lunes 16.09.2019
CSIC

Rescates e incertidumbres en el CSIC

Por Alicia Durán | Los PGE 2014 del CSIC merecen un análisis detallado por estar en el ojo del huracán después de la situación de práctica quiebra técnica.

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Los nuevos PGE 2014, anunciados como los “presupuestos de la recuperación” y en trámite de enmiendas, suponen para la función 46, de Investigación, Desarrollo e Innovación, un aumento de solo el 1,3%, por debajo de la inflación prevista. Aunque el gasto real se incrementa en un 6,5%, con 146,9 millones de euros (M€) añadidos, si se tiene en cuenta el crédito adicional de 104 M€ inyectado al sistema en julio de 2013 para evitar el colapso del CSIC y permitir la convocatoria del Plan Estatal, más los 70 M€ aprobados en el último Consejo de Ministros para completar el “rescate” del CSIC, en realidad estaremos peor que en 2013. Menos dinero, reducción masiva de las plantillas de jóvenes investigadores y técnicos que desaparecen del sistema al término de sus contratos, laboratorios desiertos, tasas de reposición del 10% que ni siquiera se cumplen, convocatorias eternamente aplazadas cuando no anuladas, universidades y OPIs en estado de hibernación, el CDTI congelado; una nueva confirmación del peso nulo de las políticas de I+D+i en la estrategia del Gobierno.

Los PGE 2014 del CSIC merecen un análisis detallado, tanto por ser el mayor centro público de investigación del país, y por tanto el de mayor presupuesto, como por estar en el ojo del huracán después de la situación de práctica quiebra técnica de julio de 2013. Este Organismo sufre un fuerte déficit ocasionado por los sucesivos recortes acaecidos desde 2009, y a los compromisos adquiridos durante estos años de mantener los programas JAE de formación de personal y el programa EQUIPA de renovación de infraestructuras. En 2012 el Presidente del CSIC cifraba este déficit estructural en 150 M€, y proponía un plan de ahorro para hacerse cargo de una tercera parte de esta cantidad. En consecuencia, se solicitaban 100 M€ de inyección presupuestaria adicional para enjugar el déficit y salir de la zona de peligro económico que significa la disminución de los remanentes por debajo de 80 M€. En respuesta a esta situación se hace efectivo el rescate en dos cuotas, 25 M€ en julio y 70 M€ ahora aprobados.

En este escenario se presentan los PGE 2014 y al leer el presupuesto de gastos surge la sensación de que todo queda como estaba, ya que el gasto aumenta en un 0,1% (600.000 €). Pero la respuesta hay que buscarla esta vez en los ingresos, donde se ha producido un aumento sustancial de la subvención del MINECO que suma 50 M€, entre los capítulos 4 y 7 de transferencias corrientes y de capital. Así, a pesar de la reducción de los ingresos propios, sobre todo en contratos con empresas (donde se mantiene el número de contratos pero disminuye drásticamente la asignación por contrato), es posible mantener el gasto y no seguir generando déficit. La situación económica en 2014 será por tanto difícil pero no desesperada; son presupuestos austeros que no permiten crecer en condiciones, pero alivian la presión a la que estaba sometido el CSIC y sus institutos.

Un Organismo que envejece y no se renueva

Porque el problema básico de todos los OPI y particularmente del CSIC, es la continua sangría de recursos humanos, jóvenes investigadores y técnicos que abandonan los centros por finalización de contrato o, en los casos más graves, como el CNIO, por ERE en toda regla. Una generación formada en condiciones equivalentes a nuestros socios europeos y que es muy valorada allí donde acaban, expulsados por el sistema. Con cada investigador o técnico que abandona su carrera profesional la ciencia española se muere un poco; los laboratorios se quedan desiertos, lejos de aquellas épocas de bonanza (y también de despilfarro) donde sobraban becas y los contratos se multiplicaban cual setas en otoño.

