jueves 6/8/20

Universidad en Latinoamérica: seguimos aprendiendo

Universidad Católica de Chile
Universidad Católica de Chile

Una de las primeras medidas de contención tomadas por los gobiernos latinoamericanos para evitar la rápida propagación del covid-19, incluso antes de declarar el estado de alarma, fue la suspensión de actividades presenciales en centros educativos. Tanto las universidades públicas como privadas acataron la determinación de las autoridades.

Las universidades estatales ante estas disposiciones gubernamentales manifestaron la necesidad de tomar determinaciones, mientras las universidades privadas comienzan a solicitar a sus estudiantes de pregrado y postgrado mantenerse en contacto con las plataformas virtuales, que será donde se continúe el avance académico de los cursos que acababan de iniciarse tras las vacaciones de verano.

En muchas universidades públicas, privadas, indígenas o de régimen especial en Latinoamérica lanzan en sus web mensajes de proactividad y resiliencia ante el establecimiento de cuarentena y confinamiento en los diferentes países. Muestran una actitud positiva ante una crisis eminente y de dimensiones incalculables, que ni se imaginaban, tratando de catastrofismo y negativismo a los que hablaban de lo que se avecinaba y quedaba por enfrentar. Ofrecieron palabras grandiosas de valentía y reinventarse, ponerse a disposición, ofrecimiento de recursos humanos capacitados y tantas otras. Algunas universidades quisieron aportar a la sociedad con propuestas o ventas de alcohol en gel cuando escaseaba, termómetros laser o barbijos en 3D.

La situación que debe enfrentar la universidad le resulta totalmente novedosa, pero también lo es para la sociedad

La situación que debe enfrentar la universidad le resulta totalmente novedosa, pero también lo es para la sociedad. En estos tiempos de incertidumbre generalizada con crisis sanitaria, social, económica, las universidades deberían escuchar a todos los implicados, sobre todo cuando hay cogobierno docente-estudiantil. Se deben tomar decisiones consensuadas que lleven a soluciones constructivas. Pero cuando comenzó el estado de alarma, en muchas universidades publicas dominó la falta de información, la falta de coordinación, la ausencia de lineamientos… lo que facilitó el desarrollo de la incertidumbre entre todos los implicados.

Las universidades, en general, mantienen que ante esta pandemia deben abocarse a lo académico, investigación e interacción social:

En cuanto a lo académico consideran que la universidad debe ser capaz de trasladar el proceso de enseñanza aprendizaje presencial al digital y que la pandemia está agilizando este cambio de modelos, que esta es una oportunidad de romper con la brecha entre países desarrollados y del tercer mundo. En el ejercicio de su autonomía, cada universidad ha desarrollado o no las estrategias que ha considerado para seguir avanzando en su proceso de enseñanza aprendizaje.

Lo académico queda cubierto con los profesores, que ante la situación de crisis y para evitar retraso académico comienzan voluntariamente a utilizar medios y herramientas digitales que algunos venían usando como complemento a la docencia presencial. Sin ningún apoyo técnico, con sus propios recursos se enfrentan a nuevas situaciones que van surgiendo y, de manera rápida, comienzan a desarrollar la docencia digital teniendo que adaptar programas y materiales a la nueva modalidad. Entonces comienza la exigencia de las autoridades: capacitación matinal, vespertina, nocturna, 24/7, sobre herramientas digitales. Habilitan sistemas en línea: de WhatsApp a Zoom, Classroom, etcétera. Cada profesor hace lo que puede y los estudiantes les siguen. Se fue haciendo con esfuerzo, confusión, falta de coordinación y estructuración y a esto lo comenzaron a llamar “virtual”, sin tener muy claro que se entendía por tal.

Ahora preocupan las consecuencias para el próximo curso en determinadas materias, ante la deficiente o al menos no completa o con menor nivel de calidad de este semestre

Y así fue como docentes y estudiantes pusieron de su parte todo lo posible para seguir con el avance del proceso de enseñanza aprendizaje. Ahora preocupan las consecuencias para el próximo curso en determinadas materias, ante la deficiente o al menos no completa o con menor nivel de calidad de este semestre. La nueva enseñanza en línea durante el confinamiento llevó a todos a trabajar más, a realizar sus estudios o trabajo en lugares no siempre preparados para ello: el aula es ahora una habitación llena de hijos o un cuarto que hace de dormitorio, cocina y lo que haga falta. Se dispone de una tecnología no siempre adecuada para estudios universitarios, sin contar con la no siempre estable conexión a internet, que no todos pueden mantener económicamente y puede sufrir altercados: en Bolivia fueron derribadas varias antenas, según algunos por pobladores que consideran que la tecnología 5G transmite covid-19 o según el gobierno por atentado terrorista de grupos de oposición. Y es que en algunos países latinoamericanos los universitarios además de a la pandemia, confinamiento, cambio de enseñanza, tienen que enfrentarse a conflictos sociales, inestabilidad política, dificultades económicas y precarios sistemas de salud que lleva a cuestionarse qué hacer ante la enfermedad después de décadas de aporte docente al seguro sanitario.

