domingo 12.07.2020
MEMORIA HISTÓRICA

El asesinato del Comandante de la Guardia Civil, José Rodríguez-Medel Briones, pamplona, 1936

El asesinato del Comandante de la Guardia Civil, José Rodríguez-Medel Briones, pamplona, 1936

Nace en Siruela provincia de Badajoz, el nueve de diciembre de 1888. Era hijo de militar. Estudia la carrera militar, saliendo con el grado de teniente. En la academia militar coincide con Emilio Mola.

Con veinte años llega a Pamplona como teniente de la guardia civil en el año 1908. En Pamplona conoció a la que sería su mujer y madre de sus siete hijos, la pamplonesa Lucía Carmona, con la que contraería matrimonio, el veintiuno de septiembre del año 1911 en la conocida iglesia pamplonesa de San Nicolás. Transcurrido el período que el régimen disciplinario militar de la época le obligaba permanecer soltero, se casó.

f14Permaneció poco tiempo en la capital Navarra y se traslada a Granada con su familia, abandonando el cuerpo de la Guardia Civil. Aprovecha su estancia en Granada para obtener el título de ingeniero mecánico, con la finalidad de conseguir mayores ingresos con los que atender a su familia numerosa. José Rodríguez Medel había sido alumno de la Institución Libre de Enseñanza.

Rodríguez Medel aprovecha para optar por acogerse a la situación de supernumerario sin sueldo, postura que le permitía mantener en el escalafón militar, para así dedicarse a un trabajo civil, que le proporcionara mayores ingresos para atender a su familia. Desde que deja la Guardia Civil y con su regreso a Granada, se dedica a dar clases de matemáticas que era su gran pasión.

Reingresa en el instituto armado como comandante en el año 1933, solicitando los destinos de Madrid y Pamplona. Le destinan a Madrid como ayudante de campo a las órdenes del general de brigada Federico Santiago, hasta que éste es ascendido, con lo que se queda sin puesto. Queda disponible en su destino y esperando órdenes del general Sebastián Pozas.

Los distintos sectores republicanos navarros se sentían amedrentados ante la exhibición de emblemas y la presencia de milicias armadas organizadas por el general Varela.

No era un secreto para nadie en Navarra la existencia de un ambiente patriótico religioso muy de extrema derecha desde el mismo surgimiento de la II República. Existía en Navarra un importante movimiento carlista, que desde el inicio republicano, venían conspirando con algunos jefes y oficiales destinado en la guarnición de Pamplona.

Era conocido como los Tenientes Coroneles Rada y Utrilla, se dedicaban a instruir militarmente a numerosos contingentes de requetés y otros oficiales, como los capitanes Vicario, Lastra, Barrera y Moscoso no cesan de conspirar con otros militares de Estella, Logroño, Burgos y San Sebastián.

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Unos días antes del triunfo electoral del Frente Popular, el ocho de febrero varios militares de distintas guarniciones militares cercanas planificaron una rebelión contra la II República. El general Varela se trasladó a Pamplona el catorce de febrero, dos días antes de las elecciones generales para dar nuevas instrucciones, para que se adquirieran armas y municiones. Además para dar órdenes precisas al movimiento carlista navarro para que estuvieran preparados.

Si como vemos, antes de las elecciones del dieciséis de febrero había conspiraciones de los militares, requetés, falangistas y carlistas, tras el triunfo del Frente Popular se intensifican. A ellos hay que añadirle el factor fundamental, la llegada del militar africanista, Emilio Mola, conocido como El Director.

f12Casares Quiroga informó al Consejo de Ministro de la constancia de una conspiración militar en Pamplona. El general Emilio Mola es trasladado a la plaza de Pamplona por el gobierno de Manuel Azaña como castigo, llegando a mediados de marzo de 1936. Es evidente el error del Gobierno republicano mandando a Mola a Pamplona.

Mola conspiraba para la sublevación militar con los falangistas y carlistas navarros, sin que los militares abandonasen nunca su función directiva. El general Mola no contemplaba la restauración de la Monarquía, sino el restablecer una República autoritaria de derechas, con vestigios liberales.

