viernes 7/8/20

Sobre el asesinato de Rodríguez Medel

Sobre el asesinato de Rodríguez Medel

Es un hecho que la prensa fascista no solo se basó en Dios y en que la guerra era una Cruzada para justificar sus crímenes, sino que, paradójicamente, utilizaría alucinantes versiones de los asesinatos perpetrados mayormente por los carlistas. ¿No bastaba con apelar a que eso era lo que Dios quería?

Sin duda, ninguna de estas versiones superaría en mentiras a la que ofreció Diario de Navarra del vil asesinato cometido en la persona del militar Rodríguez Medel.


La escribió Mario Ozcoidi Castan (Lumbier 1878- Pamplona 1968), tercer director de Diario de Navarra (1906-1912) a la edad de 28 años. El fascista R. García, Garcilaso, lo sustituyó en 1912. Ozcoidi escribió en Diario desde el primer número hasta su jubilación, en 1941.

En la primera página del periódico, el 19 de julio de 1936, se publicó en reducido recuadro la noticia de la muerte del Comandante de la Guardia Civil, con estas palabras: "A consecuencia de un accidente desgraciado ocurrido en el cuartel dejó de existir el comandante jefe de la Guardia Civil de Navarra don José Rodríguez Medel. Descanse en paz”.

Al año exacto, Ozcoidi recordó el asunto con un reportaje: “De la España marxista a la España Tradicional. Navarra, baluarte inexpugnable de fe y de patriotismo”. Paradójicamente, su versión cuestionaría que dicha muerte se debiera a un accidente.

Calificaba a Rodríguez Medel como “un hombre perverso” en uno de los reportajes más viles que se escribirían sobre este suceso (DN. 19.7.1937).

En primer lugar, se referiría al “dignísimo e integérrimo Teniente Coronel de la Guardia Civil, don Ignacio Gregorio Muga, hombre bueno, campechano, zaragozano de nacimiento y navarro de corazón, amigo de toda persona decente y honrado, íntegro en el cumplimiento de su deber, queridísimo en nuestra provincia”, quien fue destituido por el Gobierno y sustituido “por un hombre malo, perverso, sin entrañas y de corazón endurecido. Tenía que ser así para que fueran obedecidas ciegamente las sectarias y tiránicas instrucciones reservadas de Madrid para secundar fielmente los tenebrosos planes fraguados por las sectas secretas. De otro modo no podía tener explicación de ninguna clase la separación y traslado del señor Muga”. Pues, según Ozcoidi, el Gobierno encontró en Rodríguez Medel “la “condición necesaria para convertirse en vil siervo, en miserable instrumento de sus malvados planes”.

Para justificar que Rodríguez Medel, llegado a Pamplona el 4 de junio de 1936, era ese cúmulo de depravación, Ozcoidi reproducirá un diálogo entre Medel y un militar que nunca tuvo lugar:

“- Me han dicho que has venido a escachar a las derechas.
- Hombre…
- Pues vas a dar en hueso, porque somos muchos y muy duros.
- A lo que vengo es a republicanizar a la Guardia Civil, porque la de Navarra es toda de derechas.
- Además parece imposible que la Guardia Civil deje de mirar con simpatía a las derechas porque las derechas navarras la quieren, y además no la insultan grosera y procazmente como la insultan las izquierdas”.

Ozcoizi calificaría la futura labor de Rodríguez Medel como “demagógica e izquierdista”, “torpe e infame”, secundada por el comandante José Martínez Freira. Lo acusará de protagonizar hechos jamás ocurridos como “distribuir a su capricho izquierdista a un número de su misma filiación para que le sirviera de soplón e infiltrase el virus demagógico en sus compañeros”. Extraño que Ozcoidi no dijera su nombre tratándose de otro impresentable republicano.

Ozcoidi afirmará que R. Medel “arengaba a los guardias civiles, ignorando yo qué les decía”. Lo que no le impidió asegurar que “les presionaba para que se sumasen al Frente Popular”. Lógico, si R. Medel era fiel al Gobierno de la II República.

