lunes 27/9/21

Calma. Sobre Fernando Beltrán

Fernando Beltrán

 

En este tiempo extraño, donde la palabra poética ha tenido que cubrir la ausencia de la cercanía física, la ciudad de Leganés homenajeó al poeta y nombrador Fernando Beltrán, un año en el que ha salido de la urbe hacia el espacio abierto de la cura, un hecho poético que hace girar su voz al porqué algunas cosas son importantes, tras atravesar las tinieblas, ese lugar donde el amado te rodea con la violencia de la memoria donada al presente. Ahora anhela el cambio, eso se lee en La curación del mundo. Valga este homenaje como aliento a un decir que renace de las propias cenizas de la pandemia y va hacia el qué guardado en la experiencia del agua, de los charcos y la lluvia, de lo que nos trajo hasta aquí y nos permitirá irnos sin el peso de no haber vivido…

Cualquiera, quien quiera, puede acceder a la información, descubrir en un instante los hitos de una biografía pública, hacerse una idea, y después seguir con una firme voluntad de olvido. Buscar cuándo y dónde nació, a qué dedicó su tiempo, cómo le favoreció o limitó el azar, o si lo que emerge de su experiencia merece detenernos, leerlo, sumarlo al bagaje de la propia vida… y dejarlo ir hacia el desaparecer de sí, porque ya en nosotros perdura.O pasar de largo, como si nos alejásemos de la serpiente dormida…

Podemos decir de él que es un creador de signos, un semiólogo de lo concreto, un nombrador, por ser poeta, dijo una de sus hijas; está en la historia del Adonáis y fue uno de los precursores del Sensismo[1]; fundador de El nombre de las cosas y profesor del Instituto Europeo de Diseño, creador del Aula de las Metáforas, biblioteca poética ubicada en la Casa de la Cultura de Grado, en su tierra natal: Asturias; director de la revista de poesía El hombre de la calle, una aproximación de la cordialidad y el disenso a la subversión de toda poética, que son tal por hacer que el lenguaje golpee el lenguaje mismo o la realidad que lleva en su seno. Traducido y premiado.

Dice Fernando Beltrán:

«… empecé a sentir el estupor de la despedida. Pero a la vez una extraña calma, y el agradecimiento a la vida por haber tenido la suerte de amar tanto y haber sido tan amado».

«… y que todo tiene sentido cuando todo se pierde. ¡Qué calma!».[2]

Él sabe que la poesía es la curación del mundo…

«Nunca

la luz del día

tanta luz».[3]

Enhebra su escritura como lo hacen los panaderos (Ángel González), con la boca, probando la vida…, y seguir probándola por indicios: el ajetreo del hospital en la pandemia, los ruidos de la noche en la ciudad de Madrid, la memoria silenciosa de las calles de Oviedo y el amor en ellas…, nombrar es catar el pensar de lo impensado, porque toda experiencia personal es un trasunto de la alteridad a la que se dirige, porque todo es voluntad de potencia por y como amor.

En la jerarquía de los ángeles, custodios del nombrar, de repente entró el tacto, nunca tanta luz atravesó la materia oscura del miedo. De esta unción entre nombrar y tocar emerge en Fernando Beltrán la voluntad de materializar la metáfora de celebrar la vida, como un epicúreo más entre los jardines de los otros; es la voluntad de verdad en un sentido extramoral[4]lo que parece perfilar sus versos, un instinto de conservación de la vida, la volición de luchar contra el daño…: la voz se hizo mirlo deshilachado y oscuro con un vívido pico naranja. Y es ahí donde todo lo que de contemporáneo hay en el nombrar se rehízo sobre los trazos biográficos de una historia que pertenece, óntica e íntimamente, a las pérdidas poetizadas (ya tanta ausencia es en Fernando Beltrán sinónimo de deseo, sublimación, elisión, duelo de realidades y cosas sin nombre).

«Con el paso de los años he llegado a comprobar que el nombre está siempre aguardando dentro de lo que hay que nombrar».[5]

Es su raíz aristotélica del decir: lo que es quiere ser nombrado, lo que no es existe al ser nombrado; y su ser socrático, al hacer advenir al aire (Valente) el pensar de un interrogante, determina quetodo sale de dentro, sobremanera la cura del alma, alma, esta palabra hermosa para decir lo que no es, que no es sino el cuerpo en el trance o dilema de quedarse sin historia, de ser parte de la de otros, que no es la propia, porque la biografía es intransferible, única, y solo aspira a ser trasmutada en otra vida: ser, existir, para fundirse en otro torrente, no hay forma más hermosa para el olvido.

