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CRÓNICA DESDE BUENOS AIRES

Sampaoli, una metáfora de la Argentina

La eliminación de Argentina en los octavos de final selló el destino del seleccionador.

Imagen: AFA
Imagen: AFA

Argentina demostró en Rusia que todo se dejó a la improvisación y al azar del genio de alguno de sus jugadores

@jgonzalezok | El mismo día de la final en Moscú, que proclamó a Francia como nueva campeona del Mundial de Rusia, y quince días después de que el equipo argentino fuera eliminado en octavos de final por el mismo equipo galo, la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) anunciaba el despido de Jorge Sampaoli como su seleccionador nacional. El controvertido técnico comandó la selección albiceleste durante poco más de un año, con un flaco resultado: en solo 15 partidos el equipo registró siete victorias, cuatro empates y cuatro derrotas, dos de ellas en el Mundial.

Sampaoli tenía contrato firmado hasta el próximo mundial, el de Qatar 2022, pero el fracaso sin ningún atenuante posible hizo inevitable la salida del técnico, aunque éste se resistió dos semanas y fue necesaria una dura negociación para convencerlo y para rebajar sus pretensiones económicas. Al final la indemnización será de algo menos de dos millones de dólares, a pagar en cuotas.

El paso de Sampaoli por la selección argentina estuvo lleno de episodios controvertidos. Empezando por su ruptura de contrato con el Sevilla, una rescisión que causó un enorme malestar en el sevillismo por las formas. Formas que también olvidó en un incidente con la policía en un control de alcoholemia en su pueblo natal -Casilda, provincia de Santa Fe- cuando regresaba de la boda de su hija. En el vehículo, que conducía otra persona, iban más personas de las permitidas, por lo que algunas tuvieron que bajarse. Entre ellas Sampaoli, que se enfrentó a uno de los uniformados gritándole: “Me hacés caminar dos cuadras, boludo, cobrás cien pesos por mes, gil”.

Las imágenes del incidente se viralizaron y llamaron la atención por proceder de alguien con su perfil público, pero también por salir de los labios de una persona que se define como progresista. Su kirchnerismo explícito lo llevó a declarar su admiración por Cristina Kirchner: “siempre me guié por sus valores y los de Néstor”.

Sampaoli tuvo la extravagancia de aplicar el peronismo en la conducción de la selección: “A veces, escuchar un discurso de Perón es mucho mejor que ver un partido de fútbol”, le dijo al periodista Pablo Paván en el libro No escucho y sigo (2015). Y reconoció que para saber cómo conducir a Messi y al resto del equipo tenía como referente a Perón, “que conmovió a tanta gente para pensar y entender que conducir no tiene nada que ver con mandar y obligar, sino que hay que persuadir y seducir”.

El prestigio deportivo de Sampaoli se vino abajo cuando salieron a la luz las desavenencias con parte del plantel de la selección, que llegó al patetismo cuando en pleno partido con Nigeria le preguntó a Messi: “¿Lo pongo al Kun?”, en referencia a Sergio Agüero. El jugador del Barcelona le debió decir que sí, porque poco después el técnico sacaba al actual jugador del Manchester City a la cancha. 

Los analistas y estudiosos recuerdan a estas horas también otro grave error de concepto de Sampaoli, cuando afirmó que la pelota parada no define partidos. Francia salió campeón con un gol al tirar una falta y en todo el mundial hubo más de 20 goles por este mismo medio. De hecho, se habla ya del mundial de Rusia como el de los goles a balón parado.

Pero, más allá del fracaso deportivo de un equipo que aspiraba a ganar este Mundial, el paso de Sampaoli por la selección da para reflexionar sobre un modelo que tiene semejanzas con el propio país. Muchos argentinos pensaron que sus futbolistas, por el solo hecho de ser argentinos, tenían prácticamente asegurado el campeonato. Está claro que Argentina tenía al jugador más importante y talentoso de esta época, Messi, y algunos otros notables, como Agüero o Di María. Pero también hubo jugadores mediocres que no salieron de su medianía y se arrastraron por el campo sin que Sampaoli pudiera darles una directriz, ya que fue variando el esquema de juego casi con cada partido.

Argentina demostró en Rusia que todo se dejó a la improvisación y al azar del genio de alguno de sus jugadores. Seguramente los que mantenían que Argentina era favorita y estaba para levantar la copa tienen el mismo esquema de pensamiento de quienes piensan que el país está destinado inexorablemente al éxito, recordando los ya lejanos tiempos -principios del siglo XX-, cuando el país era el destino de millones de pobres de Europa, deslumbrados por el granero del mundo y la tierra de las oportunidades. Son los mismos que creen que el argentino tiene el talento de resolver cualquier problema no con el esfuerzo, el estudio y la planificación. Y es que hay un dicho popular que asegura que, ante un problema imprevisto, “los argentinos lo atamos con alambre”. Es decir, se improvisa una solución. O se espera un hecho salvador, como el repunte del precio de la soja, que apuntaló durante unos años al gobierno de los Kirchner, gracias a ese inesperado viento de cola.   

De hecho, Sampaoli llegó a escribir en su libro Mis latidos (2018), que no planificaba nada: “Todo surge en mi cabeza cuando tiene que surgir. Brota naturalmente en el momento oportuno. Odio la planificación y cuando leo dos páginas de un libro ya me aburro. Si planifico, me pongo en el lugar de un oficinista”.

Lo extraño es que se confiara la selección argentina a un técnico que es capaz de semejante confesión. O no tan extraño, si se considera que los encargados de su contratación fueran los dirigentes actuales de la AFA, con su presidente, Chiqui Tapia, a la cabeza. Es el sucesor de Julio Grondona, al que la muerte lo salvó de ser uno de los principales acusados en el FIFAGATE.