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miércoles. 28.09.2022

Las circunstancias y repercusiones de la muerte de Hugo Chávez, posiblemente no encuentren otro antecedente que la desaparición de Evita. Las masas que se han movilizado, incluso el anuncio del fallecimiento de ambos -se usó la misma expresión: en el momento de dar cuenta de la hora de la muerte, se dijo que en ese momento habían entrado en la inmortalidad-, todo apunta a un mismo fenómeno. El Mesías de los pobres –Chávez-, recuerda a la abanderada de los descamisados –Evita-, de una forma indiscutible.

Será embalsamado y se le exhibirá en el Museo de la Revolución

No en vano Chávez se declaró admirador del peronismo, movimiento con el cual tuvo numerosas similitudes. Chávez y Perón fueron militares, de origen humilde, que antes de pasar por las urnas participaron en movimientos golpistas contra gobiernos civiles. Con importantes recursos retóricos, ambos lograron entusiasmar a las masas. Y la bonanza económica -Perón se encontró con los pasillos del Banco Central lleno de oro, Chávez coincidió con un alza muy importante del precio del petróleo- les permitió repartir a manos llenas entre los descamisados y los habitantes de los ranchos miserables que pueblan los cerros que rodean Caracas.

Para abonar el mito del Centauro de Barinas, Chávez, además, murió relativamente joven, a los 58 años. Antes de caer enfermo estaba pletórico de fuerzas y en el punto más alto de su proyecto político. Fue mucho mejor orador y agitador que administrador. Virtudes más importantes a la hora de forjar un mito. Y murió en momentos en que todavía podía repartir recursos sin control. Es sabido que los gobiernos populistas coinciden con épocas de expansión económica y que su ocaso coincidió siempre con períodos de vacas flacas. Pero en el ideario colectivo, seguramente pasará lo que sucedió en Argentina, donde el peronismo sigue siendo la opción política mayoritaria, gracias al recuerdo de un pasado que se recuerda feliz. Da igual qué versión del peronismo, incluyendo al de López Rega e Isabelita o al de Carlos Menem. El chavismo también se ha convertido ya en un sentimiento y está más allá de eventuales dificultades.

Pero con una diferencia importante: el chavismo es más personalista que el peronismo. A pesar de que gobernó más tiempo que el general Perón, la Revolución Bolivariana no se institucionalizó, simplemente ocupó espacios de poder, bajo la estricta dirección del líder máximo. Otra diferencia importante es que Chávez logró el apoyo del ejército, modelándolo y partidizándolo, mientras que Perón perdió la batalla contra unas fuerzas armadas que siguieron siendo la expresión de la oligarquía.

Los dos, Chávez y Perón, trascendieron los límites de sus países. No solo inspiraron otros movimientos políticos en el continente. En el caso argentino, la llamada Tercera Posición, antecesora del Movimiento de Países No Alineados. Y Chávez, con el antiimperialismo como bandera y el llamado Socialismo del Siglo XXI, movilizó a una serie de países que han hecho de su oposición a los EE.UU. uno de sus principales objetivos políticos.

Poco antes de morir, en 1974, Perón dijo: “mi único heredero es el pueblo”. Aunque dejó a Isabelita, la peor de las pesadillas. Chávez, que durante los 14 años de su gobierno se negó a formar un heredero, tomó a última hora una decisión vital para asegurar una transición sin conflictos internos, al ungir a Nicolás Maduro como su sucesor. No hay ninguna posibilidad de que la oposición logre la victoria en las próximas elecciones, por lo que veremos a Maduro como el primer presidente de la era post Chávez. Su personalidad, por contraste, realzará la figura de Chávez. Y su necesidad de supervivencia política lo llevará a insistir en el culto a la personalidad del fallecido líder.

La ensayista argentina Beatriz Sarlo destacó que la hegemonía cultural y política del chavismo “cambió, probablemente para siempre, la relación de los sectores populares con los gobiernos en Venezuela. En un nivel simbólico, Chávez aseguró su representación: se identificaron con el líder como no se habían identificado con los dirigentes anteriores, aunque éstos fueran más respetuosos de las instituciones”.

El anuncio de que el cadáver será embalsamado –igual que Evita y Lenin-, coloca a Chávez en la estela de los grandes mitos de la historia contemporánea. No se ha concretado, sin embargo, la idea de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea, que propuso enterrarlo al lado de Bolívar, en el Panteón Nacional. “¡Chávez al Panteón, junto con Simón!”, se oyó gritar en estas jornadas de dolor. Una posibilidad que la Constitución reserva a ciudadanos ilustres, que hayan prestado servicios importantes al país, pero solo después de 25 años de su fallecimiento. Sin embargo, el crecimiento del mito de Chávez no ha hecho más que empezar y no va a ser un obstáculo ninguna ley, si sus herederos lo consideran oportuno.

Chávez, la construcción de un mito
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