viernes 21.02.2020
CRÍTICA DE LIBROS

Alegría, belleza, misterio y merecimiento: la literatura de Manuel Vilas

Un libro magistral, difícil, fácil, elocuente, complejo, admirable en su simpleza enfurecida, contradictoriamente elemental y sabio, enorme, de reducidas facetas, tierno y sombrío: todo eso es para mí Alegría, de Manuel Vilas. Una obra que comienza directamente apuntando al alma de quien se atreve a leerla. Así:

“Todo aquello que amamos y perdimos, que amamos muchísimo, que amamos sin saber que un día nos sería hurtado, todo aquello que, tras su pérdida, no pudo destruirnos, y bien que insistió con fuerzas sobrenaturales y buscó nuestra ruina con crueldad y empeño, acaba, tarde o temprano, convertido en alegría.

El alma humana no tendría que haber descendido a la tierra”.

Aquellas cosas que nos satisfacían, que se las tragó el tiempo, se las tragó el amor, como el exprimidor con el que su madre le preparaba al protagonista, al narrador de Alegría, a VilasVilasVilas, los zumos de naranja. Todos llevamos yoes muertos en nuestro interior.

“¿Qué nos hace el tiempo? […] Aquello que fuimos está enterrado en nuestro cuerpo, en nuestra carne”.

Venimos de un tiempo pretérito, el de nuestros antepasados, “un mar de espíritus humanos, una larga y encendida noche de muerte y desesperación humanas”.

Nadie sabe qué es el amor ni nuca sabremos qué es vivir.

Manuel_Vilas 2¿Es audacia literaria continuar un libro espléndidamente umbrío y deslumbrante a un tiempo como es Ordesa con otro también con maneras de novela al que titulas Alegría? Porque hay que tener mucho valor para ponerle a una obra como Alegría esa palabra de título. Valor literario. El valor que desprende la escritura de Manuel Vilas. El grandioso valor de la literatura de Vilas. De la apasionada literatura de Manuel Vilas.

Los padres del narrador y el enamoramiento excelso del protagonista hacia ellos de Ordesa continúan con su presencia estelar, fantasmal. “Este amor que nos tenemos no se irá jamás”, dice de su madre.

Quien nos habla en Alegría, quien nos hablara en Ordesa, vive, escribe atemorizado y eufórico a la vez y por igual, de tal manera que ese estado bifronte le impide lograr la felicidad, que no existe como algo absoluto. La belleza y la verdad es cuanto le interesa.

                          "El secreto de la vida se llama belleza”.

Las reflexiones de Vilas sobre la realidad que cree conocer, que interpreta, tocan a menudo la idea de lo que pudiera ser España, los españoles. De los españoles sentencia que “procedemos del odio”. El desprecio es la identidad histórica de los españoles.

La alegría y su superioridad, que no se diga, inunda este libro de entristecido ensimismamiento pero de incesante búsqueda de lo que para su autor, su protagonista, su narrador, es el hecho hermoso de sentir el júbilo en plenitud. Así, “motivo de rara alegría” es, escribe Vilas, saber que lo único que hemos sido capaces de hacer bien los seres humanos es estar y sentirnos vivos y “codiciar no morir nunca”.

“La alegría es mejor que la felicidad. […] Sin alegría la vida no vale nada”.

El cometido de ambas ¿novelas? de Vilas es que sus recuerdos “mueran con dignidad”. Porque “la vida, en su significado más profundo, sólo se cumple en su recuerdo”.

Piensa mucho el Vilas personaje, el Vilas escritor, en sus penas, en sus angustias. Muchísimo, hasta el punto de hacerme leer cosas como esta:

“Tal vez para eso sirvan los libros, para adornar nuestras penas”.

Desde luego, Ordesa y Alegría sí. Sí es para eso para lo que sirven. Eso parece. Las penas de Vilas.

El pasado, la historia… ¿Todo vuelve? “El pasado viene con un cuchillo en la boca”. ¡Así viene! “Sólo existe el presente. El presente es nuestra fuerza”. También aprendo algo al respecto. Con Vilas siempre aprendes, al menos a mirar de una manera diferente lo que sabes, lo que crees saber:

“No existieron ni el Barroco ni el Renacimiento ni la Edad Media ni el Romanticismo. Lo que existió es la vida. La vida y los pobres recuerdos que fue dejando en este océano sin fin”.

La alegría se esconde siempre porque “no es de este mundo”. La alegría “es un arte del corazón”. Es “un arte de la bondad”. Más neurótico, es un libro de un neurótico más que lo era Ordesa. ¿O es cosa mía? Por cierto, escribir que “el capitalismo es agotador”, ¿es neurótico? ¿Es de neuróticos?

Vilas, el narrador, Vilas, sí (que en el libro no tiene nombre, es “sólo misericordia”), reconoce:

“Me devano los sesos intentando entender la vida y no entiendo nada.”

Los asuntos vitales del protagonista-narrador-autor de Alegría son muy pocos, aunque Vilas escriba que “la falta de merecimiento es el único tema de mi vida”. Y sus padres muertos, por supuesto: aquellos “ángeles del pasado”.

“Siempre están conmigo todos mis fantasmas. […] Mis fantasmas del pasado son cuanto hoy soy”.

Todo lo que escribió en Ordesa, “en el fondo me lo inventé”, admite Manuel Vilas. Y si hay algo medular en sus libros es esto:

“Ya sé que me lo estoy inventando todo, ya sé que nada ocurrió como yo lo cuento, ya sé que no hubo tanto amor, que todo du banal, ya sé que estoy loco por inventarme esta historia de amor, por inventarme mi vida, que no es como yo la cuento”.

Quien cuenta todo eso es la desesperación, la angustia de Manuel Vilas, convertida en un “ser esquinado pero a la vez demasiado luminoso”.

Todo se lo inventa el escritor para retener a sus padres en el mundo, que son los únicos que pueden ayudarle para no terminar en el gran vació hacia el que va:

“Es el ‘muero porque no muero’ de Teresa de Cepeda, eso es”.

portada alegriaPara no estar solo, Vilas les inventa a sus padres toda una galaxia. “A cada instante”. Él, a quien le persigue constantemente “la campana negra de la ansiedad”.

Porque Manuel Vilas escribe “a la búsqueda de un perdón imaginario” por no haber sido capaz de cuidar a nadie. (Aunque augura que sabrá cuidar a sus hijos.)

Nada de lo que amamos podrá extinguirse mientras vivamos. Lo sé por el autor de Alegría: parecemos como dice él personajes de Cumbres borrascosas.

El autor de Alegría es “un huérfano de más de 50 años”, como dijera de él el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, que, como añade el propio Vilas, “se arrastra por el mundo detrás de algo nuevo que ha aparecido en su vida: una ilusión a la que unas veces llama belleza y otras alegría”. Hay que tener fe en la alegría, “sin ella la vida humana no prevalecerá”.

“Todo cuanto nos rodea fluye bajo un orden que incluye el desorden, y un desorden que incluye un orden, y todo se da en tensión, y de esa tensión emana alegría, esperanza y belleza”.

Si otro poeta español, José Hierro, escribiera aquello de “llegué por el dolor a la alegría”, este personaje de Manuel Vilas que carece de nombre pero es él, nos dice que, efectivamente, “no se puede llegar de otra manera a la alegría”.

Alegría, belleza, misterio y merecimiento: la literatura de Manuel Vilas
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