Nuevatribuna

Esto no es Venezuela

Los derechos humanos y Mauricio Macri son incompatibles. Macri en sí mismo es una contradicción, una burla siniestra de la democracia, un grave error que le ha costado a la Argentina un retroceso monumental.

Los derechos humanos y Mauricio Macri son incompatibles

Durante su discurso en Naciones Unidas, en septiembre de 2018, el presidente argentino Mauricio Macri expresó su preocupación por “las fuertes carencias sanitarias y alimentarias en Venezuela”, y aseguró que “la Argentina llevará a la Corte Penal Internacional la situación relativa a los crímenes de lesa humanidad de la dictadura venezolana”. Así mismo, el primer mandatario pidió que Venezuela “reconozca la crisis humanitaria” con el fin de poner en marcha la cooperación internacional “que atienda las necesidades de la gente”.

Apenas dos días más tarde de la exposición oral en la que Macri se mostró como un adalid de los derechos humanos y las libertades individuales, la Universidad Católica de Argentina (UCA) daba a conocer las nuevas cifras de pobreza y desnutrición infantil que se acrecentaron exponencialmente desde que el mismísimo Macri asumió la presidencia argentina. La gendarmería, por su parte, reprimía a fuerza de balas y gases las manifestaciones que los trabajadores despedidos organizaban con el fin de hacer visible la situación de vulnerabilidad generada por las medidas económicas implementadas por el oficialismo.

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El hambre y la indefensión del pueblo venezolano le quitan el sueño al presidente argentino que, sin embargo, no hace mención alguna a las atrocidades que su gobierno está cometiendo contra su propio pueblo. El descaro y la impunidad con la que Macri abre la boca para soltar cada una de las incongruencias ya características de su discurso, no tiene límites. La misma prensa que años atrás buscó dar nombre a la patología que –según sostenían renombrados opinólogos televisivos- sufría la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, reinterpreta ahora la mitomanía del presidente argentino, desplegando un sinfín de artilugios para convertir en creíble lo increíble. Sin embargo la voz oficial reproducida hegemónicamente ya no consigue el objetivo perseguido. El blindaje mediático que cubre las espaldas de Macri se ha hecho endeble durante el último año;  un hueco en el cerco ha dejado a la intemperie a un Mauricio Macri cuya condición de pelele le es ahora imposible ocultar. 

Macri en sí mismo es una contradicción, una burla siniestra de la democracia

Los derechos humanos y Mauricio Macri son incompatibles. Macri en sí mismo es una contradicción, una burla siniestra de la democracia, un grave error que le ha costado a la Argentina un retroceso monumental que la coloca nuevamente en otra de sus peores etapas. ¿Cuál es la autoridad moral del presidente argentino para hablar de dictaduras foráneas? ¿Acaso los crímenes de lesa humanidad que a diario comete su gobierno dejando morir a ancianos sin medicamentos, a niños sin pan, no son tan aberrantes? La respuesta para quienes aún se afanan en defender lo indefendible parecer ser no. El diario Clarín, mentor y leal militante del empresario oligarca que un día decidió reconvertirse a la política sin más condiciones que las que impone el arte de mentir, ha sabido esta semana encontrar la diferencia entre el hambre ocasionado por la dictadura venezolana y el producido por la democracia de Macri. Con el cinismo semántico que lo caracteriza, el autodenominado “Gran Diario Argentino” hace referencia a la situación venezolana: “Comer de la basura, el drama del hambre en Venezuela”. Pocos días más tarde una imagen del hambre argentino se viralizó en las redes sociales. Para Clarín no se trata del mismo hambre. Según los escribas a sueldo del oficialismo, existe una suerte de “tendencia”, de “moda”, de “pasión”.  El título reza “Pasiones argentinas. La decencia de los que buscan entre la basura”.

Aún con el ejército militando de sol a sol para evitar que la verdadera cara de Macri quede al descubierto, al presidente argentino le ha crecido tanto la nariz que ya no hay máscara que puede ocultar su rostro. Y entre mentira e imbecilidad, son sus propios votantes los que han salido a la calle, los que ahora hacen sonar las cacerolas, quizás contra su propia idiotez. Mauricio Macri es el hambre en democracia, es la violación sistemática y planificada de los derechos humanos, es la estafa a un sistema que a la Argentina le ha costado sangre, sudor y lágrimas. Los basurales de los extrarradios sirven de “comedor” para cientos y miles de niños a los que el modelo neoliberal ha excluido, la desesperación de los jubilados ha provocado suicidios que la prensa oficial no mencionó ni mencionará. El escenario es el mismo en el que se desarrollan las más miserables dictaduras. Sin embargo no es la Venezuela de Maduro, sino la Argentina de un Mauricio Macri al que ya no le cree ni su propia madre.