viernes 19.07.2019
MÚSICA

Afuera hay tormenta, dentro canta DePedro

En mitad de una tormenta veraniega que le impide actuar en el escenario previsto, DePedro canta en el Claustro del Parador de Cuenca

Fotos: Sergio Rubio
Fotos: Sergio Rubio

Nadie va a explicarle a estas alturas a DePedro (Jairo Zavala) el valor que tiene cada una de las personas que se sabe sus canciones y que acude a sus conciertos. Son ya cinco lustros viviendo de esto. Muchos kilómetros recorridos y muchos escenarios pisados como para dejarse vencer por una tormenta de verano. Hay artistas que están hechos de otra pasta, como nos demostró en este mismo escenario Rozalén hace un par de años. 

La carrera de DePedro es una carrera de fondo en la que ha pasado por bandas de acompañamiento en programas de televisión, músico de estudio o de directo a jornal, llegando a compaginar cinco o seis proyectos musicales simultáneamente. Es un tipo curtido que desde hace diez años camina en solitario contando sus propias historias. Hace unos meses presentó el disco recopilatorio de estos diez años al que puso por título ‘Todo va a salir bien’ y en el que participaron Coque Malla, Santiago Auserón, Luz Casal, Fuel Fandango, Vetusta Morla, Camilo Lara e Izal. Una suerte de conjuro colectivo.

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Ayer en la fecha que tenía marcada para Estival Cuenca la tarde amenazaba tormenta y aunque los teloneros ‘Heritage’ sí subieron al maravilloso escenario Solán de Cabras del Parador de Cuenca, la lluvia apareció durante el cambio de escenario. Cualquier otro festival y cualquier otro músico habrían cancelado la velada dejando a los más de quinientos asistentes volver calados a su casa a conformarse con escuchar a DePedro en el Spotify, pero en Estival no hay costumbre de rendirse.  El concierto se celebró y se celebró como jamás habrían soñado ninguno de los numerosos fans de DePedro, en el claustro del siglo XVI del Parador de Cuenca. 

Pero para que el concierto se celebrase fue necesario que todos los implicados quisieran remar en la misma dirección, desde la organización que puso todo su empeño y diligencia para buscar alternativas, la empresa de sonido que armó en minutos un improvisado escenario a cubierto y a Jairo Zavala que aceptó el reto de actuar en estas condiciones donde no hay trampa posible. Pero sobre todo, hay que agradecer esta maravillosa noche a Juan Serrapio Tilve, director del Parador de Cuenca, que demostró una vez más su compromiso y su tesón para conseguir que el Parador viva de la mano de la ciudad y no de espaldas. Sin olvidar al público y a las personas alojadas en este hotel, que fueron conscientes de la magia del momento que vivían y fueron respetuosas con el escenario y unas con otras. Baste como detalle que en un claustro abarrotado, nadie quiso dar la vuelta para ocupar los espacios libres, por no molestar a los comensales que cenaban en el lateral opuesto. 

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Y es que cuando todo el mundo tiene tantas ganas de que salgan bien las cosas, salen. Fueron sólo un puñado de canciones desnudas, guitarra y voz, con los niños sentados a los pies del cantante y el resto del público a menos de un metro. Algunos escucharon y vieron más, otros escucharon y vieron menos, pero ayer eso no era lo más importante. DePedro tenía ganas de cantar y todos fuimos felices de estar allí esta noche, juntos, mientras afuera tronaba y diluviaba. Algo más de media hora que dió para repasar las canciones más conocidas y terminar con una versión de  ‘La llorona’ que en el nuevo trabajo canta con Fuel Fandango, pero que anoche cantó con toda una ciudad, ‘Llorona que me hablas desde el Júcar’. 

Con la autenticidad por delante y una promesa de volver el año que viene, DePedro dedicó todo el tiempo del mundo a saludar casi uno por uno a todos los asistentes al concierto, a hacerse fotos, a firmar discos, carteles y sobre todo, a alargar esta noche de tormenta mágica. El año que viene, cuando vuelva este soñador, nos comportaremos como los locos que somos y pediremos que caiga pronto otro chaparrón, porque como diría Brassens ‘Parlez-moi de la pluie et non pas du beau temp’, y nos tradujo Krahe a su genial manera, ‘Yo tuve un gran amor durante un chaparrón’.

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