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lunes 23/5/22

¿Quién tienta más?

SUSANA IVÁN
“Medida por medida” se ha convertido en un título clave para comprender la magnitud de la obra de Shakespeare, a la altura de “Antonio y Cleopatra” o “El mercader de Venecia”. La obra habla de la piedad, la justicia, y la verdad, y su relación con el orgullo y la humildad, habla del poder y la lujuria, y como ambos están unidos en muchos aspectos.
NUEVATRIBUNA.ES - 16.3.2009

“Con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá” (Mateo 7:2:). 40 años han pasado desde que la obra cuyo título pudo basarse en ese versículo fue montada en español en nuestro país. Entonces lo hizo Miguel Narros, hoy acomete la empresa Carlos Aladro, participando en la traducción y adaptación con Ronald Brouwer.

Aunque tradicionalmente se consideró una comedia, y posteriormente engrosó la lista de “problem plays” o comedias oscuras de Shakespeare (junto a “Troilo y Crésida” y “Bien está lo que bien acaba”), lo cierto es que “Medida por medida” aúna géneros y estilos como pocas, permitiendo a actores y directores trabajar en el registro en el que deseen, sin necesidad de encorsetarse en la idea marcada por el escritor en su concepción.

“Medida por medida” es, además, una de las obras menos conocidas del genio británico, no sólo en nuestro país, donde en los últimos años sólo ha podido verse en las versiones originales que algunas grandes figuras internacionales traían a nuestros teatros, como Simon McBurney y su británico Thétre de la Complicité en 2005 o el francés Stephane Braunschweig con el Nottingham Playhouse en 1997, por poner dos ejemplos, sino también en la escena mundial. Escrita en 1603 o 1604, su primera representación tuvo lugar el 26 de diciembre de 1604 y fue incluida en el “First Folio” publicado en 1623. Y a partir de ahí, la obra abandona su forma original durante siglos (de hecho aún hoy se discute sobre si el texto que nos ha llegado se debe sólo a Shakespeare o incluye modificaciones llevadas a cabo por Thomas Middleton) y no es recuperada hasta 1949 por Peter Brook, que la llevó a escena en el Shakespeare Memorial Theatre con John Gielgud (uno de los pocos artistas ganadores de un Tony, un Emmy, un Grammy y un Oscar) en el papel protagonista de “Angelo”.

Desde entonces, “Medida por medida” se ha convertido en un título clave para comprender la magnitud de la obra de Shakespeare, a la altura de “Antonio y Cleopatra” o “El mercader de Venecia”. La obra habla de la piedad, la justicia, y la verdad, y su relación con el orgullo y la humildad, habla del poder y la lujuria, y como ambos están unidos en muchos aspectos. Es un cuento moralizante, una comedia dramática o un drama cómico que enfrenta los intereses personales con la moral política y en la que el verdadero protagonista, el que enciende la mecha de la acción, el Duque, sin embargo no ocupa el centro de la escena, quedando relegado a un segundo plano para poner bajo los focos a aquellos cuyas actitudes y creencias son puestas en tela de juicio por el autor.

El Teatro de la Abadía, en Madrid, ha decidido cerrar temporada con todo un bombazo escénico, con una obra magnífica en un montaje sorprendente que recupera a un Shakespeare poco conocido por los aficionados españoles. Una apuesta por una interpretación “lúdica”, en palabras de su director, que no deja de enfrentar al espectador, y a los protagonistas, con los grandes temas de la humanidad. Y sobre el escenario, 25 roles y nueve actores, (José Luis Alcobendas, Jesús Barranco, Miriam Montilla, Julio Cortázar, Israel Elejalde, Markos Marín, Almudena Ramos, Fernando Soto e Irene Visedo) dispuestos a preguntar en voz alta quién peca más, si el que tienta o el que es tentado.

¿Quién tienta más?
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