lunes 10/8/20
CRóNICAS DE AMéRICA LATINA | JAVIER M. GONZáLEZ

Cristina Fernández no quiso un representante oficial en la marcha de París

El ministro de Exteriores, Héctor Timerman, de paso por Francia, participó a título personal.

Héctor Timerman firmó París en el libro de condolencias.
Héctor Timerman firmó París en el libro de condolencias.

@jgonzalezok | La reacción argentina al atentado contra la revista francesa Charlie Hebdo, aunque formalmente contundente, no dejó de ser excesivamente formal y se ha desvirtuado en los últimos días, reflejando las contradicciones de la política exterior. El comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores afirmaba que se condenaba “el bárbaro ataque terrorista”, aunque no se hizo referencia al hecho de que el objetivo fuera una revista y las repercusiones para la libertad de expresión, como sí destacaron la mayoría de los gobiernos. Horas después, otro comunicado condenaba –y pedía que lo haga todo el mundo- el atentado en Nigeria de los islamistas de Boko Haram, donde murieron 19 personas. Este inusual celo por condenar actos terroristas fuera de las fronteras argentinas, se hizo “con el mismo vigor y las mismas convicciones “.

La aversión del kirchnerismo por la prensa independiente explica el primer comunicado. En los últimos años no ha habido discurso oficial o declaración de funcionario que no contenga alguna embestida a los medios no controlados por la Casa Rosada, que son los únicos que están publicando los numerosos casos de corrupción que golpean en lo más alto al gobierno de Cristina Fernández. La relación de la mandataria con algunos caricaturistas locales también conoció momentos de suma tensión. El reconocido dibujante Sábat, por ejemplo, fue objeto de la ira presidencial por alguna de sus ilustraciones.

La presidente, Cristina Fernández, habitualmente muy activa en Twitter y que suele opinar de todo, guardó silencio sobre los atentados de París. Para justificar este mutismo, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, se limitó a recordar el comunicado de la cancillería y el hecho de que el ministro de Exteriores, Héctor Timerman, firmó en París el libro de condolencias.

Diversas figuras ligadas al gobierno aportaron también su cuota de polémica sobre la interpretación de los atentados en París. Hebe de Bonafini, de las Madres de la Plaza de Mayo, siempre presente en los actos oficiales, declaró que repudiaba los crímenes, pero añadió que “la Francia colonialista no tiene autoridad moral para hablar de terrorismo criminal”. La señora de Bonafini tuvo similar reacción cuando los atentados del 11 S del 2001, en Nueva York contra las Torres Gemelas. Entonces declaró: “yo estaba con mi hija en Cuba y me alegré mucho cuando escuché la noticia. No voy a ser hipócrita con este tema, no me dolió para nada el atentado”.

Polémicas fueron también las declaraciones de Florencia Saintout, decana de la facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata y concejal en dicha ciudad, que integra el sector más radical del kirchnerismo, y que afirmó: “Los crímenes jamás tienen justificaciones, pero sí tienen contextos”. Luis D´Elía, exdirigente piquetero que también integra el elenco oficial, cargó contra los dirigentes mundiales que participaron en la marcha de la capital francesa: “Parece joda (broma), Netanyahu, Rajoy, Cameron, Merkel y Hollande encabezando una marcha por la paz contra el terrorismo”.

En un programa ultraoficialista del canal 7, la televisión pública, se fue aún más lejos al sugerir que podría haber sido un autoatentado. Uno de los panelistas, Edgardo Mocca, afirmó: “el incendio del Reichtag en Alemania fue el comienzo de la barbarie nazi; acusaron a los comunistas de incendiar el Reichtag y a partir de allí se desató el vendaval criminal que terminó en lo que todos sabemos”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman, que estaba en China cuando sucedió el atentado e hizo escala en París –donde vive una de sus hijas-, salió en las últimas horas a tratar de aclarar informaciones que indicaban que había sido invitado formalmente a integrar la marcha del domingo, y que no tuvo autorización de la presidente, Cristina Fernández. Al publicarse esta información, Timerman afirmó que no fue así y que participó a título personal, con familiares y amigos. Al firmar en el Quai d´Orsay –sede del ministerio de Relaciones Exteriores francés- el libro de condolencias, se le preguntó si integraría la manifestación, a lo que respondió que debía consultar con Buenos Aires.

En la marcha hubo más de un millón y medio de personas, incluyendo representantes de 45 países, y Timerman era el único canciller latinoamericano presente en París. En la manifestación que se hizo en Buenos Aires, en simultáneo con la de París, tampoco hubo ningún funcionario del gobierno nacional.

Las relaciones exteriores de Argentina están marcadas estos últimos años por el aislamiento, más allá de los lazos con Rusia, China y algunos países de la zona –no con todos-, como Venezuela o Ecuador. El vínculo con Estados Unidos está en el congelador y las relaciones son distantes también con la Unión Europea. Curiosamente, Francia era el único país del bloque que apoyó a Argentina en las negociaciones del año pasado que permitieron un acuerdo con los deudores del Club de París.

El presidente de Francia, François Hollande, tiene previsto visitar Buenos Aires el próximo mes de marzo. Si se mantiene la visita, sería el único dirigente de Europa occidental en poner los pies en suelo argentino en los últimos años. Francia también trató de echar una mano a Argentina en su conflicto con los fondos buitre.

En declaraciones a InfobaeTV, el ex canciller del gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989), Dante Caputo, calificó la política exterior argentina de desastrosa y calamitosa. Consideró “sorprendente, triste y preocupante”, que las autoridades argentinas se limitaran a emitir un comunicado frío, formal y de rutina después de la matanza de Charlie Hebdo. Recordó que Argentina sufrió el atentado más grave de toda la historia de Latinoamérica –contra la AMIA, una mutual judía, en 1994- y subrayó que el comunicado del gobierno denotó cierta decisión de tomar distancia de un episodio “que no es solo un asunto francés, sino internacional”.

Cristina Fernández no quiso un representante oficial en la marcha de París