martes. 23.07.2024
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Celín Cebrián | @Celn4

En los años 90, un famoso rockero español, Mauricio Aznar, recorre Latinoamérica buscando reencontrarse con su vocación. Allí conoce a Carlos, un músico anciano que es el autor de algunas canciones famosas del folclore de su país. Esta película, dirigida por Javier Macipe está llena de emociones y recibió dos premios en el Festival de Cine de San Sebastián y fue Nominada al Giraldillo de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Sevilla.

Diríamos que el filme utiliza algunos tintes documentales para mezclar la melancolía y las músicas, y hacer un trabajo entrañable, distinto. Tanto es así que dan ganas de coger la mochila e irse para la Argentina a vivir una experiencia parecida. Son vivencias sencillas que llegan a tocar la fibra, sin artificios, momentos llenos de tristeza y de esperanza. Es una película que nos acerca a las personas en la que las canciones vienen solitas.

Hacer una película como la Estrella azul es como crear a una persona: la cabeza, el tronco, las extremidades…, y también unas pocas penas. Sólo tenemos que seguir el silbido del tren. Y cuando llegamos, buscando a Atahualpa, a mitad del camino, ponernos a mirar a todas las estrellas anónimas que nos rodean junto a la amistad, esa gente nueva que vamos conociendo que nos acepta y se sienta a nuestro lado.

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Cine y realidad, y sin grandes pretensiones, pero una historia bonita o, como diría un argentino, una historia “linda”. Y al mismo tiempo un homenaje a las vocaciones frustradas. Un título que nos lleva de la mano hasta el final.

La música sostiene toda la película y proporciona un buen ritmo. Como toda road-movie, y esta película también lo es, siempre hay un cambio interior en el personaje. La vida nos cambia. Viajar nos  cambia. Nos cambian los seres humanos con los que nos vamos cruzando, hasta tal punto que hacen de cada uno de nosotros “otro”.

Lo que no me gusta es esa idea de romper, al final de la película, la cuarta pared y mostrarnos parte del rodaje y del casting. Eso sobra. Y a la hora de definir a algunos de los personajes: quedan borrosos. Por lo demás, esta película es una emotiva carta de amor a la música y a los viajes, y un homenaje a aquellos que se mantienen fieles a sus sueños. Pero la película debería de haber escuchado a su personaje más tierno y sentimental, dado que la cinta empieza y termina en Argentina. Y se debería de haber concretado ahí, que es donde nace y empieza todo, y también en el lugar donde acaba.

La película fue marginada en los premios Goya, los Feroz y en otros reconocimientos.

La obra sigue a la promesa aragonesa del rock Mauricio Aznar, líder del grupo noventero Más Birras. El filme da comienzo con una sala abarrotada de fieles que corea su nombre. El protagonista sigue las huellas de Atahualpa Yupanqui que le llevan hasta Santiago del Estero, donde lo acoge la familia Carabajal. Continuamente el director va mezclando ficción y realidad, donde el Pepe Lorente, el actor zaragozano, da la talla, para componer con todo ello una experiencia sonora maravillosa en la que a menudo, sobre todo cuando están cantando, se cuela la magia de lo real.

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Una historia para esos genios sin estrella, sin suerte, que no encuentran lugar en este mundo y a los que les cuesta descubrir  cuál es su sitio o encontrar su camino. Se dejan llevar por el amor y por la música. Pero a veces sólo aparece el polvo, o la nada, cuando no el silencio. Y cuesta seguir en la lucha,  seguir intentándolo, y mostrar en la pantalla toda esa energía, conectar con el público, transitando entre la comedia, el melodrama o el musical.

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El filme, como toda obra, es un proceso. Como dice Javie Macipe, su director “han tenido que pasar dieciocho años hasta llegar aquí desde que me diese la idea la madre de Mauricio para hacer la película y, desde entonces, otros diez hasta llegar a empezar a trabajar en ella”.

En la película hay una riqueza musical inabarcable: desde Atahualpa a Mercedes Sosa, pasando por los Carabajal, el dúo Coplanacu, Los Manseros Santiagueños…  Hay más de doscientas cintas de todas las que llegó a escuchar Mauricio. Para llegar a sintonizar con ese papel, sólo hacía falta cerrar los ojos, concentrarse y sentir al personaje. Llega un momento en el que, más que interpretar a un músico, lo que sucede es que Pepe Lorente se convierte realmente en un músico. Eso es lo que importa.

Es una película coral, que trenza muchas vidas, muchos caminos, pero no es un biopic sobre una figura del rock.

'La estrella azul'. A veces no se necesita más que una guitarra para conmover a la...