Nicaragua hermosa y muy poco conocida

Managua quiere ser otra ciudad, y poco a poco algo de ello ha ido consiguiendo. Pero le falta un aspecto fundamental: vencer el miedo a crecer hacia arriba.

Hoy, lo que gobierna Nicaragua, es una confluencia de intereses, con una economía liberal donde los grandes negocios se encuentran muy cómodos y tienen estabilidad garantizada para desarrollar sus inversiones

Managua, que tras el desastre del terremoto de 1972 quedó convertida en una ruina, está rejuveneciendo con las nuevas avenidas, el Puerto Salvador Allende, y todas las obras que le han acompañado.

Managua quiere ser otra ciudad, y poco a poco algo de ello ha ido consiguiendo. Pero le falta un aspecto fundamental: vencer el miedo a crecer hacia arriba. Algo que hoy, con las técnicas modernas anti sísmicas, ya no tiene ningún sentido que Managua no lo aproveche para ordenar su crecimiento en base a construcciones de tres alturas, o incluso de más en determinadas zonas. Ello daría solución a múltiples problemas.

El primero de ellos, el de la extensión tremenda de la ciudad y la necesidad de horas de transporte para moverse por ella. No conozco los costes que ello conlleva a nivel global, pero seguro que han de ser muy importantes. Sin contar, además, el deterioro que ello representa para la calidad de vida de [email protected] nicas.

El segundo aspecto, ligado al anterior, es la necesidad de una red pública de transporte que pudiera cubrir ese nuevo proyecto de ciudad que es tan necesario llevar a cabo en Managua. Con carril, prioritario o exclusivo, para ese transporte público de gran capacidad y sin contaminación, de forma que realmente facilite la vida de sus [email protected]

Este si sería un gran proyecto para el País, y que además podría ayudar a situar a Managua en el mapa centroamericano, donde ahora mismo son Panamá y Costa Rica los que ejercen de polo de atracción, financiera o turística, para toda la Región.

Además debería permitir poner en marcha una nueva política de vivienda, que permitiera dar solución a gran cantidad de familias, mono parentales, que no tienen hogar propio, a pesar de desearlo,  y que tienen que seguir viviendo bajo el techo del clan familiar (fundamentalmente mujeres), porque los hombres, siguen esquivando  sus responsabilidades paternales, sin que pase casi nada por ello…

Siempre, en mis viajes, suelo interpretar también la clave política de los países que visito. Y hay cuestiones que se repiten independientemente del supuesto signo político de los gobernantes de turno. Si, no en todos los casos es así, pero a veces sucede. Y ésta es una de ellas.

De la Nicaragua política, el comentario más amable que se puede hacer, sería el de que cabalga con rumbo firme y decidido hacia un régimen liberal-conservador en lo económico; de amiguetes respecto a la resolución de conflictos…, y tristemente, sin ningún vestigio de lo que fueran los compromisos de la revolución sandinista.

Bajo la etiqueta de la “reconciliación” (que suena muy bien) aparecen toda una suerte de privilegios para los de siempre, con el objetivo de que se sientan a gusto y sus inversiones bien seguras y con mano de obra muy barata: el sueldo normal es de poco más de cien dólares mensuales, y en según qué trabajos se pueden alcanzar los doscientos…, seis mil Córdobas al mes cobrados en dos quincenas, porque la realidad es tan acuciante que no sería posible pasar esperando un mes para poder cobrar…

Y la otra pata del sostén del gobierno “seudo sandinista”, son las iglesias cristianas a las que no deja de hacer guiños con la propaganda oficial de la pareja presidencial: reconciliación, cristianismo y socialismo. Tal que así figuraba en la campaña electoral y sigue estando colgada la propaganda en las calles y avenidas de Managua.

Así que comprenderán que no se hable de privilegios; por aquí la iglesia sigue siendo “la de la resignación cristiana”, y que además, a pocos les preocupe el poco o ningún control del gasto público…

Los pocos sandinistas de pro que me encontré, los que exigen mayores controles, y que la educación pública sea de calidad, o que la corrupción sea perseguida… Son marginados y combatidos con una especial saña.

Puede servirnos de ejemplo Ernesto Cardenal. Sandinista comprometido con la pobreza y con la Teología de la Liberación. En Nicaragua, hoy es un personaje molesto para el gobierno. Que trata, espero que inútilmente, que se convierta en un personaje olvidado en lugar de estudiado como ejemplo de vida. Pero claro, Ernesto ha osado criticar la endogamia en el poder y el robo que han perpetrado en Solentiname en contra de la Comunidad para favorecer un proyecto privado… Y eso, las mentes soberbias no lo pueden tolerar.

Hoy, lo que gobierna Nicaragua, es una confluencia de intereses, con una economía liberal donde los grandes negocios se encuentran muy cómodos y tienen estabilidad garantizada para desarrollar sus inversiones.