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viernes. 07.10.2022

Bafana: un abrazo con música

JUAN SOTRES
Uno de los primeros gestos de unidad del país fue que Mandela se pusiera la camiseta del equipo nacional de rugby (véanse la película y novela Invictus). O cuando se enarboló la bandera arcoiris para reflejar la complejidad étnica y lingüística del país (once idiomas oficiales). Después del boxeo, el fútbol fue el primer deporte que rompió las barreras de color.
NUEVATRIBUNA.ES - 11.6.2010

Bafana (o "Chicos" en español), en una de las lenguas nguni, es el nombre del equipo de fútbol de Sudáfrica que, con 32 integrantes, entre el 11 de junio y el 11 de julio del 2010, participará en el torneo mundial de la FIFA. Habrá 64 partidos de fútbol con apertura y final en la Soccer City de Johannesburg. Que el fútbol se denomine soccer, como en USA, nos alerta de que las élites colonizadoras europeas potenciaron en el pasado sobre todo el rugby, como máximo referente deportivo blanco del país.

El fútbol era cosa sobre todo de negros, mestizos o indios, cada uno por su lado con sus propias federaciones. Eran consecuencias del apartheid, o desarrollo separado: el eufemismo afrikaaner que los boers de origen holandés acuñaron para disfrazar un régimen muy crudamente racista, en todas las esferas de la vida que incluían la deportiva. Allí en una ciudad satélite (Soweto-Johannesburg) en 1976 mataron a tiros a 566 niños que se manifestaban contra la obligación de aprender afrikaan, mientras les negaban el estudio de las matemáticas. ¿Quién introdujo el fútbol?...pues los soldados ingleses, en los ratos libres de sus luchas con los boers, zulúes, xhosa, etc….

En esas batallas, como vemos en la película Zulú (1964), también se cantaba al unísono. En ésta de 1879 en Rorke´s Drift, 4.000 zulúes sitiaron a 1.500 británicos. Cuando en las elecciones de abril de 1994, con la victoria del ANC con Mandela a la cabeza, desapareció el apartheid, uno de los primeros gestos de unidad del país fue que Mandela se pusiera la camiseta del equipo nacional de rugby (véanse la película y novela Invictus). O cuando se enarboló la bandera arcoiris para reflejar la complejidad étnica y lingüística del país (once idiomas oficiales). Después del boxeo, el fútbol fue el primer deporte que rompió las barreras de color.

Jomo Song, que había jugado al fútbol con Pelé en el Cosmos de Nueva York, compró el equipo blanco Highlands Park de Johannesburgo y fundó el actual equipo de primera división Jomo Cosmos. No ha sido el único caso de compras por jugadores negros que triunfaron en el extranjero. Hoy mismo varios jugadores destacados juegan en las ligas inglesas o en la israelí.

En el 2004 en Zurich ganó la posibilidad de organizar el Mundial, fundamentalmente contra Marruecos (que tuvo el voto de España). La mascota ZaKUMI es un leopardo de pelo verde con los colores de Sudáfrica verde y amarillo , que coinciden con los de sus últimos entrenadores brasileños. Hay un himno del torneo que será acompañado por el nacional de Nkosi Sikeleli Africa (Dios bendiga a África) compuesto por el maestro de Johannesburgo Enoch Sontonga en 1897, que anteriormente fue el himno del Congreso Nacional Africano de Mandela (ANC) y que después se transformó en el del país y a partir de 1990 de otros varios paises del centro y sur de África.



Películas como Grita Libertad, Adiós Bafana o Distrito 9 ayudan a entender toda esta historia, de la misma manera que Disgrace, basada en la obra del nobel Coetzee, muestra con toda crudeza las dificultades para remontar unas muy desiguales bases de partida en los terrenos económicos y culturales, una vez eliminado el apartheid en lo político. De hecho, hoy hay en Sudáfrica unas tasas de criminalidad 8 veces superiores a las norteamericanas, y más de un millón de blancos han abandonado el país, a pesar de una espectacular y exitosa salida política sin revanchismos raciales. Una política de discriminación positiva para los cargos empresariales y la eliminación creciente de chabolas han ido mejorando la realidad social. Sólo en Ciudad del Cabo, hay 400.000 personas viviendo entre latas y también existen unas espeluznantes cifras de enfermos de SIDA (5 millones).

El gobierno de Jacob Zuma, muy polémico, intenta dar satisfacción a las gravísimas desigualdades sociales, una vez conseguida con Mandela la cohesión política del país. Las juventudes del partido ANC presionan por los cambios ya que la expectativa de vida ha retrocedido y el paro registrado oficial nacional medio es del 28%.

En medio de todos esos posos, Sudáfrica es la gran esperanza africana por su potencial económico (oro, diamantes...), con más de 1/3 del PIB del mundo subsahariano, por su régimen no racista y como receptor de inmigrantes mozambiqueños y de Zimbabwe , aunque hayan sido atacados en sus chabolas por trabajar a bajos precios en las minas. Este evento es, por lo tanto, muy importante para Sudáfrica, como lo fueron los Juegos Olímpicos para China.

