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martes. 28.06.2022
CAE LA POPULARIDAD DE LA MANDATARIA BRASILEÑA

Dilma Rousseff, la crisis menos pensada

Un millón de personas protestaron en Sao Paulo y pidieron el juicio político a la presidente por su presunta responsabilidad en el escándalo de Petrobrás.

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Se cumple la regla de que la corrupción se tolera en tiempos de bonanza económica e indigna en momentos de crisis, como los que está viviendo Brasil

@jgonzalezok | Cientos de miles de personas se manifestaron este domingo en las principales ciudades de Brasil en al menos veinticinco estados y el distrito federal, reclamando por un cambio y protestando por la corrupción. En la avenida Paulista, la principal arteria de Sao Pãulo, la Policía Militar estimó que se reunió un millón de personas.

En Río de Janeiro los manifestantes protestaron en la playa de Copacabana, aunque su número –unos 15.000- fue mucho menor que en la capital paulista. Algunos manifestantes gritaban “Fora Dilma” y “Fora PT”. También se cantó una canción mítica en la lucha contra la dictadura militar, con la letra adaptada a las circunstancias.

Las protestas fueron, en general, pacíficas, sin ningún incidente notable. Aunque las consignas mayoritarias fueron contra la corrupción y contra las medidas de ajuste, también hubo algunas consignas golpistas, lo que indica que grupos de la ultraderecha se sumaron con entusiasmo al movimiento de protesta.

Veintitrés años después del juicio político contra el entonces presidente de Brasil, Fernando Collor de Mello, el país discute abiertamente la posibilidad de someter a la actual mandataria, Dilma Rousseff, al mismo proceso. No han pasado cinco meses desde que las elecciones generales le dieran el 51,64 % de los votos válidos, pero dos cosas fundamentales cambiaron el humor social: el plan de ajuste que está intentando poner en marcha el gobierno, y que no estaba previsto en el programa de campaña; y lo que se sabe ahora del esquema de corrupción en la compañía estatal Petrobrás, es mucho más de lo que la opinión pública parece estar dispuesta a tolerar. Se cumple la regla de que la corrupción se tolera en tiempos de bonanza económica e indigna en momentos de crisis, como los que está viviendo Brasil. 

La popularidad de Dilma está cayendo de forma reiterada en las últimas semanas: entre diciembre y enero, cayó 19 puntos, su imagen positiva es de solo un 23 % y la negativa del 44%. Es la más baja popularidad de un presidente en ejercicio desde Collor de Mello. Después de algunos cacerolazos, mientras pronunciaba un discurso por el Día Internacional de la Mujer, fue recibida con abucheos en el Salón de la Construcción de Sao Paulo.

Cuarenta y ocho horas antes de estas manifestaciones del domingo, hubo también concentraciones de apoyo al gobierno, aunque su número fue claramente inferior.  Fueron convocadas por sindicatos oficialistas, el Movimiento de los Sin Tierra y otros grupos menores, bajo el lema “En defensa de Petrobrás”. La escasa participación seguramente tuvo que ver con la nueva política económica del gobierno de Dilma Rousseff, que contempla recortes en el seguro de desempleo y las pensiones, además de otros ajustes dolorosos.

Aunque las manifestaciones contra la presidente contaron con el apoyo del principal partido opositor, el PSDB de Aécio Neves, la iniciativa se gestó en las redes sociales. El gobierno habló de intentos de desestabilización y de querer una tercera vuelta en las elecciones. “La elección se terminó y no puede haber un tercer turno de elecciones, a no ser que se quiera una ruptura democrática”, dijo Dilma. Pero el mismo domingo también admitió el derecho a las manifestaciones pacíficas, recordando que esto no era posible en otros tiempos. 

Horas antes de las protestas, el diputado Jair Bolsonaro presentó el pedido de impeachment en la Cámara de Diputados, basando su petición en “la falta de probidad” del gobierno en el caso Petrobrás. Esta es una de las causas previstas por la Constitución para el juicio político. Bolsonaro, diputado del PP (Partido Progresista) es conocido por sus comentarios misóginos y su defensa del gobierno militar.

La mesa directiva de la Cámara debe decidir si acepta la petición pero el presidente del Congreso, Eduardo Cunhna, ya adelantó que archivaría cualquier iniciativa en ese sentido.

Para el vicepresidente, Michel Temer, el impeachment o juicio político contra Dilma “es algo absolutamente inviable, impensable, y supondría una ruptura del proceso institucional”. 

El país está casi en recesión, con varios años de muy pobre crecimiento y el pronóstico para este año es que el PBI se contraiga un 0,66 %. La previsión de inflación es del 7,7 % y la devaluación del real llegó al 30 % en solo unos meses. La receta del ministro de Economía, Joaquim Levy, se basa en los recortes, especialmente a los subsidios y los planes sociales –excepto el emblemático Bolsa Brasil-, que eran distintivos de los gobiernos del PT.

“Brasil pasa por un momento difícil, más difícil que los que tuvimos en años recientes, pero estamos lejos de vivir una crisis de las dimensiones que algunos dicen que estamos viviendo”, argumentó Dilma estos días, al tiempo que defendía su programa de ajuste.

La posición de Petrobrás, una empresa muy avanzada tecnológicamente, sobre todo en la explotación de petróleo en el mar, es muy complicada a causa del escándalo. Las calificadoras de riesgo rebajaron la nota de la compañía, no se conocen sus últimos balances y la empresa no tiene acceso a los créditos de los mercados internacionales.

Más de medio centenar de políticos están siendo investigados por su participación en la corrupción de Petrobrás, muchos de ellos del oficialista PT, como el tesorero, João Vaccari. Pero también de partidos aliados del gobierno, como Renán Calheiros, presidente del Senado y Eduardo Cunha, titular del Congreso, ambos del PMDB. Hay doce senadores y 22 diputados en funciones, así como dos gobernadores.

Las manifestaciones recuerdan el clima previo al mundial de fútbol, en 2913, cuando las protestas comenzaron por la subida del precio del transporte, pero terminó incluyendo otros temas, como los gastos excesivos de la cita futbolística. Las protestas cesaron con el mundial, pero conocen ahora una reedición. Esta nueva ola de protestas sorprende por la cercanía de las elecciones y porque se da de bruces con la idea de un Brasil que había entrado en la prosperidad y era un ejemplo de éxito.

Dilma Rousseff, la crisis menos pensada