MUJERES DE PELÍCULA | EDMUNDO FAYANÁS

Catalina de Aragón, la reina

Catalina tenía un gran parecido físico a su madre Isabel, rubia, de ojos azules claros, su piel era muy clara, no era alta y gruesa sin llegar a ser gorda. Era una mujer decidida y con grandes dotes intelectuales y morales...

Nace el 16 de diciembre de 1485 en el palacio arzobispal de Alcalá de Henares. Pertenece a la casa de Trastamará. Sus padres son Fernado II de Aragón e Isabel I de castilla, conocidos como los Reyes Católicos.

Fue la hija menor de los Reyes Católicos que tuvieron cinco hijos. Además era tataranieta del rey Eduardo III de Inglaterra y de la reina Isabel de York, situación ésta que sería empleada posteriormente en el divorcio.

Catalina tenía un gran parecido físico a su madre Isabel, rubia, de ojos azules claros, su piel era muy clara, no era alta y gruesa sin llegar a ser gorda. Era una mujer decidida y con grandes dotes intelectuales y morales. Recibió una esmerada educación, basada en los principios del catolicismo y aprendió también las lenguas romances de la península, además el flamenco, francés, inglés y latín.

Fue instruida en el estudio del arte, la danza y la música. Toda su educación estuvo dirigida por Aldanza de la Vega, que era hermana de Lorenzo Suárez de Figueroa, conde de Feria y uno de los más files nobles a los Reyes Católicos. Junto a Aldanza estuvieron los frailes Diego de Deza, que también educó al hermano de Catalina, Juan, y que le enseñó la parte humanística y Hernando de Talavera que la educó en el aspecto religioso. Ambos fueron muy importantes en la vida de Catalina.

Catalina pasó la mayor parte de su infancia en Granada, debido a que sus padres dirigían la guerra contra el último reducto musulmán de la península, los nazaríes de Granada. Así vió el fin de la Reconquista. Al principio vivió en Santa Fe, que era el campamento desde el que se dirigía  el cerco de Granada, para posteriormente pasar unos años en la Alhambra granadina.

Los Reyes Católicos desarrollaron una intensa política exterior, en base a casamientos de sus hijos, con diversas monarquías europeas. Su objetivo era aislar a Francia, que era el gran enemigo de los monarcas españoles. Sus hijos Juan y Juana fueron casados con miembros delos Habsburgos e Isabel y María con los monarcas portugueses. Sirva como ejemplo como su hermana Isabel fue casada primero con Miguel de Portugal, pero al fallecer éste, la volvieron a casar con Manuel I, tío de su anterior marido y nuevo monarca portugués.

A partir de 1501, se empezó a negociar el matrimonio entre Catalina y el príncipe de Gales, Arturo, futuro heredero al trono de Inglaterra. Se firmó el Tratado de Medina del Campo por el que se acordaba dicho matrimonio.  Las cláusulas de dicho matrimonio fueron fruto de un fuerte debate antes de firmarse. Se acordó una elevada cantidad de dote por parte de las dos monarquías y una serie de disposiciones territoriales a favor de Catalina, pero se debía asumir por parte de los Reyes Católicos que nunca se produciría una unión política entre España e Inglaterra. Por la cual los Reyes Católicos renunciaban a los derechos de sucesión, excepto que el matrimonio  tuviera descendientes. El parlamento inglés se reservaba el derecho de veto para así preservar la integridad territorial inglesa.

Teniendo quince años, Catalina rodeada de un extenso séquito de donceles y damas de la Corte embarca en el puerto de La Coruña el 17 de agosto de 1501, pero en la travesía hubo problemas con los barcos y tuvo que regresar al puerto cántabro de Laredo. Al final consigue llegar al puerto inglés de Plymouth, donde es recibida por el emisario del Príncipe Arturo, el obispo Bath.

Thomas Moro el autor del conocido libro “Utopía”, se solía burlar de los españoles pero quedó impresionado por Catalina “Ah, pero la dama. Creed en mi palabra, encantó el corazón de todos…. Posee todas las cualidades que constituyen la belleza de una jovencita encantadora. En todas partes recibe las mayores alabanzas….”.

El catorce de noviembre se produce el matrimonio en la catedral de San Pablo en Londres. A los pocos meses de su matrimonio, una peste que asolaba la región que visitaban, atacó a ambos cónyuges. Catalina, fuerte y sana, se sobrepuso a la enfermedad, pero el enfermizo Arturo no sobrevivió. Catalina con dieciséis años se quedó viuda.