Un modelo de crecimiento que, similar al del ladrillo, no pensó en las consecuencias del desmesurado crecimiento. Denostando al funcionariado, la precariedad se convirtió en un valor en alza y llegó a ser sinónimo de excelencia. Hoy ese modelo, arraigado en muchos centros “excelentes” ha explotado, los déficits crecen imparables y se producen despidos y EREs allí donde hace muy poco se exaltaba el modelo de gestión vertical y “privado” de los recursos públicos. El CNIO y el centro Príncipe Felipe son dos ejemplos palmarios, pero también grandes centros del CSIC, que se suman a enormes edificios vacíos y grandes infraestructuras insostenibles, como el Sincrotrón ALBA o el proyecto de  Fuente de Espalación de Neutrones del País Vasco.

El rescate del CSIC por un total de 95 M€ alivia las tensiones presupuestarias del mayor organismo público de investigación del país. En los PGE 2014 aumentan los ingresos del MINECO pero se reducen los recursos propios como consecuencia de la crisis y de la caída de personal en el 20% en solo dos años, desde el inicio de 2012. Por tanto, se mantiene el gasto de 2013, con pequeños cambios. Aumentan las jubilaciones y las perspectivas son que en 2014 se aceleren aún más.

En consecuencia, y aunque hay que considerar que la eliminación del déficit estructural creciente que se arrastraba desde 2009 es una buena noticia desde el punto de vista de la gestión económica, el problema fundamental del CSIC sigue siendo la sangría continuada de personal.

Los jóvenes investigadores y técnicos abandonan los centros al  finalizar su contrato. Los contratos no se renuevan, y crece la diáspora hacia horizontes o países donde se respeta la investigación y el trabajo bien hecho. La otra oportunidad es el exilio interior, con jóvenes profesionales a la búsqueda de un contrato en lo que aparezca, donde convertimos a investigadores en camareros o crupieres. Una generación formada en condiciones equivalentes a nuestros socios europeos y que es muy valorada allí donde acaban, es expulsada por el sistema. Con cada investigador o técnico que abandona su carrera profesional, el CSIC y la ciencia española mueren un poco.

Urge parar la sangría de recursos humanos; hay que reflotar el programa JAE, exigir tasas de reposición que se traduzcan en Oferta Pública de Empleo real y que permitan la renovación de las plantillas, conseguir talento nacional e internacional que permitan al CSIC afrontar los retos que tiene por delante. El más cercano, el nuevo programa europeo Horizonte 2020. No podemos jugar en esta liga con investigadores de 55 años, sin banquillo de refuerzo y sin suficiente personal de gestión especializado. No es posible hacer más con menos, sobre todo con menos gente joven.

Porque además el CSIC no es ajeno a la evolución de los PGE de I+D+i. Unos presupuestos que no permiten poner en marcha el Plan Estatal de Investigación, cuyas convocatorias 2013 siguen sin publicarse y que requerirían una financiación adicional de al menos 100 M€. No hay fondos para la puesta en marcha de la Agencia Estatal de Investigación, incumpliendo el mandato de la Ley de la Ciencia de 2011. No hay dinero, ni voluntad, de reforzar el empleo público, impidiendo la creciente e imparable sangría de jóvenes investigadores y técnicos. No hay dinero ni recursos, no hay gente suficiente, para abordar el enorme reto que significará el nuevo programa de I+D europeo Horizonte 2020. No hay dinero, ni voluntad, de apostar por la innovación apoyando al tejido empresarial que intenta salir de la crisis investigando e innovando y no por la vía de la degradación de los salarios.

Por tanto, el CSIC se mueve entre el optimismo y la incertidumbre. No deberíamos exagerar el optimismo por el rescate cuando los problemas estructurales del CSIC subsisten. Desde CCOO apostamos por el optimismo de la voluntad gramsciano, rescatando lo positivo y continuando la batalla donde sea necesario: en el Parlamento con enmiendas e iniciativas, en los juzgados defendiendo los derechos de los trabajadores, en los laboratorios y en la calle, para evitar la asfixia definitiva del Sistema Español de Ciencia y Tecnología, de sus instituciones y de sus trabajadores. Porque defender hoy al CSIC es defender la ciencia en España, es defender su capacidad para actuar como motor de cambio de un modelo de desarrollo que se base en el conocimiento y en la innovación, donde el trabajo estable, digno, decente, haga posible una sociedad de iguales.

Alicia Durán | Profesora de Investigación del CSIC | Consejera de CCOO en el Consejo Rector del CSIC

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