sábado. 02.03.2024
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Torres-Remírez | @jostorresremrez 

Si hacemos caso al único criterio de éxito que existe en la industria cinematográfica (la recaudación) “Las Chicas están bien” (2023) ha sido una película sin más, ya que sólo recaudó 337.708€ (1). Es la 34ª película española más taquillera de este año. Pero si nos basásemos en eso para ver o no la cinta, estaríamos cometiendo uno de los mayores errores de nuestra vida.  

Itsaso Arana debuta en la dirección con esta historia sobre la vida. No se puede definir de otra manera al largometraje. En este caso se ha centrado en cuatro actrices y una directora, pero podrían haber sido cuatro amigas con profesiones totalmente distintas entre sí. No importa el a qué se dedican, sino cómo se han enfrentado y se enfrentarán a la vida. A los problemas que uno ha tenido y tendrá.

Tras su paso por los cines, Filmin ha decidido añadir la película a su catálogo relacionándola con clásicos como “Dublineses” (John Huston, 1987), “Blow-up” (Michelangelo Antonioni, 1966), “Lost in Translation” (Sofía Coppola, 2003) o “Vivir” (Akira Kurosawa, 1952). Y no en vano, todas y cada una de estas películas tienen rasgos comunes con la ópera prima de Arana. Cada una, a su manera, hace filosofía. No leen a Platón o a Kierkegaard. Sólo son un grupo de personas poniendo sus miedos y anhelos ante la cámara.

Con respecto a la película en sí, todo comienza en un paisaje idílico. España siempre ha sido una tierra que ha idealizado el campo, o la vida en el campo, más que la propia ciudad. Encontrando en los pueblos la paz y la calma de la que no disponemos en nuestro día a día dentro de la ciudad. Las imágenes que nos facilitan sobre la casa, la cochera donde se ensaya, el río e incluso las dos veces que sale el pueblo, están filmada desde esa idealización. Sara Gallego, directora de fotografía, hace una labor artesanal al poder ofrecernos todas y cada una de las texturas. La película está bañada por el sol. Sin embargo, no es un sol que moleste. La moda es grabar el sol para que deslumbre la escena, no se vean a los actores o para cegar al espectador. Pero no aquí, el sol acompaña la historia. La claridad en la que transcurre todo es acogedora.

A su vez, la historia es mucho más que una simple reflexión surgida de la cabeza de Arana. Es parte de la vida de las actrices. Se desnudan para el espectador y para ellas mismas al contar, como si fuéramos sus mejores amigos, algunas intimidades agrias. No sólo se intuye que lo contado es algo más que una ficción, sino que al finalizar los créditos hay una frase que puede pasar desapercibido (a mí se me pasó, pero no a mi amiga Jara). En ella se explica que las reflexiones de los personajes surgen de las propias vivencias de las actrices. Esto provoca que todo tenga un significado nuevo. Puedes hablar de la muerte de tu padre o de tu madre en escena y ser sólo un guion o puedes hablar a todo un auditorio sobre lo que de verdad sentiste al ver morir a tu madre cuando tenías once años o cuando tuviste que decirle adiós hace menos de cuatro. Algo tan personal es difícil confesarlo. Mucho más sabiendo que lo verán miles de personas. Y, como se dice en la película, hacer cine es una especie de inmortalidad. Por lo que, visto desde otra perspectiva, quedará para la eternidad ese momento tan íntimo. No todo el mundo se atrevería a abrirse.

El tono reflexivo de la película no es una constante, sino que también hay momento para la comedia, para el amor y para la amistad. A fin de cuentas, son actrices, pero también son cinco amigas en una casa rural durante una semana.

Por último, una de las decisiones más arriesgadas de la directora es mostrar la sensualidad de las protagonistas. Una sensualidad real. No busca lo burdo. Tampoco intenta hacer estético un desnudo, que no los hay. Muestra la sensualidad intima, que es la que tenemos y disfrutamos en nuestro día a día. Una mujer enviando un audio con una sonrisa. Un baño relajante. Un beso en un hombro. O dejar que el río te lleve. Nos enamoramos de una persona por estos detalles. Y “Las chicas están bien” están repletos de estos.

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Sin embargo, todo el buen trabajo realizado por sus actrices y por su directora de fotografía no ha sido recompensado en la lista de las nominaciones a los Goya. Sólo Itsaso Arana ha podido rascar una nominación a “Mejor Dirección Novel”. Y aunque esto signifique menos publicidad para la cinta, en realidad es un demérito para los académicos que no han sabido valorar la artesanía de este proyecto.       

¿Y si es tan buena por qué no triunfó en el cine? La gran pregunta. Existen multitud de factores para ello. El número de copias de la cinta. La promoción (que en este caso fue inexistente). O los cines que se atrevieron a ponerla. Pero ante todo está la valentía del espectador. No sólo se pierde dinero al ir al cine, sino también nuestro tiempo, el bien más escaso del que disponemos. La gente suele arriesgarse más a ir a ver una película si hay gente hablando de ella. También nos encontramos el miedo al cine español que tenemos en nuestra patria, pero ese es otro tema. Por todos estos factores, y muchos más, esta película recaudó lo justo. Por ello ahora se puede apoyar la película viéndola a través de Filmin. Las visualizaciones no aparecerán como incremento de recaudación. Sin embargo, los productores, aquellos que decidirán si vuelven a apostar por Itsaso Arana para ponerse detrás de una cámara, estarán atentos a esta clase de datos. Nunca ha sido tan fácil apoyar a Itsaso Arana, al cine español y al buen cine. Véanla.       

(1) Datos a 10 de Diciembre del 2023

'Las chicas están bien'. Valor añadido para Filmin