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miércoles. 17.08.2022
crónicaS DE AMÉRICA LATINA | BUENOS AIRES

La Corte Suprema frena el tarifazo de Macri

Es la principal derrota del presidente argentino en los ocho meses que lleva gobernando

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Protestan en Argentina contra el tarifazo impuesto por Gobierno de Mauricio Macri

La Corte le ha exigido al gobierno que antes de establecer un nuevo cuadro tarifario realice una audiencia pública, como establece la ley

@jgonzalezok | El tarifazo que el gobierno del presidente Mauricio Macri implementó para el gas, la electricidad y el transporte, ha sufrido un primer revés con la decisión de la Corte Suprema de suspender el aumento en la tarifa del gas residencial. Estas tarifas estaban virtualmente congeladas desde 2003. La Corte le ha exigido al gobierno que antes de establecer un nuevo cuadro tarifario realice una audiencia pública, como establece la ley. El gobierno ya anunció que esto podría concretarse en tres semanas.

Los consumidores residenciales suponen solo el 26 % del total, con lo que las industrias y el comercio, es decir, los grandes consumidores, deberán pagar las nuevas tarifas, con los aumentos. Pero no se descarta que estos sectores acudan a la justicia para verse amparados también por un fallo similar de la Corte.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, destacó que el fallo del máximo tribunal significa que las instituciones funcionan y que hay un respeto a la separación de poderes. No hizo ninguna referencia a los gobiernos anteriores, de Néstor Kirchner y su viuda, Cristina Fernández, pero la comparación fue evidente. En cualquier caso es la primera derrota importante del gobierno de Mauricio Macri en los 8 meses que lleva al frente del país. Y en breve podría haber un nuevo fallo de la Corte sobre las tarifas eléctricas, que también sufrieron subidas considerables.

En un artículo de opinión en el portal Infobae, el economista Dante Sica, titular de la consultora Abeceb, consideró que la decisión de la Corte Suprema “tendrá un impacto negativo sobre los tres ejes centrales del programa económico: la baja del déficit fiscal, vía reducción de subsidios, el estímulo a la inversión y la normalización de la política energética para generar oportunidades para un sector de elevada potencialidad”.

Los aumentos de tarifas se produjeron al mismo tiempo que la inflación seguía fuera de control y todos los indicadores socioeconómicos se deterioraban de forma considerable. Pero lo cierto es que los argentinos hace años que vienen pagando precios irreales por la energía, sin ninguna relación con el costo de estos servicios.

La inflación entre 2003 y 2015 fue del 274,03 %, mientras las tarifas de los servicios públicos se mantuvieron virtualmente congeladas. Un reciente estudio de la Universidad de Belgrano estableció que el consumidor particular de la capital argentina, paga por metro cúbico un 35 % del valor promedio de la región. Mientras se congelaba el precio de la energía, otros productos, como el pan, subieron hasta el 2.000 % en este mismo período.

El congelamiento de las tarifas de los servicios fue posible por los subsidios indiscriminados del Estado, que paralelamente llevaron a un déficit en las cuentas públicas de dimensiones extraordinarias. Y a una desinversión y descapitalización en el sector energético, que provocó un deterioro igualmente alarmante, con servicios de calidad paupérrima. Los cortes de energía -gas y luz- fueron moneda corriente en los picos de máximo consumo, tanto invierno como verano.

En el caso concreto del gas, Argentina pasó de producir 52.000 millones de metros cúbicos de gas en 2004 a 43.000 millones en 2015. Al comienzo del gobierno de Néstor Kirchner, Argentina producía más gas que Bolivia y exportaba a Uruguay y Chile. El año 2006 fue el último en el que el país tuvo autoabastecimiento de energía. Al final del ciclo comenzó a importar de Bolivia y Chile, además de otros destinos lejanos y carísimos.

Entre 2006 y 2015 el gobierno anterior gastó 139.000 millones de dólares para subsidiar la energía y el transporte. Solo este último año el gasto por este concepto fue de casi 22.000 millones de dólares, equivalente a cuatro puntos del PBI. Los subsidios, además, beneficiaron a los sectores que menos lo necesitaban: los habitantes de la capital y el Gran Buenos Aires, mientras que los más pobres tenían que comprar garrafas (bombonas) de gas, cuyo precio no estaba subvencionado. El subsidio por habitante en la capital triplica al recibido por las provincias del norte, las más pobres del país.

A pesar de que los aumentos en las tarifas de gas suponen mucho en porcentaje, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, aseguró en un reciente debate parlamentario sobre el tema que el 87 % de los argentinos había recibido sus facturas de gas por sumas menores a los 500 pesos, es decir, unos 30 euros. Y desde el gobierno se destaca que existe una tarifa social para los sectores más pobres de la población.

En los últimos años Argentina acabó con la sustentabilidad del sistema energético. Como dijo Daniel Montamat, ex Secretario de Energía en el gobierno de Fernando De la Rúa, la crisis energética es un clásico del populismo: “por imperativo de construcción de poder, el populismo entrampa precios y tarifas, vuelve contingentes las reglas y subordina la planificación estratégica a las necesidades coyunturales”.   

La Corte Suprema frena el tarifazo de Macri
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