Argentina, los nazis y el peronismo

Nuevos documentos revelan los lazos con el III Reich.

5719_min@jgonzalezok | La plataforma Netflix acaba de estrenar la película “Operación final”, que recrea la captura en Buenos Aires del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann. Una operación del Mossad (servicios secretos israelíes) que lo sacó clandestinamente del país y permitió su juzgamiento y ejecución en Israel, tras ser condenado a muerte. Al mismo tiempo, en la cena anual de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas de la Argentina), se presentó un vídeo con el material que el año pasado les entregó el ministerio de Relaciones Exteriores, con información inédita sobre la participación de Argentina en la Segunda Guerra Mundial y la llegada al país de refugiados nazis.

El caso Eichmann es emblemático para comprender el papel que tuvo Argentina en la trama para ocultar a criminales de guerra nazi que lograron huir tras el fin de la guerra. Había sido el responsable de la llamada “solución final” y de la logística del transporte de judíos hacia los campos de concentración. Pero había logrado llegar a la Argentina y desde 1950 tenía documentos legales, expedidos por la Policía Federal argentina, pero con identidad falsa: se hacía llamar Ricardo Klement.

A diferencia de otros nazis, que apenas se preocuparon por ocultar su identidad, Eichmann mantuvo siempre una vida discreta y con enormes medidas de seguridad. Trabajó como obrero en una fábrica y vivía modestamente en San Fernando, localidad cercana a Buenos Aires. Cayó por la información que logró una chica alemana de la que se enamoró uno de sus hijos. El padre de la muchacha, atando cabos, dedujo que Klement podría ser Eichmann, información que pasó a los israelíes.

Adolf Eichmann

Adolf Eichmann en Israel

Después de ser capturado, el 11 de mayo de 1960, estuvo dieciséis días en poder del comando del Mossad. Para sacarlo del país hubo que esperar un avión de la línea aérea israelí El Al, que regresaba después de traer al país a una delegación oficial, que participaba en los festejos por el 150 aniversario de la Revolución de Mayo. Fue dopado y vestido con el uniforme de piloto, para que pareciese que estaba borracho. El avión llegó a Jerusalén el 23 de mayo, fue condenado por genocidio el 15 de diciembre de 1961, y ahorcado el 31 de mayo de 1962.Está bastante documentado el papel que tuvo Argentina en la Operación Odessa, que tras la caída del Tercer Reich ayudó a muchos oficiales y jerarcas nazis a escapar a Sudamérica, fundamentalmente al cono sur, con la ayuda del Vaticano, pasaportes de la Cruz Roja y la participación de la España franquista. La Patagonia, fundamentalmente la ciudad de Bariloche, y la provincia de Córdoba, fueron sus principales refugios. Además de Eichmann, los nazis más conocidos que llegaron al país fueron Josef Mengele, “el Ángel de la Muerte”, que luego huiría a Paraguay y Brasil; Eduard Roshmann, “el Carnicero de Riga”; el exdictador croata Ante Pavelic, que moriría después en España; y Erich Priebcke, autor de la masacre en las Fosas Ardeatinas.

Está bastante documentado el papel que tuvo Argentina en la Operación Odessa, que tras la caída del Tercer Reich ayudó a muchos oficiales y jerarcas nazis a escapar a Sudamérica, fundamentalmente al cono sur

Menos difundido es el caso de Ludolf von Alvensleben, teniente general de las SS, autor de varias masacres en Polonia y en Crimea, al que se le achacan unas 30.000 muertes. Capturado por los británicos al final de la guerra, logró huir. Y, como muchos de sus camaradas, embarcó en Génova rumbo a la Argentina, en 1949. Tres años después ya tenía documentación y ciudadanía, bajo el nombre falso de Carlos Lüecke. Llegó a ser elegido como concejal en las listas de la UCR en la localidad de Villa María. Al año siguiente la justicia polaca lo condenó en ausencia por el asesinato en 1939 de 4247 judíos.

Otro de los nazis que encontraron refugio en la Argentina fue Ronald Richter, un científico austriaco que embaucó personalmente a Perón con la idea de que podría desarrollar un proyecto para generar energía a través de la fusión nuclear. Esto suponía que Argentina estaba a punto de dominar los secretos del átomo, colocando al país en la vanguardia científica mundial. Perón destinó 15 millones de dólares para construir un laboratorio en la isla Huemul, en un lago de la Patagonia. A Richter se le concedió un doctorado honoris causa y el propio Perón le regaló un Cadillac descapotable. El 24 de marzo de 1951 el presidente llegó a anunciar que el científico había tenido éxito, pero tiempo después se demostraría que todo había sido una farsa.