Esta muerte pone en cuestión los intereses de ambas coronas. Para la corona española supone la pérdida de una dote muy importante y para la monarquía inglesa la pérdida de un fiel y poderoso aliado.

Todo esto hizo que se negociara un nuevo matrimonio para Catalina. Se pensó en casarla con el propio Enrique VII, que se había quedado viudo recientemente, pero que se consideraba ya muy mayor, por lo que se pensó en el siguiente varón de la línea sucesoria, que era el príncipe Enrique, hermano de Arturo y que entonces tenía once años. El destino del príncipe Enrique era ser arzobispo de Canterbury.

La princesa Catalina testificó que debido a la juventud y carácter enfermizo del príncipe Arturo, el matrimonio no se había consumado, hecho que fue certificado con una dispensa del Papa Julio II, para que el matrimonio del príncipe Enrique con Catalina pudiese celebrarse.

Dicho matrimonio fue anunciado mediante la celebración de esponsales al año siguiente de la muerte del príncipe Arturo. En 1509 muere Enrique VII. Inmediatamente su hijo asume el reinado con el nombre de Enrique VIII continuando así la dinastía de los Tudor.

El 11 de junio de 1509 se casaron oficialmente en la capilla Grey Fiars, siendo coronada Catalina reina el 24 de junio del mismo año, teniendo entonces veintitrés años, mientras que Enrique VII tenía dieciocho.

El matrimonio entre Enrique y Catalina pudo realizarse previa dispensa por parte del Papa Julio II, del parentesco que unía a los dos cónyuges. Los reyes vivían de forma habitual en el castillo de Windsor, pero prácticamente no se veían. Entre ellos se llevaban bien, pero cada uno iba por su lado. Eran dos personas muy diferentes, mientras que Enrique VIII era amante de las mujeres, de la caza y de fiestas ostentosas, no siendo un rey muy apreciado por sus súbditos, Catalina tenía una ferviente espiritualidad religiosa, unidas a fuertes convicciones éticas, además se dedicaba a ayudar a las clases pobres, que hizo de Catalina una reina muy apreciada por los ingleses.

Este matrimonio tuvo los siguientes hijos.

1510, tuvieron un hijo que murió tras el parto.

1511, Enrique, príncipe de Gales y Duque de Cornualles, que falleció a los 52 días de su nacimiento

1513, tuvo un aborto.

1514, tuvo a Enrique, que también murió al mes de nacer.

1516, nace María que sería Reina de Inglaterra.

1518, tuvo un aborto.

A pesar de llevar dieciocho años casados, Catalina no había sido capaz de darle un hijo, aspecto éste fundamental para Enrique VIII, puesto que la dinastía Tudor era nueva, y su legitimidad estaba todavía puesta en cuestión. De ahí que el nacimiento de un varón se hacía imprescindible para el rey.

Retrato de Enrique VIIIEn el año 1513, Enrique VIII se desplazó a Francia con la finalidad de ganar adeptos ante un posible ataque a Francia, tradicional enemigo de Inglaterra. Catalina quedó en ausencia del rey como regente, ocasión que aprovechó para recorrer el país y hacer que la dinastía de los Tudor fuera amada por el pueblo.

A inicios de 1520, visitó Inglaterra, Carlos V emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de España, que era sobrino de Catalina. Posteriormente, Enrique VIII a mediados de 1520 visitó nuevamente Francia, siendo recibido por Francisco I.

Ya en 1522 asistimos a una nueva visita de Carlos V a Inglaterra con la finalidad entre otras de buscar matrimonio a la princesa María, hija de Enrique VIII y Catalina.   Posteriormente, Enrique VIII a mediados de 1520 visitó nuevamente Francia, siendo recibido por el rey francés Francisco I. En 1522, nuevamente visitó al emperador Carlos V con la finalidad de buscar matrimonio a la princesa María, hija de Enrique VIII y Catalina.

La situación de Catalina se complica porque Enrique VIII no ve posibilidades de que Catalina le dé un nuevo hijo. Cada vez el rey se alejaba más de la reina y buscaba otras mujeres. Catalina ya era consciente en 1520 de su situación e informaba continuamente al rey Carlos V de los deseos de Enrique VIII de divorciarse, le pedía que intermediase ante Enrique VIII y el Papa.

El cardenal WorsleyFue en el año 1527, cuando Enrique VIII solicitó la anulación de su matrimonio al Papa Clemente VII, con el pretexto de que su matrimonio era ilegitimo por haber sido Catalina su cuñada. Para entonces ya había aparecido Ana Bolena a la que conoció en 1522. Se obsesionó por su belleza y juventud, siendo una cortesana de noble linaje, pelirroja y de ojos claros hizo que Enrique VIII se enamorara de ella.