Todo ese arco iris de historia y de esperanzas estará sazonado por un gran bagaje musical. En 1676 el gobernador holandés tenía una orquesta de esclavos en Ciudad del Cabo. Desde 1800 los metodistas USA, en sus misiones con escuela, introdujeron los spirituals, coon songs, ragtime y cuartetos a capella, que serían la semilla de una portentosa capacidad de generar masas corales, con sus vestuarios y concursos. En 1890 el South African Native Choir hizo una gira de conciertos por Inglaterra y EEUU. Cuando se produjo en 1886 en Johannesburgo el descubrimiento del oro, ya en 1900 vivían allí 50.000 blancos y 100.000 mineros, evidentemente negros. Entre tanta gente se colaron 118 cantinas no segregadas en las que hacían música. Todavía hoy se puede ver la célebre danza minera de las botas de agua con las que además de bailar se trasladaban mensajes, con los golpes que hacían en el suelo o en las botas; porque no les dejaban hablar entre ellos.

En los años 1900, los pianomen divulgaron, sobre todo en Cape Town, el ragtime y el dixieland. El nuevo y magnífico campo de fútbol en Ciudad del Cabo es otro atractivo, junto a los cuadros naïf y la música en los muelles y plazas , con un cierto toque Nueva Orleans, sin perderse la subida en el teleférico al mirador desde el que divisa el choque de las olas de los dos océanos. En Johannesburgo hicieron una fusión de melodías Xhosa con ragtime. En las afueras de la histórica Soweto hay varios coros infantiles y juveniles magníficos. En 1920 cerraron las autoridades todos los “lugares negros”. A finales de los 20, sobretodo en las ciudades de Transvaal crearon un ritmo bailable llamado Marabi, que se considera como una reserva musical para el jazz sudafricano. En 1940 no se aceptaba por las autoridades el oficio de “músico“ para negros, a pesar de que cientos de grupos pululaban por todo tipo de garitos. En 1950, como un mbaqanga triunfal, saltó a la fama Patha, Patha ("toca, toca"), con Miriam Makeba, que tuvo que optar por el exilio durante años.



En los años 40-50, el pianista de jazz Dollar Brand (Abdullah Ibrahim más tarde) interpretaba mbaqanga y marabi. Una versión de mbaqanga fue el Kwela, que fusionaba el swing con melodías africanas en los años 40 y 50. En 1970 Jhonny Clegg (el “zulú blanco”), con sus grupos integrados racialmente Juluka y Savuka, tuvo un gran éxito con cantos y danzas zulúes. En 1988 en Lyon, Michael Jackson tuvo que suspender su actuación porque Clegg se llevó a toda la gente a su concierto en el mismo día. En 1970 tuvieron un gran éxito los Ladysmith Black Mambazo, más de diez años antes de que se editara Graceland de Paul Simon y realizaran una gira con él en 1986, cantando a capella en zulú, aunque eran boicoteados por sus emisoras. En 1987 ganaron un Grammy con su album Shaka Zulú.



La canción M´bube ("el León") fue versionada por Pete Seeger como "Wimoweh"; Disney perdió un juicio por usarla sin pagar derechos en la película El Rey León. El antropólogo y musicólogo John Blacking estudió la vida de los Venda, un pueblo del Norte de Sudáfrica de menos de un millón de habitantes, como un ejemplo de que en África el concepto música no se usa, ya que está inserta en la vida colectiva para los ritos, para las alegrías, las cosechas, los entierros, los juegos….y las guerras. Todos hacen música cantando, bailando y / o tocando instrumentos. Yehudi Menuhin hizo una grabación con un Koishan (“bosquimano” en nuestra terminología) del Kalahari que interpretaba una obra en su violín de una única cuerda, como muestra de ruptura con el etnocentrismo y respeto a un pueblo arrinconado fuera de los bosques, por las migraciones de los pueblos bantúes y que ha influído mucho en el idioma xhosa, como muestra con orgullo Miriam Makeba al emitir sus sonidos clicks característicos, desafiando al público a emitirlos.

En Sudáfrica el flujo de influencias musicales no viene y va a través del Atlántico solamente, sino también de la propia África. Fela Kuti (Nigeria), Angélique Kidjo (Benin), Dibango (Camerún), Ray Lema y Lokua Kanza (Congo), Yossou N´Dour (Senegal), cubanos, brasileños, etc…. garantizan una variedad de estilos importantes. No olvidemos que el Birimbao brasileño procede de pueblos hoy en Angola o Sudáfrica.

En Sudáfrica se produce una durísima experiencia de superación del racismo más espeluznante, con tasas de criminalidad, paro y marginación muy importantes, junto con importantes avances sociales y la eclosión cultural multicolor, como su nueva bandera y el potencial de ser la primera potencia africana con recursos que, a excepción del Congo, tiene un régimen políticamente estable, que se abre al mundo a través de uno de sus símbolos deportivos: el fútbol. Lo mismo que pretende Brasil con sus Olimpiadas y campeonato de la FIFA.

¡Bafana!.....¡Madiba Mandela!...... ¡Afrika, Afrika!

Juan Sotres - Músico

Bafana: un abrazo con música
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