viernes. 12.04.2024
consumo

La crisis ha hecho que debamos replantearnos numerosos gastos, sobre todo los gastos fijos que son aquellos más necesarios y, a veces, inevitables en nuestras economías domésticas. Uno de los gastos más habituales son los seguros. Y aunque España no sea un país de tradición aseguradora, hay una serie de seguros que tenemos que contratar sí o sí. Por ejemplo, cuando compramos un coche es necesario contratar el seguro obligatorio del automóvil (SOA). Las coberturas de ese seguro son válidas para cuando circules no sólo por España sino también por el resto de países de la Unión Europea. Este seguro obligatorio tiene unas coberturas limitadas y de hecho no se comercializa como producto único por parte de las Aseguradoras (solo el Consorcio de Compensación de Seguros lo ofrecerá a los usuarios que hayan sido rechazados por dos compañías), de ahí que la mayoría de nosotros contratemos el llamado “seguro a terceros”. Este seguro cubrirá, además de lo cubierto por el SOA, la responsabilidad civil para los daños ocasionados por nuestro coche. Finalmente, el seguro “a terceros” suele incluir la asistencia en viaje, lo cual no está nada mal si tu coche es viejo y comienza a dar problemas mecánicos.

Finalmente, existe la posibilidad de contratar lo que en un hotel sería la pensión completa, es decir, un seguro “a todo riesgo”, que además de lo dicho hasta aquí (daños a terceros) cubre también los daños propios (incluyendo lunas, incendio y robo). Este tipo de seguros se suele contratar cuando compramos un coche nuevo (sobre todo si lo estamos pagando mediante un préstamo al consumo). A nadie le gusta ver cómo se incendia su coche y tener que seguir pagando las cuotas del préstamo…

La pregunta, entonces, es ¿cuál es la mejor cobertura para mi coche? Pues si ya hemos comentado que el seguro a todo riesgo suele interesar para vehículos nuevos, nos ahorraremos un dinero si aseguramos solamente “a terceros” los vehículos de más de 5 o 6 años de antigüedad ¿Por qué? La razón es que a partir de cierta edad los coches pierden rápidamente su valor y si tienes un siniestro grave, en el que el coche quede muy dañado, la compañía te indemnizará pero con el tope del “valor venal” del vehículo, es decir, lo que pagaría por el coche un concesionario de segunda mano. Por eso, no tiene mucho sentido pagar un dineral por un seguro a todo riesgo cuando la indemnización que nos dará la compañía por nuestro vehículo siniestrado será tan escasa. Existen un par de excepciones a esta regla: la primera es que puede que interese el seguro a todo riesgo cuando la prima que estemos pagando por él sea similar a la que pagaríamos por un seguro “a terceros” (incluyendo incendio, lunas y robo), lo que ocurrirá si a lo largo de los años hemos obtenido bonificaciones de nuestra compañía por no haber dado partes de accidentes. La otra excepción es que podemos cubrir nuestro coche “antiguo” (más de 6años) con un seguro a todo riesgo pero con franquicia, es decir, que nos comprometemos a pagar parte del precio de la reparación (la franquicia) en caso de sufrir un siniestro de daños propios.

Seguro automóvil: ¿contratar a todo riesgo o a terceros?