Catalina aguantó bien la situación, debido al gran apoyo popular con el que contaba la reina y la protección que le daba el arzobispo de York, Thomas Worsley, ferviente católico. Sin embargo Worsley muere y muchos nobles se pusieron en contra de la reina, apoyando al rey en su objetivo de conseguir el divorcio. Es de destacar el apoyo que supuso la actuación de los Cahpuys, legado español en la corte inglesa.

El Papa Clemente presentaba una posición dubitativa ante la separación, pero la negativa de Catalina ante cualquier solución y las presiones de Carlos V, que no estaba dispuesto a poner en cuestión sus pactos, defendiendo a su tía y presionando al Papa para que no le diera la nulidad.

Enrique VIII alegó que la dispensa obtenida para su unión con Catalina era inválida. Argumenta “ni un Papa puede conceder dispensas contrarias a las disposiciones expresas en las Sagradas Escrituras” basándose en el principio religioso que establecía “no debes descubrir la desnudez de la mujer de tu hermano”.

Fue el 29 de mayo de 1529, cuando el tribunal eclesiástico estudiaba la nulidad matrimonial, dicho tribunal estaba presidido por el propio Enrique VIII. Entre los miembros del tribunal eclesiástico se encontraban entre otros Thomas Cromwell, que había sido colaborador del arzobispo Worsley, pero que se había pasado a las filas del rey. También estaban Thomas Cranmer fiel servidor del rey y por sus servicios prestado sería posteriormente nombrado arzobispo de Canterbury, a ellos hay que unir a la gran figura inglesa del momento Thomas Moro, que apoyó en todo momento a Catalina, enfrentándose al rey, lo que posteriormente le costaría la vida. Cabe destacar también la presencia del cardenal Campeggio, que era el supervisor papal del proceso.

Retrato de los Reyes Católicos

Catalina fue llamada al tribunal, acudiendo al mismo, aprovechando la ocasión para rebatir todos los argumentos. Una vez acabada su intervención se retiró inmediatamente del tribunal, pidiéndosele que permaneciera en él, a lo que respondió “este tribunal no es imparcial conmigo. No me demoraré aquí”, siguiendo su camino con la cabeza alta y sin mirar atrás. En dicha comparecencia le rogaron y amenazaron para que aceptara, ella respondió “ni por mi hija ni mis posesiones materiales, ni por ninguna adversidad o disgusto cederé”.

Enrique VIII ante la situación creada rompió con el Papado y se hizo nombrar jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra. En 1533 se casó con Ana Bolena, a la que el pueblo la denominaba la puta del rey. Ana Bolena odiaba a la princesa María, llegando a decir que haría de ella una criada de su casa o que la casaría con un sirviente.

También demostraba su animadversión hacia Catalina a la que deseaba ver muerta y a quien culpaba que la mayoría de los países europeos no reconocieran su boda con Enrique VIII.

Catalina fue confinada sucesivamente en Ampthill, en Buckden y por fin en el castillo de Kimbolton, en el condado de Cambridgesthire desde abril de 1534. Parece ser que padecía un cáncer de pulmón, aunque tuvo amplias temporadas que padecía una fuerte depresión. Murió a la edad de cincuenta años.

El 7 de enero de 1536, antes de morir en su destierro del castillo de Kimbolton, Catalina escribió una última carta dirigida a su esposo.  En ella lo perdonaba y le solicitaba que cuidara de su hija María, terminando con estas palabras su carta “Finalmente, hago este juramento: que mis ojos os desean por encima de todas las cosas. Adiós”.

Los tres años escasos de divorcio de Catalina hasta su muerte fue un periodo marcado por el hundimiento y la penuria. Se resistió con voluntad firme a dejar de usar el título de reina de Inglaterra, y lo llevó hasta su muerte con el objeto de cuidar el destino de su hija y heredera María Tudor, a quien nunca más volvió a ver a pesar de las súplicas que le dirigió al rey.

Ana Bolena murió decapitada cuatro meses después. Enrique VIII se casó cuatro veces pero siguieron sin darle la descendencia que tanto necesitaba.

Catalina descansa en la catedral normanda de Peterborough. En la losa de su tumba aparecen sus emblemas: granadas (por la fruta, símbolo de fertilidad, y por la ciudad española del mismo nombre) y las banderas que le acreditaban como Infanta de Castilla y Aragón.