Parte práctica de casi la totalidad de las carreras ha perdido calidad y efectividad

Asociaciones y centros internos de estudiantes rechazan la modalidad digital por la imposibilidad de acceso a internet de muchos estudiantes, pero las autoridades insisten en llevar la universidad hacia un modelo digital. Sin embargo, una cosa es cubrir la situación de crisis generalizada ocasionada por el covid-19 y otra es considerar que todo está preparado para una universidad digital y que todos los involucrados están dispuestos a dejar el sistema presencial por otro con grandes problemas de tecnología, acceso, evaluaciones, prácticas, etcétera, pendientes de solución. Y es que la parte práctica de casi la totalidad de las carreras ha perdido calidad y efectividad, pero además hay ciertos estudios, para los que por su propia esencia de conocimiento no es posible proporcionar una formación digital completa.

En cuanto a la investigación, seria buen momento para desarrollarla como aporte en esta situación de crisis generalizada, pero la falta previa de estructura limita esta actividad mucho más en estas circunstancias de confinamiento.

Respecto a las actividades de extensión o interacción social las universidades ofrecen sus estudiantes como voluntarios para actividades en la comunidad y ante el progresivo crecimiento de contagios y fallecimientos comienzan a hacer rastrillaje de casos que se convierten en meros censos dada la falta de recursos médicos y farmacéuticos; en las facultades de medicina los profesores ofrecen sus números de teléfono para información sobre covid-19.

A la universidad ya han llegado los millennials, generación caracterizada por haber nacido y crecido en el mundo digital, que se mueve en el espacio cibernético de manera continuada, permanente, en sus móviles inteligentes. Pero los latinoamericanos estudiantes en universidades publicas solo comparten con estos millennials la edad: sus teléfonos no son de última generación, no todos tienen ordenador en casa y casi ninguno puede disponer de uno para ir a clase. Su manejo de redes sociales como Facebook, Twiter, Youtube o WhatsApp es más para fines de ocio que para cualquier otra actividad.

Según va pasando el tiempo en confinamiento, los profesores encuentran estudiantes encerrados y enclaustrados preocupados por el curso escolar, aumento de trabajos, prolongación del semestre, fechas y modalidad de exámenes. Representantes estudiantiles exigen a las universidades que determinen que va a pasar con las evaluaciones y que acabe con la incertidumbre sobre cómo será el futuro académico

También los docentes se encuentran con otro grupo de estudiantes que están enfrentando la propia enfermedad o de familiares, que en ciertos países de América Latina supone comenzar a vagar por las calles en busca de asistencia sanitaria: encontrar un hospital que les reciba y si disponen de dinero quizás entrar en alguna clínica privada, buscar medicamentos, plasma. Y en todo esto ayudan los grupos de WhatsApp de las asignaturas: mensajes de necesidades de compañeros o familiares: donaciones económicas, medicamentos, plasma.

Durante el confinamiento ingresó dos veces, a la tercera el hospital lo rechaza: al no pasar clases presenciales pierde su derecho sanitario

Cristian tenia leucemia desde el pasado año. Se matriculó este semestre por el seguro médico. Durante el confinamiento ingresó dos veces, a la tercera el hospital lo rechaza: al no pasar clases presenciales pierde su derecho sanitario. Lo llevan al hospital oncológico, empeora y necesita plasma. Sus compañeros lo logran por WhatsApp, pero esa tarde Cristian muere. Ahora la necesidad es otra: dinero. Hasta que no paguen, el hospital no da el cadáver de Cristian a la familia. La comunicación digital universitaria lo consigue.

WhatsApp resulta de gran utilidad para la comunicación docente-estudiantil durante estos tiempos de confinamiento. No para aclarar dudas temáticas o académicas sino buscando apoyo por miedo a la enfermedad, a la muerte, a la discriminación de vecinos por contraer la enfermedad, ansiedad, desanimo o depresión, dificultades económicas, necesidad de comenzar a trabajar o disculpas por no poder participar en clase al ocuparse de familiares enfermos. Un estudio de la Universidad Complutense señala que los estudiantes españoles durante el confinamiento mostraron más problemas económicos, sanitarios o familiares que tecnológicos y que las personas de 18 a 39 años presentaron más ansiedad, depresión o sentimiento de soledad durante la cuarentena, algo que parece concordar con la realidad latinoamericana.

Y por otro lado hay un tercer grupo de estudiantes que no están teniendo contacto con sus profesores y aunque no hay cifras sabemos que tienen problemas de conexión o falta de medios informáticos. Y es que en muchos países latinoamericanos la cobertura de internet es parcial y deficiente. Es por este grupo de estudiantes que los representantes manifestaron su desconformidad con la docencia en línea.

