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miércoles. 29.06.2022

Argentina y los fondos buitres

Por Andrés López Rodríguez | El 30 de julio de 2014 se cumple el plazo para que Argentina pague a los acreedores que aceptaron el plan de restructuración de su deuda externa.

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El juez estadounidense Thomas Griesa

El gobierno español, en cambio, ha guardado un riguroso silencio, cómplice con los intereses de los fondos buitres

El 30 de julio de 2014 se cumple el plazo para que Argentina pague a los acreedores que aceptaron el plan de restructuración de su deuda externa. Una sentencia dictada por un Juez estadounidense impide, en una aplicación extensiva hecha por ese mismo Juez que el pago girado por Argentina sea entregado a los tenedores de los bonos de restructuración. El Juez, de 84 años y con el entendimiento limitado, a tenor de las declaraciones de quienes presenciaron las audiencias, pertenece ideológicamente a la ultraderecha americana y ha respondido afirmativamente a todos las solicitudes de los fondos especulativos. En su resistencia a las demandas de los mismos Argentina ha enfrentado cientos de procesos de embargos internacionales y una campaña mediática de descalificación brutal, a la que se han sumado entusiastamente  muchos de los principales medios de prensa españoles creando una notable desinformación . Pero todos estos hechos son más o menos conocidos y esta breve nota no pretende profundizar en los mismos. El plazo pasara y con default declarado o no la vida continuara. Puede triunfar la razón  y la justicia o la especulación  y la codicia de los fondos y las personas  retribuidas por los mismos en lo que eufemísticamente se  denomina un lobby, una forma de soborno un poco sofisticada. Inclusive podría no triunfar nadie, pero son muchas las enseñanzas que de la situación deben sacar los países que tienen la desgracia de ceder su soberanía sometiéndola a tribunales estadounidenses.

Argentina recibió durante este largo proceso innumerables muestras de solidarias. Desde el Mercosur, su ámbito natural, pasando por el G77 más China, Unasur, países como Francia, México, Brasil, Italia o 100  parlamentarios británicos por solo mencionar algunos. Otros países, como el propio gobierno norteamericano, manifestaron su preocupación respecto al problema planteado. El gobierno español, en cambio, ha guardado un riguroso silencio, cómplice con los intereses de los fondos buitres. Pese  a que el default  podría perjudicar intereses que defendió con tanto empeño, como el pago del acuerdo por la expropiación de Repsol, o el cumplimiento del acuerdo firmado por Argentina con el Club de Paris, se opta por los fondos especulativos en lugar de por apoyar la soberanía de un país amigo. La “madre patria “como nos enseñaban en el Colegio a los argentinos mira para otro lado como si no tuviera nada que ver, o nunca hubiera reestructurado  su deuda externa. No es raro, después  de la pleitesía repugnante que se rindiera a un especulador como el Sr. Adelson por el cual  se cambiaron varias leyes, nacionales y autonómicas, o la venta continua de activos españoles a fondos extranjeros, pagados a precio de saldo y con presumibles abundantes comisiones por medio. Si en cambio sorprende el abandono a las empresas españolas instaladas en Argentina, que también resultarían perjudicadas por una crisis económica. Tampoco puede dejar de destacarse la falta de definición del PSOE, a diferencia de otros grupos de la izquierda española. Cien parlamentarios británicos país que mantiene un fuerte enfrentamiento con Argentina por la usurpación de las Islas Malvinas pueden sin embargo mostrar su apoyo  a la posición de la misma respecto a los fondos buitres, pero el PSOE, no es capaz de una mínima  declaración,  manteniendo su error de caracterización del gobierno argentino, al que consideran, por “populista”, poco defendible, aliándose de hecho con una oposición política argentina totalmente desautorizada y respondiendo a las posiciones que  les va dictando , entre otros, el grupo Prisa, volcado a hacer negocios con las derechas latinoamericanas. Es difícil que con estas posiciones España consiga mantener su papel de interlocutor privilegiado con América Latina, o puente con la Unión Europea. Otros interlocutores, más sensibles a la realidad de esos países,  ocuparan ese lugar, esperemos que con mejor éxito. Siempre queda tiempo para rectificar, pero a los amigos se lo conoce en las malas mejor que en los éxitos. 

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