martes. 23.04.2024
NUEVATRIBUNA.ES / AGENCIAS - 14.5.2010

Realizado por Sabina Guzzanti, considerada la Michael Moore italiana, el documental "Draquila: la Italia Che Trema" (Draquila - Italia tiembla), provocó una reacción indignada de Roma, que afirmó que la película "insultaba a todo el pueblo italiano" y era "pura propaganda" contra Berlusconi. La selección del documental en la sección oficial del Festival provocó que el ministro de Cultura italiano, Sandro Bondi, rechazara viajar a Cannes, pese a que una cinta italiana, "La Nostra Vita", de Daniele Luchetti, compite por la Palma de Oro del certamen cinematográfico más prestigioso del mundo, que arrancó el martes, hasta el 23 de mayo.

El documental de Guzzanti alega que Berlusconi y sus aliados aprovecharon la catástrofe del 6 de abril de 2009 -cuando un violento sismo destruyó la capital de los Abruzzos y sus espléndidas joyas artísticas, causando 308 muertos y dejando sin techo a 80.000 personas- para enriquecerse y recortar las libertades civiles.

La realizadora, que en "Viva Zapatero" (2005) atacó al premier italiano y su voluntad de controlar los medios de comunicación, acusa en "Draquila" a Berlusconi de utilizar la reconstrucción de la devastada ciudad para mejorar su imagen, que había caído en picada tras una serie de escándalos sexuales y de corrupción.

Guzzanti, una actriz y realizadora de 46 años que tiene las puertas de las televisiones italianas cerradas desde el 2003 por sus críticas a Berlusconi - dueño de tres de los canales privados más importantes- desmonta los mecanismos usados por su gobierno para manipular a la opinión pública.
"Draquila" alega que Berlusconi intentó transformar la Agencia de Protección Civil, que fue designada para dirigir las operaciones de rescate y reconstrucción, en una empresa privada con poderes casi ilimitados.

En febrero, poco antes de terminar el filme, esta agencia fue objeto de una investigación de corrupción sobre la atribución de contratos públicos.

Durante hora y media y a través de decenas de entrevistas, muchas de ellas favorables al premier italiano, el documental examina también la maquinaria usada por el gobierno para violar todas las restricciones de la planificación urbana.

Este polémico filme -el cuarto de la realizadora italiana - termina con imágenes de la antaño espléndida ciudad, cuyo centro histórico sigue en ruinas. Antes dinámica y llena de estudiantes, L'Aquila es ahora una ciudad desierta, mientras que las viviendas construidas por el gobierno, con un coste muy superior al promedio en el mercado, se levantan en una zona aislada.

El sentido de comunidad, que era de lo más precioso que tenían sus habitantes, ya no existe, revela el filme, que concluye preguntándose hasta cuándo los italianos votarán por Berlusconi.

"Draquila", la 'bomba fétida' de Cannes