembrandt van Rijn.

El retrato de una vida posterior a 1600, un Merisi que carga encima un asesinato. Un film que quiere enseñarnos cómo se motivaba un pintor, qué es lo que lo alentaba, con un pincel en la mano y una espada en la otra, entre meretrices y bandidos, con caballos en su estudio, ayudantes pobres que hacían de modelos de santos. Las fuerzas vivas de la tierra y del sufrimiento que inspiraron sus obras. Dice Costanza Colonna, su luz y energía, su valedora, que siempre había vivido como un perro callejero. Digo yo, cerca de la verdad, como un cínico, del griego kynikós; propiamente 'perruno'.

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Probablemente Caravaggio, gran conocedor y estudioso de los evangelios, de imágenes violentas y grotescas, sensuales y rebeldes, profanas y sacras, y de una vida que se vio muchas veces reflejada en su obra, burlona y satírica, violenta y descarada, especialmente con los pintores locales. Conocido tanto por su amor al arte como por su falta de escrúpulos, este es un film de pintores para pintores y para todo el mundo que quiera entender qué es el poder de un pintor. De las convenciones rotas y más allá, por su impudicia, por cuadros que hipnotizaban y perturbaban, porque enseñaba intensamente todo lo que somos, pintado con manos divinas, llenas de un amor, que todo lo vence.

La mano de Dios. El amor siempre vence