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La crisis argentina empuja a Macri a pedir ayuda al FMI

El Fondo está asociado a los peores momentos de crisis del país.

Todavía está en la memoria de la mayoría de los argentinos que el Fondo ayudó a la última dictadura militar y que en la crisis del corralito, el FMI fue quien dio el empujón definitivo para que Argentina se precipitase en la peor crisis de su historia contemporánea

@jgonzalezok | La decisión del presidente argentino, Mauricio Macri, de pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI,) es la más difícil de las que tomó en sus dos años largos de gobierno. En primer lugar, porque significa el fracaso de su plan económico y le complica la idea de su reelección; pero también porque la relación histórica del país con dicho organismo evoca las peores pesadillas.

Macri anunció su intención de negociar un préstamo con el FMI en un breve mensaje televisivo, grabado previamente. Evitó la cadena nacional, que hasta ahora nunca usó, para no agregar dramatismo a la situación. Todavía se desconoce qué tipo de acuerdo se negociará, así como el monto, aunque se especula con que se sitúe entre los 20.000 y los 30.000 millones de dólares. El presidente argentino argumentó que las condiciones internacionales se han deteriorado con la subida de las tasas de interés y del precio del petróleo, así como la devaluación de las monedas de países emergentes, “variables que nosotros no manejamos”. Y subrayó que Argentina es uno de los países del mundo que más depende del financiamiento externo, “producto del enorme gasto público que heredamos y que estamos ordenando”.

Antes de volar a Washington para negociar con el FMI, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quiso espantar los fantasmas del pasado, al asegurar que el Fondo de hoy no tiene nada que ver con el de hace 20 años. Pero lo cierto es que todavía está en la memoria de la mayoría de los argentinos que el Fondo ayudó a la última dictadura militar y que en la crisis del 2001-2002 (corralito), el FMI fue quien dio el empujón definitivo para que Argentina se precipitase en la peor crisis de su historia contemporánea.

Hagamos un breve ejercicio de memoria. El gobierno del presidente Fernando De la Rúa había recibido (diciembre del 2000) un préstamo de 40.000 millones de dólares. En agosto del año siguiente, el entonces director gerente del organismo, Horst Köhler, recomendaba ampliar en 8.000 millones de dólares la línea de crédito que el Fondo mantenía con Argentina. Pero solo tres meses después (noviembre del 2001), el FMI le negaría al gobierno el respaldo para la reestructuración de la deuda, antes de anunciar (5 de diciembre) que no liberaría un desembolso pactado con Argentina de 1.264 millones de dólares, ante la falta de cumplimiento de las metas fiscales.

El país quedó, de esta manera, al borde de la suspensión de pagos. Aunque el 14 de diciembre, casi en el límite, Argentina lograba llegar a tiempo y pagar el próximo vencimiento de la deuda, la crisis se desató en todo el país en los siguientes días, con saqueos a supermercados y manifestaciones que dejaron un saldo de casi 40 muertos.

Pasaron unos años y, en 2006, el gobierno de Néstor Kirchner saldó de una sola vez la deuda que Argentina tenía con el FMI, que ascendía a 9.810 millones de dólares. El fallecido presidente sostuvo que liquidar esta deuda era un paso “para mirar sin imposiciones, con autonomía y tranquilidad, sin urgencias impuestas, sin presiones indebidas, la marcha de nuestro futuro”. En otras palabras, no quería ver nunca más a los técnicos del Fondo por Buenos Aires, inmiscuyéndose y opinando sobre las políticas económicas de su gobierno. Eso sí, liquidó la deuda con el FMI de manera anticipada, cuando se pagaba un 4% de interés, pero después tomó préstamos de Venezuela al 14% anual.

Tradicionalmente el Fondo pidió despidos en el Estado, congelamiento o rebaja de salarios, reforma laboral y meter mano en las jubilaciones y los planes sociales

Tras la devaluación del peso y las primeras medidas de ajuste anunciadas la semana pasada, las perspectivas de aquí en adelante son muy preocupantes para Argentina. Se teme que el Fondo pueda imponer más ajustes, que afecten a la población. Tradicionalmente el Fondo pidió despidos en el Estado, congelamiento o rebaja de salarios, reforma laboral y meter mano en las jubilaciones y los planes sociales.

Antes, incluso, de la llegada del préstamo del FMI, la devaluación y la sideral subida de las tasas de interés empezaron a surtir efecto sobre los principales indicadores económicos y sociales. Argentina tiene la segunda inflación más alta del mundo -después de Venezuela- y la tasa de interés, del 40 %, prácticamente dobla la los de países que le siguen en la lista: Surinam (25 %), Venezuela (21,7 %) y Haití (20%). En los dos años pasados, Argentina fue el país que más deuda emitió, 59.138 millones de dólares, el doble que Arabia Saudí, que fue el segundo. El tamaño de la deuda era en 2017 del 28,5% del PBI.

Hasta ahora, el gobierno argentino financió el déficit con préstamos internacionales, confiando en la llegada de las inversiones para fomentar el empleo y el consumo. Pero los capitales que llegaron fueron, fundamentalmente, al sector financiero, y la mayoría con fines especulativos. Entretanto se disipó la posibilidad de controlar la inflación y quedaron en el camino 7.800 millones de dólares en reservas -el 12% de las reservas brutas-, vendidas sin éxito para controlar el desplome del peso.

La oposición peronista, que no asume la parte de su culpa en forma de la herencia que dejaron 12 años de gobierno de los Kirchner, se opone al acuerdo con el Fondo. Avisa que el acuerdo con el FMI debe pasar por el Congreso y que ahí se dará una dura batalla. El gobierno, sin embargo, sostiene que no es necesario que el parlamento apruebe la toma de deuda, toda vez que se hará con cargo al Presupuesto y no con reservas. En todo caso será una oportunidad que se le presenta a la oposición para tratar de lograr una unidad de acción. Nada como un objetivo común para olvidar diferencias y centrarse en el propósito  máximo de recuperar el poder.

Es previsible que aumente la protesta social y que la bandera contra el FMI una a sectores como el kirchnerismo, los trotskistas, parte del sindicalismo y grupos piqueteros

Es previsible que aumente la protesta social y que la bandera contra el FMI una a sectores como el kirchnerismo, los trotskistas, parte del sindicalismo y grupos piqueteros. Sobre todo, con una inflación que superará en mucho el 15 % de los numerosos convenios colectivos de trabajo firmados en las últimas semanas. También hay que esperar que vuelvan a aumentar las cifras de pobreza e indigencia, que habían empezado a mejorar en los últimos meses.

Afortunadamente para la estabilidad institucional del país, no se ven sectores importantes que empujen por un fin abrupto del gobierno. Las próximas elecciones serán a finales del 2019, y la mayoría reza por que el de Macri sea el primer gobierno no peronista que logra terminar su mandato con normalidad. Pero no hay que olvidar que hay sectores peronistas que en el pasado conspiraron contra los gobiernos de Alfonsín y De la Rúa, que obligaron a adelantar el fin de sus mandatos. Y que desde el comienzo del actual gobierno se conformó el conocido popularmente como El Club del helicóptero, que sueña con el peor de los destinos para Macri.