Miércoles 19.06.2019
crónicaS DE AMÉRICA LATINA | BUENOS AIRES

Paradojas de las elecciones argentinas

Se mantiene la incertidumbre y se agudizan las contradicciones en el oficialismo.

@jgonzalezok | Argentina puede conocer quién será su presidente este próximo lunes, 26 de octubre. O quizá tenga que esperar a una segunda vuelta en noviembre. El vencedor asumirá el 10 de diciembre. Como pocas veces el resultado es incierto y está en juego el fin de una era.

Porque la primera paradoja es que, sea quien sea el que suceda a Cristina Fernández, tendrá un perfil totalmente diferente. Daniel Scioli, Mauricio Macri o Sergio Massa, los tres favoritos, no tienen grandes diferencias de fondo. Incluso comparten pasado político, más cerca del neoliberalismo que de los pibes para la liberación, como les gusta presentarse a los jóvenes que aclaman cada discurso de la presidente y se proclaman como los custodios del modelo.  

En las elecciones primarias del pasado 9 de agosto, el oficialismo del Frente para la Victoria, sacó un 38,41 % de los votos; CAMBIEMOS, la coalición que encabeza Mauricio Macri, llegó al 30,07 %; y         UNA, con Sergio Massa, el 20,63 %. Todos los teóricos dicen que después de unas elecciones primarias el voto tiende a concentrarse en los candidatos percibidos como vencedores, pero los sondeos indican que la intención de voto apenas se ha modificado desde entonces. Por tanto es arriesgado aventurar el resultado. Sobre todo porque no se sabe el destino del millón de votos en blanco que hubo en las primarias. Un porcentaje que en una situación como la actual adquieren una importancia decisiva.

Aunque Daniel Scioli es el candidato de la presidente, Cristina Fernández, no es un secreto que fue por descarte y que parte de la militancia kirchnerista lo desprecia. Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y el referente del colectivo de intelectuales kirchneristas Carta Abierta, dijo este jueves: “Vamos a votar a Scioli desgarrados y con cara larga”. Y adelantó que no le gustan los ministros que ya adelantó el candidato, donde no figuran ni cristinistas ni miembros de La Cámpora, la agrupación juvenil de su hijo, Máximo.

Ya en mayo de 2014 los intelectuales de Carta Abierta se habían pronunciado contra la entonces posible candidatura de Scioli. Uno de los principales dirigentes de La Cámpora, Andrés El Cuervo Larroque, dijo hace unos meses: “si Scioli es presidente me pego fuego en la Plaza de Mayo”. Y las críticas de Hebe de Bonafini, presidente de la organización Madres de Plaza de Mayo fue igualmente fulminante, aunque terminó aceptando la decisión de la presidente de avalar la candidatura.  

Los cortocircuitos en la campaña dentro del propio kirchnerismo fueron varios. El cierre tuvo dos actos diferentes. Con 24 horas de diferencia, aunque compartiendo el mismo ámbito, el estadio Luna Park, primero fueron los kirchneristas puros, con el ministro de Economía, Axel Kicillof y La Cámpora. Este jueves, Daniel Scioli y el peronismo tradicional, con la ausencia de Cristina Fernández. Viajó a la provincia patagónica de Santa Cruz, donde su hijo y su cuñada son candidatos, y cuyo éxito le preocupa más que cualquier otro resultado.

También sentaron mal en la Casa Rosada algunas declaraciones del entorno del candidato sobre futuras negociaciones con los fondos buitre y medidas consideradas intocables, como los impuestos a la exportación de los productos agrícolas, que reclama el sector más dinámico de la economía argentina, o la rebaja del impuesto a las ganancias, una medida con gran impacto en la clase media. La presidente, que protagoniza la campaña aunque no es candidata, le viene marcando además la agenda del futuro gobierno, a lo que Scioli sigue poniendo cara de circunstancias.

En la provincia de Buenos Aires, que concentra casi el 40 % del electorado y que es el bastión tradicional del peronismo, la candidata María Eugenia Vidal, del centroderechista CAMBIEMOS, puede arrebatarle la gobernación a Aníbal Fernández, actual jefe de Gabinete. Éste tiene una de las imágenes más negativas y afronta acusaciones serias de estar ligado al narcotráfico.

Si hay que acudir a una segunda vuelta, significará que Scioli estará en una situación de debilidad respecto a su propio partido. Se le hará notar que no está a la altura del 54 % que consiguió Cristina Fernández hace cuatro años. Al mismo tiempo el candidato necesitará seducir a un electorado no kirchnerista. Y aquí se pueden agudizar aún más las contradicciones. Scioli ha insistido en los últimos meses en presentarse como el hombre que puede garantizar la continuidad del kirchnerismo, aunque se animó en las últimas semanas a sugerir que haría los cambios necesarios.

Pero la presidente no piensa en bajar las banderas. Se planea un gran acto de despedida, para el cual se espera la presencia en Buenos Aires de Nicolás Maduro, Evo Morales y Rafael Correa. Cristina aspira a dejar la Casa Rosada con su imagen de gran protagonista de la historia, convencida de que ella y su difunto marido, Néstor Kirchner, superaron lo hecho por Perón y Evita.

Scioli se define como un centrista y un moderado. Ciertamente tratará de acabar con el aislamiento financiero del país y las prioridades en política internacional ya no pasarán por Caracas o La Habana, aunque ya visitó a algunos de los líderes bolivarianos. Pero el Scioli que todos los argentinos conocen es el que la noche del jueves visitó el programa de variedades ShowMatch, de canal 13 (Grupo Clarín), el amigo de Ricardo Montaner y los Pimpinela, es decir, el reverso de la estética y los valores del kirchnerismo y de Cristina Fernández.  

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