viernes 13.12.2019
CRÓNICA DESDE BUENOS AIRES

Buscando un tesoro en la Patagonia

Gigantesca operación de allanamiento en decenas de propiedades del socio de los Kirchner.

Cristina Fernández y Lázaro Báez en una foto de archivo.
Cristina Fernández y Lázaro Báez en una foto de archivo.

@jgonzalezok / Un verdadero ejército de funcionarios de la Justicia, auxiliados por fuerzas de seguridad, recorren decenas de propiedades del empresario Lázaro Báez, socio y/o testaferro de la familia Kirchner, investigado por presunto lavado de dinero. La operación se desarrolla en la provincia patagónica de Santa Cruz desde este martes, 26 de abril, y tiene por objetivo allanar cerca de un centenar de propiedades, entre casas y estancias (propiedades rurales), que suman más de 427.000 hectáreas.

Buscan, entre otras cosas, bóvedas con dinero físico, siguiendo lo que se conoce como La Ruta del Dinero K. Los Báez –su hijo Martín es pieza fundamental en sus empresas- consiguieron sacar del país mucho dinero, de hecho se localizaron cuentas en Suiza. Pero habría sido tal el volumen de dinero negro que recolectaron con la obra pública, que necesitarían tiempo para lavarlo y espacio para guardarlo.

La Ruta del Dinero K fue como se conoció la primera denuncia periodística, una serie de programas de televisión del conocido periodista Jorge Lanata, cuya primera emisión fue el 15 de abril de 2013. Allí, por cierto, ya se citaba al estudio de abogados panameño Mossak Fonseca, ahora de plena actualidad por los Panamá Papers. Desde entonces, a pesar de las evidencias presentadas en sucesivas emisiones, y lo que aportaron después otras investigaciones periodísticas, la causa durmió en las manos del juez Santiago Casanello, apodado en los medios como tortuga por su actitud. Pero el juez se convirtió en liebre, cuando nuevas evidencias fílmicas hacían insostenible su pasividad.

Fue clave la declaración del hombre que proporcionó las primeras pistas del enorme esquema de corrupción que involucra a la antigua familia presidencial, los Kirchner. Se trata de Leonardo Fariña, que trabajó para Lázaro Báez. Detenido desde hace meses, se acogió a la figura del arrepentido –en Argentina solo está contemplada esta modalidad para casos de lavado de dinero- y el pasado miércoles hizo una amplia declaración por escrito que disparó la operación en la Patagonia.

Fariña dijo que el empresario Lázaro Báez tenía negocios en común con Néstor Kirchner y que el expresidente había montado un sistema para hacer caja (recaudar dinero) dándoles obras públicas a empresarios amigos, con todo un mecanismo de sobreprecios y otros esquemas irregulares. También habló de las míticas bóvedas y cajas fuertes donde se habrían escondido millones de dólares y euros, que no alcanzaron a ser lavados.

A pesar de la espectacularidad de la operación, se pone en duda que haya posibilidad de encontrar el dinero. Porque, a pesar de la repentina y aparente diligencia del juez Casanello, la orden de allanamiento se produjo días después de que trascendiera la declaración de Fariña. Si Báez no había tenido tiempo de cambiar el dinero de escondrijo desde que hace tres años surgieran las primeras denuncias, ahora tuvo varios días más a partir de la delación de su antiguo empleado.

Ya sucedió hace tres años con la financiera SGI, también conocida como La Rosadita, utilizada por Báez para lavar dinero. Después de las denuncias periodísticas, y antes de que fuera allanada por la Justicia, las cámaras de seguridad recogieron imágenes de cómo salían decenas de cajas con documentos, que nunca más se pudo recuperar.

El propio fiscal del caso, Guillermo Marijuán, que coordina los allanamientos en Santa Cruz, consideró “poco probable” que Báez no haya removido lo que podría ocultar. Transcurridas 48 horas desde el inicio de la operación, el fiscal dijo que habían encontrado 90.000 dólares en efectivo –una cantidad insignificante de acuerdo a lo que se busca- y, sugestivamente, bolsos con restos de tierra y fajas de papel rotas, como las que se usan para empaquetar dinero.

Los investigadores están indagando por qué hay tierra removida en alguna de las estancias del empresario. Dado que Báez tiene una empresa constructora, dispone de numerosas excavadoras y otro tipo de maquinarias para construir nuevos escondites.

Lo que sí encontraron fueron nuevas propiedades, que no figuraba la lista inicial de la Justicia, y una increíble colección de coches de lujo. Pero los allanamientos pueden dar más sorpresas a lo largo de los próximos días o semanas, de acuerdo a lo que dure la operación. Los Báez compraron en los últimos años tantas propiedades que la operación llevará tiempo. Muchas están en las frías tierras de la Patagonia, con accesos difíciles; otras están en zonas urbanas como Río Gallegos o El Calafate. En Uruguay la Justicia también empezó a actuar y decidió embargar una estancia que el empresario argentino habría comprado por 14 millones de dólares –aunque no valdría más de 4 millones-, con dinero nunca declarado.

Lázaro Báez está detenido desde el pasado 5 de abril. Lo mismo sucedió con su contador (contable), Daniel Pérez Gadín, y el abogado Jorge Chueco (que había huido a Paraguay). Su hijo Martín fue imputado en la causa, pero quedó en libertad con cargos. La esposa de Báez amenazó con empezar a contar todo si su hijo era detenido.    

En el programa de hace tres años de Jorge Lanata, otro personaje aportó datos fundamentales. Federico Elaskar, dueño de la financiera que usaba Báez para lavar su dinero, declaró que en seis meses, en 2011, manejó unos 55 millones de euros y armó una serie de sociedades off shore en Panamá, Belice, Seychelles y otros paraísos fiscales.

Miriam Quiroga, secretaria y amante de Néstor Kirchner, confirmó una conversación telefónica en un vuelo entre Buenos Aires y Santa Cruz, en la que Néstor hablaba con un constructor y le apremiaba en la construcción de las bóvedas, “porque la plata había que guardarla”. Versión que sería confirmada también por el ex vicegobernador de Néstor, Eduardo Arnold, que la acompañó entre 1991 y 1999.

Paralelamente a los negocios en común de Lázaro Báez con los Kirchner, la complicidad oficial con el empresario patagónico tiene muchas otras aristas. Hubo reportes de operaciones sospechosas por 180 millones de pesos, que la Unidad de Información Financiera (el organismo encargado del lavado de dinero) ocultó a la justicia. El banco Finansur –que después sería comprado por Cristóbal López, otro empresario y socio de los Kirchner-, fue la entidad que informó de las operaciones sospechosas. La AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos, la agencia tributaria) también tapó las numerosas irregularidades en que incurrieron las empresas de Báez para lavar dinero.