Junto con el nombramiento de Emilio Mola como gobernador militar de Pamplona, se decide la incorporación de ocho jefes a sus destinos, como el nombramiento de José Rodríguez-Medel al mando de la Comandancia de la Guardia Civil. 

LA GUARDIA CIVIL EN NAVARRA ANTES DE LA LLEGADA DE MEDEL

La comandancia de Pamplona estaba mandada por el Teniente Coronel Gregorio Muga.

El seis de marzo de 1936, Gregorio Muga había ordenado disparar contra una manifestación que protestaba ante el Diario de Navarra. Resultado de dichos disparos fallecieron dos personas por herida de bala y diez fueron heridas, de las cuales dos de ellas en estado gravísimo.

El Teniente Coronel, Gregorio Muga fue trasladado a la Comandancia de Soria y desde allí siguió conspirando contra el gobierno republicano, cuando se produce el levantamiento del dieciocho de julio colabora con los golpistas navarros.

EL GENERAL EMILIO MOLA “EL DIRECTOR”

Mola llega a Pamplona el catorce de marzo de 1936. El general Mola conocía a Medel de su etapa en la Academia de Infantería de Toledo, pues habían coincidido en sus estudios para oficial en la Academia de Infantería, en el año 1905.

El gobierno republicano era consciente de que el general Mola mantenía reuniones secretas con otros generales. También tenía presente que Mola podía hacer de la Comandancia militar de Pamplona su centro de operaciones para conspirar contra la República.

f11El general Mola no contemplaba la restauración de la Monarquía, sino el restablecer una República autoritaria de derechas con vestigios liberales. Mola había sido Director de Seguridad del Estado, hasta ser destituido y trasladado como jefe de la Comandancia de Pamplona.

Mola estaba en contacto continuamente con el general Sanjurjo. A través del director del Diario de Navarra, Garcilaso consigue entrevistarse con los carlistas Martínez Berasaín y Baleztena. Llegando a un acuerdo, por lo que Mola ordena traer más de 7.000 fusiles y su munición correspondiente, para así poder armar a los requetés en el momento oportuno para ayudar a la sublevación.

El general Emilio Mola consideró ese nombramiento un obstáculo para sus planes de sublevación. De hecho Medel había presentado sus respetos al gobernador de Navarra y al alcalde de Pamplona, Tomás Mata, pero no así a la autoridad militar, de la que Mola era jefe.

Mola lo tomó como una afrenta personal, haciéndole llamar a Capitanía. El Comandante acudió con el uniforme del cuerpo. El general le indicó que debía dejar el sable fuera del despacho, a lo que le contestó que sin el sable de la uniformidad no entraba, pues estaba allí ostentando el cargo que como Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Navarra le corresponde.

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Para el general Mola, el gobernador civil Menor Poblador, era un hombre manifiestamente incapaz y no le producía el menor temor. Este gobernador había informado al Gobierno, de que las actividades que desarrollaba el general no se podían considerar hostiles al régimen.

El general Mola el veinticuatro de junio de 1936 había dicho lo siguiente: “En este trance de la guerra yo ya he decidido la guerra sin cuartel. A los militares que no se han sumado al Movimiento, echarlos y quitarles la paga. A los que han hecho armas contra nosotros, contra el ejército fusilarlos. Yo veo a mi padre en las filas contrarias y lo fusiló”.

El general Mola necesita asegurarse que la Guardia Civil de Navarra se sumara a la conspiración. Por eso Medel suponía un fuerte contratiempo, pues era consciente de la fidelidad de éste a la República. Mola consideraba que parte de la Guardia Civil de Navarra se sumaría a su causa, pues su anterior jefe, el teniente coronel Gregorio Muga también estaba en la conspiración y tenía plena información de lo que pasaba en la Comandancia de Pamplona.

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Era consciente que tanto Medel como el comandante José Martínez Friera y el capitán cajero Ricardo Fresno Urzaiz eran fieles a la República. El día dieciocho de julio por la mañana llama a su despacho al Rodríguez Medel y esta es la conversación que mantienen:

MOLA. Quiero hablarle, no en plan general, sino de compañero. He decidido sublevarme para salvar a España, contra un gobierno que nos lleva a la ruina y al deshonor y le llamo para decírselo y para saber si está usted dispuesto a sumarse al movimiento que ha de estallar dentro de unas horas.

