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viernes. 30.09.2022
FESTIVAL DE VENECIA

‘El Clan’, el nuevo fenómeno del cine argentino

La película, coproducida por Almodóvar, cuenta la historia de una familia de secuestradores que conmovió a Argentina hace 30 años.

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@jgonzalezok / Ya en el primer fin de semana tras su estreno, el 13 de agosto, El Clan rompió el récord de espectadores que había establecido la película argentina Relatos Salvajes, que el año pasado se había convertido en un fenómeno cinematográfico más allá de las fronteras argentinas, llegando a competir por el Oscar a la mejor película extranjera. Y el éxito de taquilla sigue sostenido ya que en los primeros 24 días de exhibición superó los dos millones de espectadores.  

La película está dirigida por Pablo Trapero, autor también del guión, que ya cuenta en su haber con otras películas de extraordinario éxito de crítica y público: Mundo grúa (1999), Leonera (2008), Carancho (2010) o Elefante Blanco (2012). Está coproducida por Pedro y Agustín Almodóvar. Su principal protagonista es Guillermo Francella, uno de los grandes actores argentinos, que en la oscarizada El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, compuso a un inolvidable Pablo Sandoval.

Pero, más allá de los méritos propiamente cinematográficos de la película, el éxito de El Clan hay que buscarlo en la historia, ya que es un fiel reflejo de unos acontecimientos que conmovieron a la sociedad argentina hace 30 años. Cuando el país vivía los primeros años de la recuperada democracia, se produjeron una serie de secuestros y asesinatos ejecutados por lo que el propio presidente de la época, Raúl Alfonsín, calificó como “mano de obra desocupada”. Hacía referencia a los oscuros personajes que integraron las bandas represivas durante la dictadura –responsables de secuestros, asesinatos y desapariciones- y de la Triple A, que había actuado antes del golpe de 1976.

El Clan es la historia de la familia Puccio, cuyo jefe de familia era Arquímedes, un psicópata que contó con la colaboración de al menos dos de sus seis hijos. El mayor, Alejandro, en aquella época un reconocido jugador de rugby, que llegó a jugar en la selección nacional. El otro hijo, Daniel, también era jugador aunque menos conocido.  Arquímedes trabajaba en ese momento como contador (contable) y era un personaje reconocido en San Isidro, un barrio acomodado al norte de Buenos Aires.  

Su primera víctima, en 1982, fue Ricardo Manoukian, precisamente un compañero de Alejando en el equipo del Club Atlético San Isidro (CASI). Como podía delatarlos, lo asesinaron a pesar de cobrar el rescate, de medio millón de dólares. Por Eduardo Aulet, que también era conocido de Alejandro a través del mundo del rugby, cobraron 100.000 dólares, pero el resultado fue el mismo, encontraron su cadáver en la provincia de Buenos Aires.

Su tercera víctima, Emilio Naum, fue asesinado cuando se resistió al secuestro. En el caso de Nélida Bollini de Prado, estuvo 32 días encerrada en el sótano de la casa de los Puccio, encadenada a una cama y en condiciones deplorables. Es la única superviviente, pero nunca habló de su secuestro.

Arquímedes Puccio ya había estado involucrado en otros secuestros antes de la dictadura. En 1973 llegó a ser detenido pero no se pudo probar que estuviera relacionado con el secuestro de Segismundo Pels, directivo de la empresa Bonafide. Es en esa época que conoce a Aníbal Gordon, uno de los integrantes más conocidos de la Triple A y que también aparece en la película.

El director, Pablo Trapero, considera que el clan de los Puccio no hubiera sido posible sin la dictadura militar, “al final, usaron los mismos métodos”. Después de pasar muchas horas confrontando datos con el juez Alberto Piotti, que en los 80 tuvo en sus manos el caso, destacó que el clan Puccio actuó de un modo inédito. No solo usaron la casa familiar para mantener cautivos a sus secuestrados. También estuvo involucrada buena parte de la familia, de forma activa o pasiva.

La justicia solo condenó a Arquímedes y sus dos hijos mayores. Nunca se pudo probar la participación de su esposa, que preparaba la comida a los secuestrados, ni de la hija mayor. De los dos chicos menores, uno se fue del país cuando estaban secuestrando a sus víctimas y nunca volvió. Mientras que la hija pequeña tenía pocos años para ser acusada y responsabilizada.

Todo acabó el 23 de agosto de 1985, cuando la policía entró en la casa familiar y se llevó detenidos a los secuestradores, liberando a la empresaria Nélida Bollini de Prado. Contrariamente a lo que sucedió en los casos anteriores, su familia había avisado a la policía, lo que disparó las investigaciones. Y no fueron suficientes los apoyos y la cobertura que el jefe del clan Puccio tenía todavía en algunos sectores del Estado, como integrantes de los servicios secretos y de las fuerzas armadas heredados de la dictadura.

Cuando la policía entró en la casa de los Puccio la incredulidad se apoderó de los compañeros de equipo de Alejandro Puccio, que durante mucho tiempo se negaron a aceptar la verdad. Uno de ellos, Eliseo Branca, declaró estos días que incluso fue a visitarlo a la cárcel y a darle ánimos, hasta que se enteró que él mismo estaba en la mira de los Puccio como posible secuestrado.

En el vecindario tampoco daban crédito a las noticias. Los Puccio, que vivían a muy poca distancia de la catedral de San Isidro, eran asiduos asistentes a la misa dominical. Y tenían la imagen de una familia de clase media acomodada, muy conocida en el barrio, y apreciada por la celebridad de su hijo deportista.

Arquímedes Puccio murió hace dos años, en libertad, después de pasar 23 años en la cárcel. Los últimos los pasó en una pensión en la localidad de General Pico, en la provincia de La Pampa. Fue acogido por un pastor evangélico y siguió con una manía que adquirió en la época de los secuestros: a toda hora barría la vereda de su casa, una forma de ver si había movimientos raros en el vecindario o se escuchaba algún grito de sus cautivos. Su cadáver no fue reclamado por nadie.

Su hijo Alejandro, que se intentó suicidar cuatro veces –una de ellas arrojándose desde el quinto piso del Palacio de Tribunales-, moriría en el 2008 de neumonía, también en libertad. El otro hijo, Daniel, estuvo preso dos años, pero lo liberaron porque no había sentencia. Cuando finalmente lo condenaron a 13 años, huyó,  estuvo varios años en paradero desconocido y reapareció para pedir un certificado de extinción de la pena. La esposa vive, con 90 años, y es la propietaria de la casa de los horrores, donde estuvieron los secuestrados, pero la tiene alquilada.

Además de la película de Trapero, una serie televisiva sobre el mismo caso está por estrenarse en el canal Telefé. Y, junto al libro de Palacios se han publicado numerosos artículos periodísticos, reflotando el tema y contando la historia real.

Tras su paso por los festivales de Venecia y Toronto, Trapero viajará a España, donde la película participará en el Festival de San Sebastián (18 al 26 se septiembre). Antes estará en Barcelona, donde le harán un homenaje en la Fiesta de la Merced. Para el estreno comercial en España habrá que esperar al mes de noviembre. En Argentina se da por descontado que El Clan es la gran favorita para integrar la lista de candidatas al próximo Oscar.   

‘El Clan’, el nuevo fenómeno del cine argentino
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