No menos impactante es la historia del crucero Admiral Graf Spee (en la imagen), que en la Segunda Guerra Mundial fue enviado al Atlántico Sur para interceptar buques mercantes enemigos. En menos de tres meses hundió nueve barcos, pero tuvo que refugiarse en el Río de la Plata tras enfrentarse con naves británica. Pudo refugiarse en el puerto de Montevideo, donde el capitán ordenó el hundimiento del barco. Toda la tripulación se quedaría en Argentina y muchos se instalaron en la provincia de Córdoba.

Cañones_del_crucero_Admiral_Graf_Spee

La llegada de los criminales nazis contó con el visto bueno y la complicidad de las autoridades de la época, es decir, del gobierno de Perón. Gobierno que tenía claras simpatías por el Eje y que solo abandonó la neutralidad que había mantenido desde el comienzo de la guerra el 26 de enero de 1944, es decir, cinco meses antes del armisticio.

Pero la relación de los nazis con Argentina -lo que explica el por qué tantos criminales consiguieron refugio en el país- fue muy anterior y no se acabó con el peronismo. Valga como ejemplo el impactante acto en el estadio Luna Park, el 10 de abril de 1938, en apoyo al III Reich, siendo el más numeroso realizado fuera de Europa a favor del régimen de Hitler. Unas 15.000 personas celebraban el Anschluss, o la anexión de Austria, que se había concretado un mes atrás. Muchos de los asistentes portaban uniformes y símbolos nazis. Y el escenario estaba adornado con banderas nazis y el conocido lema “Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer” (un pueblo, un imperio, un líder), escrito en letras góticas.

Buenos Aires 1938 - Acto - 02

Acto nazi en el estadio Luna Park en apoyo al III Reich. (10 de abril de 1938).

Se sabe que en esa época unos 70.000 argentinos eran afiliados al Partido Nacional Socialista. Funcionaban en el país unas 200 escuelas alemanas, financiadas con aportes privados, que transmitían la ideología nazi. Y la embajada alemana en Buenos Aires era la sede del Partido Nacional Socialista alemán, que coordinaba toda la red nazi en América del sur.

Otra aportación argentina fue Ricardo Darré, hijo de alemán y argentina, que nació y vivió sus primeros años de vida en el barrio porteño de Belgrano. Pasó a la historia como ministro de Agricultura del régimen nazi entre 1933 y 1942. Y como autor de la idea de que la raza debía estar ligada al suelo (Blut und Boden). Desde la oficina de la Raza y el Reasentamiento, colaboró en los planes expansionistas del III Reich.

Mientras en Argentina se vivía una general simpatía con el nazismo, se cerraba la puerta a los judíos, a pesar de que la inmigración judía a la Argentina databa de muchos años atrás

Mientras en Argentina se vivía una general simpatía con el nazismo, se cerraba la puerta a los judíos, a pesar de que la inmigración judía a la Argentina databa de muchos años atrás. Es muy conocido el caso de los gauchos judíos de Moisés Ville (provincia de Santa Fe), una colonia de judíos rusos que huían de los pogroms, que fue fundada a fines del siglo XIX y fue un modelo de integración en el país.

La Constitución argentina habla en su preámbulo de “promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Pero esta generosa invocación no pudo ser aprovechada por los judíos, que se encontraron con que la cancillería había dado instrucciones a los consulados europeos en el sentido de que los judíos no eran bienvenidos en el país. El gobierno de Roberto M. Ortiz (1938-1942), uno de los presidentes que gobernó durante el período que pasó a la historia como la década infame, redactó lo que se conoce como “circular 11”, un documento secreto que ordenaba negar el visado a los judíos que trataban de huir del nazismo. El documento, firmado por el canciller de ese entonces, José María Cantilo, hablaba de “indeseables o expulsados”, lo que añadía bochorno al tono antisemita de la nota.

El periodista argentino Uki Goñi, que en 2002 publicó el libro La auténtica Odessa, sostiene en el mismo que la cúpula nazi concluyó en 1942 que la emigración masiva no era una solución viable para la cuestión judía, por el cierre de fronteras de terceros países. Y sostuvo que “probablemente, ningún país tomó medidas tan extraordinarias para cancelar sus permisos de entrada a los judíos como Argentina”.