RODRÍGUEZ MEDEL. Yo no puedo secundar ese movimiento.

MOLA. Le advierto a usted que cuento con toda la guarnición y con toda la provincia.

RODRÍGUEZ MEDEL. Yo cuento con mi fuerza.

MOLA. ¿Cree usted?

RODRÍGUEZ MEDEL. Sí señor

MOLA. Lamento su decisión. Mire que va a ser muy duro tener que enfrentar mis tropas con la Guardia Civil.

RODRÍGUEZ MEDEL. La Guardia Civil seguirá al lado del Gobierno. Ahora y siempre defenderé al Gobierno de la República como poder constitucional. Esa es mi postura.

MOLA. Entonces ¿no le importa nada la salvación de España…? ¿Qué haría si se implantase, dentro de unos días, el comunismo en nuestra patria?

RODRÍGUEZ MEDEL. Cumpliría con mi deber.

MOLA. ¿Y cuál es su deber?

RODRÍGUEZ MEDEL. Obedecer las órdenes del poder constituido.

MOLA. Sí, pues aténgase a las consecuencias.

RODRÍGUEZ MEDEL. Supongo que no será una amenaza o una encerrona, mi general.

MOLA. Usted no me conoce. Para eso no le hubiera llamado. Puede irse bien tranquilo, porque, por lo que a mi atañe nada que temer, ni en su vida ni en su libertad. Adiós.

RODRÍGUEZ MEDEL. A sus órdenes, mi general.

Mola sabía que si se llegaba al enfrentamiento, correría la sangre y las consecuencias podían ser imprevisibles, pues temía que el cuerpo de Asalto también se uniera a la Guardia Civil a pesar de su jefe, el capitán Atauri.

Tras abandonar la Comandancia Militar de Pamplona y reunirse con el gobernador civil de la provincia, recibe la orden del inspector general de la Guardia Civil, general Pozas de agrupar las fuerzas de la guardia civil y establecerse en Tafalla para establecer una línea defensiva para lo que contaría con sus guardias civiles, los guardias de asalto que era un cuerpo de clara tendencia izquierdista, a excepción de su jefe el capitán Atauri y contaría con el apoyo de las organizaciones obreras, sobre todo de la zona sur de la provincia, para así aislar a Navarra por el sur.

f8Guardias Civiles de la Comandancia de Pamplona bajo el mando del Comandante Jose Rodríguez Medel

Al llegar a la Comandancia dio la orden para que todos los guardias se prepararan para el traslado de toda la Comandancia a Tafalla. Eran las 20 horas y estando formados los guardias civiles dio una arenga:

“Supongo que todos estaréis dispuestos a seguirme. No tengo por qué decir a dónde ni con qué objeto, porque los militares tienen la obligación de seguir a sus jefes sin más. Lo único que puedo decir es que es preciso hacer un esfuerzo supremo, del que necesita el Gobierno es estos instantes”.

Termina la arenga con un “VIVA LA REPÚBLICA”. Se produjo un silencio y nuevamente grito “VIVA LA REPÚBLICA”, y esta vez fue respondido con “VIVA ESPAÑA”.

Rodríguez Medel se dirige a la columna que estaba preparada a las puertas de la Comandancia, en la pamplonesa calle Ansoleaga, cuando por la espalda el guardia civil que hacía de chofer del Comandante Rodríguez Medel le dispara con un subfusil dos disparos que le causaron su muerte inmediatamente.

Debe de quedar claro que los disparos fueron por la espalda, como dio fe el oficial del Juzgado de Pamplona, que participó en el levantamiento del cadáver. Como puede comprobarse por los orificios de la guerrera del comandante. Fue a traición y sin que hubiera enfrentamiento alguno. Debemos saber, que durante muchos años la familia del comandante, guardó la guerrera del militar en la que se contempla sin la menor duda los dos orificios en la espalda.

Rápidamente llega para hacerse cargo de la Comandancia el coronel Beorlegui que ordena la detención del segundo jefe de la Comandancia, el Comandante Martínez Friera y del capitán cajero de la Comandancia Fresno Urzáiz.