Y así entiende la poesía, como un decir del decir para que otros nombren lo que el poeta señala en la rialidad[6] machadiana; la poesía hace visible lo evidente, lo saca de esa oscuridad desnominada donde la experiencia de lo que somos se pierde en eufemismos vergonzantes y negadores, conjura de necios o cónclave de delirantes, necios delirantes, que no saben de isegoría ni parresía. Fernando Beltrán es un poeta democrático[7], una suerte de mistura entre los epinicios griegos y lo narrativo casi distópico del presente, para nombrar el decir de la epojé[8] que pare signos de amor y tiempo, esa forma particular de elidir el dolor de la rendición, desde la entrama, primer escalón, hasta el último de los faldos, últimos escalones… como en Fin de partida de Samuel Becket aparece una escalera para mirar al mundo, y un catalejo para describir el gris…: hay un lámpago, el primer rayo de una tormenta, que es una epifanía, en cada nombre, luego solo queda la repetición y su sabor en la boca y en la memoria, lugar donde se produce la revelación, esa sensación entrometida en favor del bien común del oficio de nombrador, un ciudadano poeta que nombra contra aquellos que desnortan la naturaleza limpia de lo que busca su nombre, porque él principia la existencia por todos los naufragios que uno siente en los dedos.[9]Somos estacas de amarre:

«donde habitan las lluvias / más sagradas / y amanecen los lobos / con un diente de leche, / como un buque de guerra / amarrado al amor, /       tierra tan breve»[10]

y lo somos como un preludio de todas las preguntas que no caben entre las que se hace el poeta, si es que nombrar es preguntar y no el lado imposible donde habitan quienes inventan las cosas con los utensilios de un apero ético, quienes escriviven con la fortuna de serse Aquiles en el gineceo[11], y no Homero, porque un poeta cuenta lo que no ha existido aún, lo que

«nunca está ya… del todo»[12]

Así es la naturaleza íntima de los libros, son póstumos, rara vez actuales, siempre contemporáneos de quienes los leen, y así nacen los poetas, tiempo después…

«Para la vida mis nombres uno a uno»[13]

Unas últimas palabras sobre las últimas páginas publicadas…

«Puedes bajar al mundo de los viajes

pero entonces

te sobrarán raíles y habrá líneas

paralelas al hombre»[14]

acerca de La curación del mundo, quizá un corolario a la nueva sentimentalidad, o era simplemente otra[15]entre todas las que suceden, como olas batiendo la misma orilla del mundo con el sensir[16]de una tarea atávica, honda. Las voces son olas. Y la insistencia de las olas una representación de la lucha contra toda enfermedad que los ángeles subterráneos[17], como resistentes [18], mantienen. La curación es una lucha por regresar a la naturaleza, aunque ya sabemos que no hay regreso posible, ni naturaleza que no sea mundo de la vida[19], así, es el mundo quien cura haciéndote mundo, mundo de la vida, naturaleza, y así es o se realiza la negatividad del ser: ser desde donde no eres, que es como abrazar un campo de trigo por la vida ya poseída cuando me miro en mí

Pájaros dentro de la lluvia, son las hijas que hacen padre, y nace un batir de alas de colibrí, son los latidos de la luz del día dentro del corazón, fuerza de agua para la sed del ciclista que pedalea sobre los raíles del tren…

Danzan y fluyen los amantes, es la fluidez del amar quien danza, el amor fluye hacia el danzar… todo sigue su causa, que es como estar detenido mirando atrás, ya no es seguir sino ir, simplemente, hacia donde poco importa… fluyen y danzan los amados, los que aman a los que aman, y comprendes que el frío no es la piedra… Emergen, solas entre las cosas, imágenes de su generación, de poetas de su tiempo: hay algo que urge en lo profundo y que ha sostenido el sentir de las cosas, el sentir las cosas, la sentimentalidad de los amores que fueron reales, más aún, materiales, en el ileso barranco de los pájaros

Pero todo, ese todo jerarquizado por tanta luz, no es posible, no existe la cosa todo, el objeto todo; por ello decir todo es decir vacío, y el vacío se gana cuando ya nada es tuyo, pero aún es contigo, así se tiene lo perdido y las ausencias, al insomne sin silencio lleno de sed no expresada…

«agota escuchar la noche entera»[20]

Y ese todo sigue, algo no se detiene: fluir, danzar, amar, en el vértigo de una trompeta en la ciudad de Burdeos, porque existen los lugares, no tú excavado cruelmente, convertido en hueco que espera la lluvia para ser charco, o el lugar donde depositar un tesoro de charcos para una vida entera.

«Solo soy lo que doy. Y hoy es contigo.