Añadía que “cuando Medel llegaba a un pueblo lo primero que hacía era visitar la casa del Pueblo antes que el cuartel de la Guardia Civil, preguntando si algún número era derechas para removerlo y trasladarlo dando así satisfacción a comunistas y socialistas”. No consta que tal hecho sucediera, ni siquiera lo denunciará Diario de Navarra que no se le escapaba una con tal de inculpar a los rojos. Sí consta que Eladio Esparza, subdirector del papel, nada más ser nombrado gobernador civil de Álava, lo primero que hizo fue destituir un alcalde por desafecto al golpe.

Acusará a Medel de instalar en Comandancia un teléfono y una estación de radio “para sus siniestros fines”, además de “acumular ametralladoras y municiones” para entregarlas a los marxistas del Frente Popular”. Más aviesa y artera será la acusación de que Medel “disponía de pasaporte para el extranjero” para a la mínima darse el piro.

Afirma que ordenó al capitán Domingo Auria la destrucción de las hélices de tres aparatos de aviación en Noain; que exigió a la comandancia de la Guardia Civil concentrarse en Pamplona con el fin de que “quedara desguarnecida la Ribera de donde habían de venir a Pamplona cinco mil marxistas”. ¿Cinco mil marxistas? Ni en los mejores sueños de Largo Caballero.

Menos mal que Auria, “instrumento providencial de que se sirvió Dios para salvar a Pamplona, a Navarra y a España”, se opuso a los planes de Medel. La descripción que haría Ozcoidi de esta manera de oponerse a Medel pasará a los anales de la suma desfachatez. Sostuvo que Medel había fraguado el asesinato de Mola. Que, ante la negativa de Mola a entrevistarse con el gobernador civil, Menor Poblador, a la tarde, Medel lo visitó en Capitanía General y que, tras no conseguir que el golpista desistiera, dice Ozcoidi que dijo Medel: “Esto se ha perdido. Lo que siento es que ese aún queda ahí”.

Pero si Medel hubiese querido asesinar Mola, le habría bastado con sacarlo de Capitanía y fusilarlo al momento, pero no lo hizo. Por el contrario, Mola fue el cerebro intelectual de la muerte de Medel.

La descripción de “la trágica escena” raya en la más cruda inmoralidad. El fragmento no tiene desperdicio: “Auria se dirigió al despacho de Medel preguntándole que a dónde se les (guardias) iba a conducir, respondiendo que a donde se les mandase, pues como subordinados tenían la obligación de seguirle (…) arengando que era necesario hacer un esfuerzo supremo para el Gobierno. Nadie replicó ni contestó. Medel dio un grito de ¡Viva la República!, contestado por un Viva España!”.

A continuación, dice Ozcoidi, que “Medel, fuera de sí, empuñó su revólver y lo disparó varias veces contra la fuerza (guardias civiles), hiriendo al guardia Burgui que se hallaba de centinela en la puerta inmediata da la cabecera de la formación. La fuerza repelió la agresión resultando muerto el citado Jefe”. Lo que de accidente no tuvo nada de nada y la muerte del soldado Burgui solo pudo suceder de ese modo en la mente. de su redactor.

El relato final culminaría como empezó. La fuerza de Comandancia se hizo con las municiones y “las maletas de Medel, Freira y Fresno, en una de las cuales fue ocupado el importe de los fondos de la Comandancia”. Encima, ladrones.

El Brigada Serapio Nuin se trasladó a Comandancia Militar dando cuenta de lo sucedido a Mola. Luego, lo hizo el capitán Auría. Por la noche, el gobernador civil, Menor Poblador, “resignaba gallardamente el mando civil de la provincia a Mola”.

Esta sería la versión oficial del crimen de Rodríguez Medel, desmentida una y otra vez por los historiadores y familiares del militar republicano, pero nunca por el periódico que la fabricó. Para variar.

Sobre el asesinato de Rodríguez Medel