RELATOS

Camino del trabajo un día de huelga

Este escrito es un relato real y no de ficción.

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“Era un día que había amanecido con un cielo enmohecido y sobre el pueblo descendía una baba húmeda que pringaba el aire. Muchas mañanas desde que había como emigrante llegado a trabajar en aquella empresa eran semejantes, por la humedad que recorría al pueblo, debido a la enigmática belleza de su playa bañada por el mar.

Había salido temprano de la casa donde tenía una habitación realquilada. Eran las 5,30, su turno comenzaba a las 6. Cuando caminaba hacia la empresa pensaba que su nuevo pueblo, que lo había acogido, también tenía alma propia y que su corazón palpitaba en una exacta armonía, entre los sentimientos que sentía por su pueblo de origen y el pueblo donde ahora habitaba por motivos laborales.

Junto a él, otros trabajadores caminaban apresurados huyendo del malhumor del cielo. De todas las esquinas brotaban trabajadores que como él, caminaban como un tropel de seres que corrieran y entre la niebla arrojando de sus bocas nubecillas de vaho. Debía, debían llegar a tiempo al trabajo. Los miró y se encontró más animado que al principio de cuando comenzó a caminar. Por alguna razón que no trataba de analizar, porque pensaba que analizar en exceso nos lleva con frecuencia a la indiferencia. Dirigió sus pensamientos y su mirada a una pancarta que había en la puerta junto a la entrada: “compañeros en huelga por un salario digno”.

El cielo no se abría, continuaba cubierto por un fino pellejo de húmeda opaca. A medida que se acercaba a la puerta habían compañeros que repartían cuartillas con las proclamas reivindicativas. Cogió uno, estaba leyéndolo cuando la cólera del cielo se desató y pareció que las nubes estallaran de pronto y soltaran sobre la tierra embarrada, las calles no estaban arregladas todavía pese a las promesas del ayuntamiento recientes, el contenido de gigantescos baldes de agua. Los trabajadores, unos corrieron hacia adentro, otros buscaron cobijo bajo unos frondosos árboles que había delante de ellos y que se encontraban junto a una noble arquitectura de un gran edificio.

Al cabo de diez minutos cesó de llover, pero las nubes turbias continuaban ancladas en lo alto, bajo el cielo acerado. Se acercó a la cola de entrada, todavía llevaba el papel que le habían dado y observó como sus compañeros, unos lo leían también, otros lo rompían, otros se lo guardaban lanzando improperios. Mientras llegaba a la puerta una vaporada de aire húmedo acarició su rostro como si más allá se tendiera un inmenso mar invisible. Pensó en su pueblo, pensó en el pueblo que lo había acogido, pensó en su trabajo. Miró a sus compañeros y decidió que cuando acabara su turno se uniría a la huelga pues como decía la pancarta su trabajo merecía un salario digno, por él y por el pueblo que lo había acogido”.


Este escrito es un relato real y no de ficción. Un relato de uno de los miles de trabajadores que participó en la última huelga general de la empresa Altos Hornos del Mediterráneo, que fue desmantelada en el año 1984 y que actualmente hoy, con menos trabajadores se ha convertido en otra empresa: Acerlor Mital, con capital extranjero y con muchísimos menos trabajadores. Es el relato al fin de la lucha de un pueblo por su supervivencia.

Asimismo, me gustaría que este relato fuese un homenaje a los millones de trabajadores de todo el mundo que luchan y siguen luchando para mantener, no solo su trabajo sino también para mejorar sus condiciones laborales, tanto en su seguridad, como en su salario, frente a la especulación económica del empresariado que antepone sus beneficios particulares antes la calidad laboral, la seguridad y el bienestar de los trabajadores que son los verdaderos protagonistas de que la fabrica funcione.