Tiempo dado que sangra hasta que cura».[21]

En la mañana del día 12 de mayo de dos mil veintiuno, después de un año limitados por la pandemia, el homenaje del Ayuntamiento de Leganés y sus centros educativos a Fernando Beltrán podrá cerrarse en su acto final (con todas las medidas pertinentes), y quizá sea otro signo más para la esperanza…

Madrid, marzo de 2021

 

[1] “Un vitalismo que descubre que la felicidad, la tristeza y la metáfora viajan sentadas a menudo en ese autobús al que nunca habíamos prestado demasiada atención. No es sólo el aquí y ahora, es asimismo la presunción de que existe un momento siguiente en el que todo es posible. Exaltación de lo inmediato en tiempo y espacio; recordatorio de que el hombre gasta excesivas energías -toda una vida, a veces- en hacer realidad sus ilusiones, olvidando algo tan difícil, pero mucho más al alcance, como es tratar de hacer ilusión las realidades.”

Perdimos la palabra, Fernando Beltrán. El País. Manifiesto poético, 7 de febrero de 1987.

Aunque él ya sabe que “lo que me ha demostrado el paso del tiempo es que es la vida la que dicta las poéticas de cada momento” (entrevista por Charo Rueda para Archiletras, 27 de octubre de 2020).

[2]Entrevista por Marcos Gutiérrez. La voz de Asturias.  Asturias, 25 de diciembre de 2020.

[3] “- ¿Cómo surge la idea de crear «La curación del mundo»?

- Surge porque de pronto aparece una luz en las persianas del hospital, tras la noche más infernal de la que pensé no saldría jamás vivo, y uno escribe mentalmente en su cabeza tres versos: Nunca / la luz del día / tanta luz. Versos celebratorios que luego resultaron ser los primeros de una serie, pero sin voluntad de libro. Eso viene luego, meses después. Como la voluntad de compartirlos.”

Entrevista por Marcos Gutiérrez. La voz de Asturias.  Asturias, 25 de diciembre de 2020.

[4] Nietzsche. El origen del lenguaje y de la verdad que acarrea está en la imaginación, no en la lógica, y es en ella donde la metaforización hace arte, construye mitos, respuestas sociales, que portan luz o una inevitable voluntad de ilusión:

“¿Qué es entonces la verdad? Unejércitomóvildemetáforas,metonimias,antropomorfismos,en   resumidascuentas,una suma de relaciones humanas quehansido realzadas, extrapoladas,adornadaspoética y retóricamente y que, después de unprolongado uso, a un pueblo le parecen fijas,canónicas,   obligatorias:las verdadessonilusiones delas quesehaolvidadoqueloson, metáforas que se han vuelto  gastadasysinfuerzasensible,monedas que hanperdidosutroqueladoynosonahoraconsideradas   como monedas,sinocomometal.”

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

[5]Por Jesús García Calero. ABC cultura. Madrid, 16 de enero de 2019.

[6] Santiago Pérez Gago. Razón “sueño” y realidad en Antonio Machado.

[7]Hacia una poesía entrometida -Manifiesto fugaz-, manifiesto poético. Revista Leer, 1989. El hombre de la calle se entromete en una vida política, la poesía se hace contrapeso del conflicto social, y ya sabemos que ahí los testigos se hacen incómodos, delatores del dolor.

[8] Esa especie griega, escéptica, de suspensión del juicio que nos permita mirar la realidad sin los prejuicios adheridos al decir.

[9]La semana fantástica: “Ataque al corazón”.

[10]La semana fantástica: “Residencia en la tierra”.

[11] Carlos Gomá.

[12] La vida en ello: “La mirada crecida”.

[13]Hotel vivir: “Instrucciones para el día después”.

[14]Aquelarre en Madrid: “Palabras (I)”. 1980.

[15]La otra sentimentalidad. Luís García Montero. El País, 8 de enero de 1983.

[16]Sens: sustantivo del francés: sentido. Ir: verbo intransitivo. El movimiento del sentido: Sensismo: el sentido recae sobre el sentir directo de lo humano, de la vida humana, sobre las cosas que consideramos importantes en una poética de una época determinada, quizá ya siempre en el flujo de lo intempestivo, en el Vitalismo nietzscheano, bajo los auspicios psicológicos del Eterno retorno. El sentido no puede recaer sobre la subjetividad del poeta, no de facto, sino sobre sí mismo, como si la cosa fuese el mismo sentido.

[17]La vida en ello: prosas a pie de poema, Fernando Beltrán. Edición de Leopoldo Sánchez Torre. Ediciones Universidad de Valladolid, 2017. Algo así como el Panero que todos reconocen en sí, sin un para sí cierto o real, algo así como la vindicación del relato inconsciente del que todos emergen.

[18]La estética de la resistencia, Peter Weiss.

[19]Ideas Relativas a una Fenomenología Pura y una Filosofía Fenomenológica, Edmund Husserl.

[20]La curación del mundo: “La jerarquía del ángel”.

[21]Hotel vivir: “Ahora”.

Calma. Sobre Fernando Beltrán