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Mario Ozcoidi, amigo personal de Jaime Ignacio del Burgo comentó que había oído decir al general Emilio Mola el dieciocho de julio tras salir de hablar el comandante José Rodríguez Medel “Tenemos que liquidar a ese hijo de puta”.

A mediados de 1937, Mario Ozcoidi publica en Diario de Navarra un artículo y hace la siguiente referencia del comandante Rodríguez Medel: “Era un hombre perverso, sin entrañas y de corazón endurecido, que obedecía ciegamente los tenebrosos planes fraguados por las sectas secretas y que desarrollaría sin pausa su labor izquierdista y demagógica”.

De esta forma cuenta los acontecimientos el capitán de la guardia civil, que estaba del lado de la rebelión, los acontecimientos:

“El 18 de julio con la fuerza del Cuerpo destinada en Pamplona y arengada a ésta con el grito de ¡Viva España! Se negó a seguir al jefe de su Comandancia que intentaba sacar la fuerza del Cuartel para enfrentarla a las del Ejército, en cuyo momento dicho Jefe hizo fuego con su pistola hiriendo a un guardia y al ser repelida la agresión resultó muerto el citado jefe, después procedió a la detención del Comandante 2º Jefe y el Capitán Cajero, que se oponían al Glorioso Movimiento Nacional por ser de significación izquierdista y desde cuyo momento con toda la fuerza a sus órdenes se puso a disposición del Excmo Señor General Comandante de la Plaza, don Emilio Mola Vidal (q.e.p.d) quien aprobó su proceder y felicitó efusivamente”.

Hay otras versiones como la del Diario de Navarra, que en su portada del día diecinueve de julio de 1936, le dedica apenas seis líneas y se lee: “a consecuencia de un accidente desgraciado ocurrido en el cuartel, dejos de existir el comandante José Rodríguez Medel…”. Nunca el Diario de Navarra explicó cómo fue ese accidente.

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En el expediente del capitán de la Guardia Civil, Auría que participó en la conspiración, relata de esta forma los acontecimientos:

“La orden partió del Excmo. Gobernador Militar de la provincia D. Emilio Mola Vidal por no adherirse al Glorioso Movimiento Nacional. Todavía hoy, según el militar de, José Martínez Friera se encuentra en ignorado paradero, mientras Ricardo Fresno en los primeros días de agosto fue trasladado de dicha prisión de la Ciudadela a la del Fuerte de San Cristóbal, saliendo de esta última el 26 de dicho mes en agosto en libertad y siendo de rumor público que con posterioridad a dicha salida había muerto, ignorándose las circunstancias y punto pero sí confirmado el hecho de no verificar su presentación en la Comandancia, ni haberse tenido ya en ella ninguna noticia suya, relacionada con su paradero”.

Varias semanas después de la rebelión militar, también sería asesinado el capitán de la Guardia Civil, Ricardo Fresno Urzáiz, que era el principal apoyo en la comandancia de la Guardia Civil de Pamplona a José Rodríguez Medel. Para proceder a su asesinato fue llevado a la sierra de Urbasa para asesinarlo. Esta sierra llevan a la gente conocida para asesinarlos en ella con total discreción. Esta es la verdad de lo que le sucedió al capitán, Ricardo Fresno Urzáiz.

Otros oficiales de la Comandancia de la Guardia Civil de Pamplona tuvieron que pasar por Tribunales de honor, como el teniente Lucinio Cervantes Iñigo. Dicho Tribunal de Honor dice “Se reprueba por su gran frialdad e indecisión, no auxiliando como único oficial que era, al capitán Auría en tan difíciles momentos, temeroso de la responsabilidad y procurando de todos modos quedar a salvo su persona cualquiera que fuera el resultado”.

