martes 23.07.2019
LECTURAS SUMERGIDAS | REVISTA LITERARIA

Andrés Neuman: "Hoy el ciudadano es humillado lingüísticamente de forma permanente"

Por Emma Rodríguez | Un ahogado es “un inconsciente del mar”. Un bloguero: “un ocioso atareadísimo”. Un anciano: “un joven que ha tenido paciencia” y un presidente: “un individuo elegido entre los diversos candidatos que no representan a sus electores”...

Andrés Neuman por © Karina Beltrán
Andrés Neuman por © Karina Beltrán

lecturassumergidas.com |  @lecturass | Emma Rodríguez | Un ahogado es “un inconsciente del mar”. Un bloguero: “un ocioso atareadísimo”. Un anciano: “un joven que ha tenido paciencia” y un presidente: “un individuo elegido entre los diversos candidatos que no representan a sus electores”. Se trata de algunas de las definiciones incluidas en “Barbarismos”, el irreverente, osado, original, actualísimo y personal diccionario de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977). El escritor define “asombro” con dos acepciones: “Comprensión más profunda de lo mismo” o “facultad para ver las últimas cosas por primera vez”. También hace una doble interpretación de español”: “ciudadano de España más o menos a su pesar” e “idioma que le queda grande a España”. Ofrece dos significados para el término “capitalismo”, que, por una parte considera un “juego de azar donde se sabe de antemano quiénes pierden” y, por otra, el “único camino posible hacia ninguna parte”. E interpreta a la izquierda de dos formas: como una “ideología política que parece irreconocible hasta que gobierna la derecha” o como la asunción de un “sentido crítico con tendencia a atentar contra sí mismo”.

El inquieto, creativo y polifacético autor argentino, considera el feminismo como “la liberación de ambos sexos en nombre de la mujer”; señala que Internet es “un éter superpoblado”, y “tuit” un “telegrama de Narciso” y no duda en calificar al novelista como un “individuo capaz de recrear todos los sentimientos humanos e incapaz de tolerar ninguno de ellos”, lo que demuestra su capacidad para aplicar la ironía a lo que más conoce. Podríamos seguir tirando del hilo de las definiciones que conforman este libro inusual que nos lleva a detenernos en palabra tan asimiladas, tan teñidas de rutina, que el simple revés, la mera sacudida a sus significados, el trato ligero, inusual, nos las devuelve como recién nacidas, como si las escucháramos y procediéramos a usarlas por primera vez.

Las distintas definiciones que se han dado en los distintos manuales a barbarismo, y que son repasadas por el escritor José María Merino en el prólogo, coinciden en el desorden, lo impropio y lo imprudente. Neuman se refiere a la entrega como “un libro lenguaraz y de amor desesperado a las palabras” y reconoce que, entre sus motivaciones a la hora de escribirlo, estaba el deseo de restar algo de solemnidad a esos volúmenes sabios en los que habita la lengua con todas sus vertientes, posibilidades y tesoros. “El mal uso en la escuela, la función didáctica, ha enturbiado la naturaleza dinámica, valiente y atrevida de los diccionarios”, señala, convencido de que es posible acercarse a ellos como libros disfrutables, aunando placer, risa y reflexión, recorriendo sus páginas con una actitud juguetona y apasionada. “Te puedes divertir, sorprender y hasta ofender repasando las distintas acepciones de los vocablos”, sostiene.

- ¿En qué medida esta entrega es un ejercicio de rebeldía ante el permanente secuestro, encarcelamiento, a que son sometidas las palabras? Me refiero al lenguaje político, económico, al de los medios de comunicación

- La idea era desautomatizar ciertos hábitos de ocultación de los significados, desvestir ciertos eufemismos, delatar ciertas correcciones políticas que humillan el sentido de las palabras. Hoy el ciudadano es humillado lingüísticamente de forma permanente. La crisis económica y del modelo democrático está llevando esa humillación, esa manipulación de fondo y forma hasta los extremos. No te despiden sino que te reajustan. No te bajan el sueldo sino que revalúan tu salario. No se llevan a cabo recortes sino reformas necesarias. Cuando se privatiza lo público y se alteran los derechos adquiridos se va desmantelando todo en el terreno material y se va suavizando en el ámbito del lenguaje. Y en el fondo de este libro hay un deseo de desobedecer esa norma del disimulo respecto de la violencia de ciertos significados y de hacerlo con sentido del humor, no de un modo panfletario ni recurriendo al chiste, sino a través del humor como modo de protesta.

- Hay algunas palabras que han perdido su frescura de tanto usarlas y otras que no circulan, que no están en la onda y que precisamente por eso nos avergüenza utilizar. Es el caso de bondad, de felicidad, incluso.

- En esto tiene mucho que ver el cinismo reiterado sobre ciertas conductas y modos de ser. Hay casos muy interesantes. La palabra felicidad, en inglés “happy”, un término que se utiliza para todo, es una palabra de la que se ha apropiado el capitalismo, que la asocia repetidamente con la compraventa de emociones. Su carácter espiritual ha quedado solapado por lo material. Y por eso fue una palabra que me costó definir, que me parecía peligrosa. Al final opté por uno de los pocos enfoques que me parecía razonable, el del misterio, la asociación con la mítica Ítaca del poema de Kavafis; la utopía como felicidad, no como misión ni como punto de llegada [Neuman define felicidad del siguiente modo: “Elevación de la supervivencia” y “Misterio cuyo hallazgo depende de su falta de búsqueda”]....

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