Los buenos y los malos: la izquierda contra Darth Vader

Una lectura de La superioridad moral de la izquierda, de Ignacio Sánchez-Cuenca.

superioridad moral izquierdaLlevo años sosteniendo, a veces en público, que eso de la superioridad moral de la izquierda es una memez. Por eso decidí leer este libro, La superioridad moral de la izquierda, de Ignacio Sánchez-Cuenca, prologado por el dirigente de Podemos Íñigo Errejón.

“Defiendo que la izquierda abriga ideas que son moralmente superiores”.

Así de rotundamente comienza el autor su análisis, si bien se apresura a matizar que con eso no quiere decir que las personas de izquierda sean moralmente superiores a las de derecha.

Lo que he leído en La superioridad moral de la izquierda

En este ensayo editado muy recientemente por Lengua de Trapo y Ctxt, el cada vez más popular politólogo (lo de popular es un decir, sabiendo cuál es el percal de la lectura en este país de países) y cada vez más polémico y polemista (¿de qué me suena a mí esto?) declara proscrito el relativismo y considera que hay asuntos, vale que morales, sobre los cuales o se está a las duras… o se está a las maduras.

Fundamenta el autor todo su análisis en que la política y la ideología (en tanto que traslación de lo moral, “de los principios más elevados”, a la política) tienen “raíces morales”.

La izquierda buscaría “el perfeccionamiento moral”, es decir, trataría según el proceso argumentativo de Sánchez-Cuenca, de obtener “la realización de la justicia hasta sus últimas consecuencias”. Pretendería que todos los seres humanos desarrollaran sus capacidades, “se autorrealizasen” (autorrealizarse, ¡cuánto hacía que no leía el palabro¡) y vivieran en libertad mientras disfrutaran de todos los medios materiales y sociales necesarios. Tienes razón, Ignacio: “es una idea imbatible, se mire por donde se mire”.

Dicho así. Nada que objetar. Y no voy a ser yo quien objete nada a este desiderátum tan edénico. Sigo. Pero, antes, voy a dejar aquí lo que escribió un conservador, alguien de derecha, en el año 1962, para definir qué es ser un conservador (el conservador es el historiador británico Michael Oakeshott):

“[Es] preferir lo familiar a lo desconocido, lo contrastado a lo no probado, los hechos al misterio, lo real a lo posible, lo limitado a lo ilimitado, lo cercano a lo distante, lo suficiente a lo superabundante, lo conveniente a lo perfecto, la felicidad presente a la dicha utópica”.

Continúo pues con el libro de Sánchez-Cuenca, donde leo que mientras la izquierda busca superar los límites del orden, la derecha pretende preservar el orden o restablecerlo. Lo acabamos de ver en Oakeshott, lo que la derecha hace es conformarse con lo conveniente antes de sucumbir a la búsqueda de lo perfecto. El autor de La superioridad moral de la izquierda considera que la principal diferencia entre izquierda y derecha es la mayor sensibilidad de la primera frente a la injusticia social y el sufrimiento ajeno, ya que para la derecha “el orden y la autoridad son más importantes que la justicia social”.

Y es ahí donde el autor encuentra el equilibrio satisfactorio “entre motivos morales excelentes y un proyecto de cambio realista” que además sea compatible con la libertad y los derechos sociales y políticos de los individuos: la socialdemocracia. La misma corriente de la izquierda que lleva décadas en crisis ante el acoso impenitente del neoliberalismo y su manera de minar los valores comunitarios y primar al capital, al mercado, frente al trabajo. La misma corriente de la izquierda que ha permitido a la humanidad alcanzar sus más altas cotas de bienestar. La misma corriente de la izquierda que es capaz de tratar de tú a tú a la generalmente admitida superioridad intelectual de la derecha, a la generalmente admitida victoria de la eficiencia que defiende, ampara, promueve y explica el neoliberalismo frente a la alocada utopía igualitaria generadora de pobreza.

Visto así, desde la óptica de la socialdemocracia como referente moral invencible, si entendemos que sólo desde ese equilibrio tiene sentido establecer la certeza de la pretendida superioridad moral de la izquierda, estoy totalmente de acuerdo contigo, Ignacio.

No se hable más. Sólo un apunte postrero: he disfrutado leyendo esta fabulosa diatriba contra la insana actividad de las personas ideologizadas que pueblan el planeta con sus opiniones programadas. Y eso que Sánchez-Cuenca defiende el valor de las ideologías, basadas en lo moral según él, en el carácter, en el carácter moral, para ser más precisos. Por eso merece la pena leerle: porque con él discrepas desde el acuerdo. Porque concuerdas desde la diferencia. Porque piensas mientras piensas.

ignacio sanchez cuencaConcluyo

Eso de la “superioridad moral de la izquierda” NO es una memez. Aunque eso de la “superioridad moral de la izquierda” sigue siendo, en realidad, una expresión denigratoria empleada por quienes ven al izquierdista como “un petulante con aires altaneros”. ¿Y quienes le ven así? Las gentes de la derecha: los liberales y los conservadores y, estos los añado yo, los extremistas. Todos los extremistas. Yo me entiendo.

No obstante, dicho lo cual, discrepo de las intenciones de Sánchez-Cuenca cuando quiere convencerme de que equiparar fascismo y nazismo con comunismo no es posible, porque su explicación de por qué el comunismo de verdad, el que tuvo lugar (y aún sufren algunos seres humanos), ese que se llamó a sí mismo socialismo real, lo que esconde, llevado por su propia ideología basada en la superioridad moral, es una justificación de los crímenes que, tras aquilatar como pura maldad, él mismo acaba por disculpar.

“A pesar de su lado oscuro, el comunismo mantiene una capacidad casi ilimitada para seguir siendo una inspiración de las luchas por un mundo más justo”.

Yo a eso lo llamo no prestar ninguna atención a la Historia: así, todo junto, noprestarningunaatenciónalaHistoria.