El guardia civil de la Comandancia de Pamplona, que había ingresado recientemente en la Guardia Civil, Pablo Ardanaz sufrió un Consejo de Guerra y fue condenado a muerte, siendo fusilado en la Vuelta del Castillo el treinta y uno de octubre de 1936.

f5El diecinueve de julio de 1936, el general Mola pronuncia las siguientes palabras: “Hay que sembrar el terror…. Hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos no vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

Durante las semanas siguientes a la rebelión sería encarcelados cientos de navarros. Muchos de ellos serán finalmente asesinados por los escuadrones de la muerte de carlistas y falangistas y durara desde la rebelión del dieciocho de julio hasta el verano de 1937. Navarra fue la provincia española con mayor número de asesinatos en relación con el número de votantes al Frente Popular. Uno de cada seis votantes al Frente Popular en Navarra fue asesinado.

La viuda del comandante José Rodríguez Medel, pide a la Dirección General de la Guardia Civil un certificado sobre la forma en la que falleció su marido, pues en la comunicación que le habían mandado a su muerte solo consta “por arma de fuego”, la finalidad es poder cobrar el seguro de vida de su marido.

La compañía aseguradora le solicita a Lucia Carmona viuda del comandante un certificado que exprese: “de una manera clara y terminante diga que fue fallecido a consecuencia de la guerra”.

Lucia Carmona recibe la siguiente resolución de la Dirección General de la Guardia Civil: “no es posible extenderle dicho certificado en tal forma, toda vez que el fallecimiento de su esposo fue debido a oponerse a los postulados de nuestro Glorioso Alzamiento. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid siete de julio de 1944”.

f4Según relata Jaime Del Burgo, el dieciocho de julio su compañía del Tercio Carlista a la que pertenecía se encontraba ya concentrada en el Círculo de Pamplona, cuando llego allí G. Huarte pidiendo voluntarios para detener al comandante de la Guardia Civil, José Rodríguez Medel, más, antes de que se iniciara la salida sobre las ocho de la tarde, llegó la noticia de que había sido muerto por los propios guardias.

La noticia de la muerte de José Rodríguez Medel llega a su familia a través de la radio. Su esposa Lucia y una de sus hijas, María, se trasladan de Madrid a Pamplona para hacerse cargo del cadáver del comandante. Los militares solo le ofrecen enterrarlo en una fosa común. Una prima de Lucia Carmona le ofrece enterrarlo en su panteón pero no debe aparecer ninguna inscripción.

Debemos saber que Miguel González Iglesias que tenía diecinueve años y pertenecía a la CNT de Navarra fue también asesinado a mitad de agosto de 1936 porque su familia a través de su madre Lucia Iglesias había cedido su panteón para que pudiera ser enterrado con dignidad el Comandante José Rodríguez Medel.

Galo Vierge en su libro “Los culpables. Pamplona 1936” relata este hecho de la siguiente manera: “Los restos mortales del Comandante de la Guardia Civil, fiel cumplidor de su deber, fueron enterrados en un panteón familiar de mi tía Lucía Iglesias, viuda con tres hijos, uno de ellos llamado Miguel, afiliado al Partido Sindical de la CNT, que fue fusilado en los primeros días de la sublevación. El humanitario gesto de su madre le costó la vida”.

Esto es lo que sucedió el dieciocho de julio de 1936. Esta es la verdad histórica y que tanto dolor produzco en toda Navarra. Quiero hacer varios apéndices.

f3El general Emilio Mola recibió las máximas prebendas en su historia y fue uno de los grandes héroes del Alzamiento Nacional, hasta su fallecimiento el tres de junio de 1937. Siendo enterrado en el cementerio de Pamplona y posteriormente fueron trasladados sus restos, en el año 1961, al monumento a “los caídos por Dios y por España”, en la plaza Conde de Rodezno. Monumento que avergüenza a los demócratas.

Por fin, su cadáver fue sacado de este monumento religioso (una vergüenza más de la iglesia católica) recientemente, esperando que las autoridades navarras tengan la dignidad de derruir este edificio. Curiosamente, está situado, como hemos visto, en la plaza Conde de Rodezno, ilustre ministro de Franco. Esta familia posee un importante archivo de la guerra y del franquismo que no permite ver.

El Diario de Navarra, que no hace mucho celebrara sus más de cien años de vida y que lucía de la defensa de la democracia. Como vemos, una cosa es la publicidad y otra la realidad. Dentro del Diario de Navarra debemos destacar a su director, Raimundo García García “Garcilaso”, que dirigió el periódico desde 1912 a 1962.