Cierto sector de la universidad mantiene que son tiempos de transición hacia el modelo digital, pero enfrente está la postura de considerar la docencia en línea la forma de enfrentar el confinamiento en tiempos de pandemia, para evitar perder un semestre. En general, los docentes no contemplan el cese del modelo presencial.

La tecnología puede mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje y de investigación, pero antes habrá que analizarlo desde diferentes perspectivas considerando las características del grupo poblacional de estudiantes que acoge la universidad pública latinoamericana. Se necesita una mayor formación digital de docentes y estudiantes pues, aunque se ha logrado el avance de materias todo se ha hecho de manera poco o nada coordinada. Por otro lado, mientras se habla de la digitalización de la universidad a más de cuatro meses de inicio del curso académico hay estudiantes sin inscribir ¿Cómo se puede desarrollar una formación digital sin disponer de una administración organizada y con personal formado en el manejo digital?

También se necesitaría desarrollar una normativa adecuada a la digitalización que considere sus peculiaridades y singularidades, estableciendo nuevos roles y funciones de los involucrados y a la que puedan atenerse todos los estamentos afectados, pues la falta de lineamientos fue una de las principales dificultades encontradas en esta experiencia de formación digital durante el covid-19. Se echa de menos un documento que señale los criterios a seguir para garantizar la calidad de la docencia digital. Se necesitaría establecer estándares de calidad para la docencia universitaria en línea teniendo en cuenta el contexto donde se produce.

Para el cambio hacia el modelo digital se necesita que la universidad disponga, de manera sostenida, de altos recursos económicos que haga frente a las continuas innovaciones tecnológicas y esto, en momentos de crisis económica y social que se extiende por toda Latinoamérica resulta difícil.

La imposición del modelo digital tampoco facilitaría su desarrollo, se hace necesario consensuar con todos los involucrados en el proceso de enseñanza aprendizaje para que acepten y estén dispuestos a abandonar el modelo presencial.

E incluso considerando todo esto algunos opinan que no sería suficiente. Verdegay mantiene que se necesita una alfabetización digital de la población en general y de profesores y universitarios en particular, considera que para poder desarrollar una universidad pública digital (modelo en el que se aplican Tecnologías de Información y Comunicación, TIC, en docencia, gestión e investigación), se necesita una sociedad digitalizada, con recursos tecnológicos y de conexión.

La docencia presencial: permite al estudiante estar en compañía de otros, facilita una formación integral al abrirse la posibilidad de conocer y aprender a moverse en espacios diferentes al propio, a enfrentarse a nuevas situaciones y con personas posiblemente diferentes a las que están en su entorno cotidiano. Todo esto facilita el cuestionamiento, el análisis de la realidad y del conocimiento. En nuestra experiencia en línea la ausencia de dudas, debates o cuestionamientos sobre el tema se han reducido considerablemente y eso en algunas carreras reduce la calidad de formación del estudiante pues la educación universitaria no puede reducirse a una repetición de conocimientos. Compartir generaciones diferentes espacios académicos enriquece no solo a los protagonistas, sino también a la sociedad y al avance del conocimiento. Spencer ya mantenía que “educar es formar a personas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas”.

No obstante, la experiencia digital ha permitido a la universidad seguir realizando su actividad académica durante este primer semestre en confinamiento y aunque muchas materias por su propio conocimiento han estado limitadas, las redes digitales están permitiendo solidaridad y apoyo entre profesores y estudiantes que de otra forma no hubiera sido posible. Por otro lado, el crecimiento continuo de las cifras de contagio y fallecimientos lleva a prever que la suspensión de clases continuara varios meses, llevando a varias universidades a optar por este modelo en línea para el segundo semestre pues la prevención de transmisión de este coronavirus pasa por el distanciamiento físico, limpieza de materiales y espacios cada vez que se usen, resultando dificultoso y engorroso en los campus universitarios, donde todos los espacios son compartidos. Por todo esto se reducirá el tiempo que docentes y estudiantes pasaran en las aulas, quedando para aquellas materias que sea imprescindible la presencia para poder desarrollarlas. Habrá que asumir que las carreras prácticas serán de nuevo las más afectadas en su calidad. La situación llevará de nuevo a la universidad a desarrollar mayoritariamente la docencia digital. Habrá que esperar al próximo año para recuperar la relación cotidiana de empatía entre profesores y estudiantes, más cercana y humana.

Artículo escrito por Gaspar Llamazares, médico y analista político; Gema González, psicóloga; y Miguel Souto Bayarri, médico y profesor de la Universidad de Santiago de Compostela. Son autores del libro "Salud. ¿Derecho o negocio?".

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