Fue un actor fundamental en apoyo del general Emilio Mola, como se comprueba en la conspiración. Solía firmar sus columnas con el sobrenombre de Ameztia. Por ejemplo en el año 1924, con los sucesos de Vera de Bidasoa:

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El veintitrés de noviembre de 1924, el Diario de Navarra, en un artículo firmado por Ameztia, dice:

Parece que el antiguo diputado por Valencia se dedica a redactar soflamas mitad novelescas mitad revolucionarias contra la Monarquía. Y como eso puede ser mitad novela y mitad serán revolucionarias en las que pierden la libertad o la vida algunos hombres tan dignos como los guardias civiles de Vera, sería muy conveniente que el Gobierno se preocupara del asunto para poner pronto el debido colofón a la novela del novelista”.

El veintiseis de noviembre, en el mismo diario y con la misma firma, aparece otro artículo titulado “el otro aspirante”.

“No está solo Blasco Ibáñez en la casa de los orates de la revolución. Entre otros personajes de menor cuantía, figura uno muy conocido. De oídos porque su nombre ha sonado mucho. Es el antiguo rector de la Universidad de Salamanca.

La diferencia que existe -como revolucionario- entre Blasco Ibáñez y estos otros aspirantes está en que Blasco Ibáñez ha concretado sus aspiraciones; aspira a ser presidente de la República española.

Unamuno es hombre que no concreta. Da la impresión de un hombre que quiere algo, pero que no sabe qué es lo que quiere.

A primera vista parece que es más grave la dolencia mental del señor Unamuno. Pero no es más grave: los dos personajes están por el estilo.

Lo que no puede admitirse, lo que no se puede escuchar sin que alce inmediatamente y airada nuestra protesta, lo que no se puede soportar sin que previamente renunciemos a nuestra condición de racionales es el hecho infame de que un señor cualquiera y cuanto más Unamuno peor arroje sobre el nombre de España mentiras afrentosas parapetado detrás de la frontera.

Para hacer eso se renuncia primero a la nacionalidad y se aleja uno para siempre de su patria.

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Ni bajo el sofístico pretexto de querer mejorar a los compatriotas o de hacer llorar a la patria para que se corrija de sus yerros mostrándolos al público y ampliándolos se puede admitir el procedimiento del señor Unamuno.

La conducta del Blasco Ibáñez puede ser bufa.

La conducta de Unamuno… la conducta de Unamuno merece el calificativo que no podemos escribir por respeto a los lectores”.

Este es el diario más leído en Navarra actualmente. Como nos falla la memoria histórica a todos ¡Verdad!


BIBLIOGRAFIA

Aguado Sánchez, Francisco. “Historia de la Guardia Civil”. 7 tomos. 1084. Editorial Planeta. Barcelona.
Alpert, Michael. “El ejército republicano en la guerra civil”. 1977. Editorial Ruedo Ibérico. Barcelona.
Burgo, Jaime del. “Conspiración y guerra civil”. 1970. Editorial Alfaguara. Madrid.
Fusi, Juan Pablo. “Franco”. 1985. Ediciones El País. Madrid.
Maíz, Félix. “Mola, aquel hombre, diario de la conspiración 1936”. 1976. Editorial Planeta. Barcelona.
Mikelarena, Fernando. “Memoria y relato de la limpieza política de 1936 a 1939 en Navarra”. Revista del Pensamiento Político.
Seco Serrano, Carlos. “Militarismo y civilismo en la España contemporánea”. 1984. Editorial Instituto de Estudios Económicos. Madrid. 1984.
Soria, George. “Guerra y revolución en España (1936-1939)”. 1978. Editorial Grijalbo. Barcelona.
Thomas, Hugh. “La Guerra Civil en España”. 1976. Editorial Grijalbo. Barcelona.
Tuñón de Lara, Manuel. “La España del siglo XX. La guerra civil (1936-1939)”. 1974. Editorial Laia. Barcelona.

El asesinato del Comandante de la Guardia Civil, José Rodríguez-Medel Briones,...
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