jueves 29/10/20

A vueltas con el currículum escolar

Emma H. Iovanetti

Llegó el virus a desbarajustar nuestro estado de bienestar, nuestra vida. Ir a trabajar, salir a hacer deporte, tomar unas cañitas con compañeros, familia, amigos, llevar a nuestros hijos/as al colegio, sacar al perro (quien lo tenga), disfrutar de la diferente oferta en ocio de la que disponemos...

De la noche a la mañana nos vimos encerrados en nuestras casas, y mil pensamientos apocalípticos invadieron nuestra mente: ¿Qué va a pasar ahora con mi empleo?, ¿cómo voy a hacer la compra?, ¿cómo van mis hijos a sacar adelante el curso...? entre muchos otros.... Y digo pensamientos apocalípticos porque era impensable hacer las cosas de otra manera. Se terminaba nuestro mundo, nuestra forma de vida... ¿O tal vez no?

Sin una educación pública y de calidad, basada no solo en currículum académico, sino también en formar personas, con sus emociones, sentimientos y temores, no habrá cambio

Entonces, por el virus, se obliga a las empresas que instauren el tele-trabajo (aquellas que puedan), y descubrimos algo impensable, se puede ¡¡¡tele-trabajar!!! Ha hecho falta un virus para verlo. Sin embargo, cuando una madre que no podía conciliar vida laboral y familia, porque su horario de trabajo en la oficina no coincide con el de sus hijos en el colegio, propone en su empresa trabajar desde casa, y se le dice que es una locura..., que no puede ser. Aquellas empresas que no pueden realizar tele-trabajo reparten la jornada de sus trabajadores en diferentes turnos continuos,y resulta que siguen produciendo, porque se produce lo mismo haciendo jornada continua que partida, y a los empleados les queda más tiempo libre para sus vidas. ¡Lástima que están confinados!

Son algunos de los muchos ejemplos de cambios que el virus ha obligado a realizar, pero que lleva la sociedad largo tiempo pidiéndolo, y nunca se la ha escuchado. Claro, no interesa...

Entre todos esos cambios, quiero hacer especial mención al de la educación. Alumnos (y padres) que han visto su modo de estudio trastocado y al que han tenido que adaptarse a la velocidad del rayo. Y qué decir de los profesores, que de repente se ven con poca formación digital y recursos bajos, que si ya de por sí lo eran presencialmente, imaginemos on-line... Y luego dicen que estamos muy avanzados. Efectivamente; lo que no estamos es formados en cuanto a esos avances tecnológicos se refiere. Teniendo en cuenta, además, que hay muchas familias que ni siquiera disponen de ellos... La tan extendida desigualdad que ningún gobierno es capaz de haber atajado, en este y en otros muchos sectores y aspectos fundamentales en la vida social.

Sin embargo, a pesar de los obstáculos, llevamos ya dos meses, tele-trabajando, con turnos continuos y con nuestros estudiantes sacando adelante su curso... Este virus nos demuestra lo importante que es tener dos sectores bien cuidados y atendidos como son sanidad y educación... Ahora que parece estar controlándose la enfermedad, se nos presentan muchos aspectos a tener en cuenta a la hora de volver a la vida normal, entre ellos la vuelta a las aulas.

Estamos muy preocupados porque los escolares alcancen los objetivos, superen todas sus pruebas y adquieran los contenidos establecidos. Todo ello totalmente obsoleto... Pocos son los que se paran a pensar en que esos alumnos son niños/as y chavales, colectivo muy vulnerable en cuanto a sentimientos y emociones. Sentimientos y emociones que no se están teniendo en cuenta, obsesionados por alcanzar un currículum académico e iniciar el nuevo curso con las menos carencias posibles. ¿Qué pasa con las carencias emocionales? Aquí está el quid de la cuestión. No les damos la importancia que merecen. No ahora en que la emoción se desata en todos los sentidos, positivos y negativos, por el trastoque de nuestra vida social y académica, sino antes, desde que la enseñanza se plantea como simple acumulación de conocimientos, muchos de ellos inútiles en estos tiempos. De siempre el aspecto emocional del alumno se ha olvidado.

Esos alumnos, al igual que no van a dar el temario que corresponda en matemáticas, geografía, literatura o ciencias, no van a tener sus respectivas fiestas de final de curso, excursiones, despedida de los compañeros y profesores, etc. Esta es una parte importante, quizá en los primeros años la parte más importante, en la vida del alumno: la parte emocional que la escuela le proporciona, Situaciones lúdicas y sociales, momentos que comparten con sus compañeros, amigos y profes, con los cuales pasan más tiempo que con sus propias familias. Esas fiestas y momentos recompensan el esfuerzo que realizan durante el curso escolar, que no es poco. Potencia una buena relación con sus profesores y compañeros, y dejan una tremenda huella en ellos. Cuando uno es adulto y piensa en sus momentos de escuela, no recuerda el día que se aprendió los ríos, recuerda el río que vio, escuchó, y sintió junto a sus compañeros, amigos y profes en aquella excursión de fin de curso. Las matemáticas se aprenden, la geografía se estudia, así como la filosofía, la literatura, el leer, escribir... Siempre hay tiempo para aprenderlo, pero las vivencias infantiles y adolescentes, sólo una vez en la vida, y depende de ellas cuando esos niños se conviertan después en adultos, les ayudará a fortalecerse, y hacer frente a las adversidades de la vida.

Muchos de estos alumnos posiblemente hayan perdido algún familiar importante en su vida, en unas circunstancias duras, y no se habrán podido despedir como se merece, para afrontar adecuadamente esa pérdida. Además del miedo que les ha debido invadir. Hay muchos hogares con situaciones complicadas en cuanto a nivel económico-laboral, que generan momentos de mucho estrés y sumados al confinamiento pueden ser devastadores emocionalmente. Que no se le dé a la salud emocional de estos alumnos la misma importancia que al alcance de objetivos y contenidos, es un tremendo error.

El sistema educativo que tenemos, no solo está totalmente obsoleto, sino desatendido en cuanto educación emocional. Sería interesante actualizarlo, proporcionando a los chiquillos una educación, no solo basada en objetivos y contenidos, sino también en vivencias, emociones y arte.

Hay que destacar también la dura labor del profesorado, que está poco considerada y vista desde un punto equivocado, además de muy maltratada. Con aulas escasas, alumnos apiñados en ellas como ganado, profesores estresados por no poder atender todas las necesidades de los alumnos, debido a las ratios elevadas, falta de recursos y materiales, falta de formación en educación colectiva, no individualista y competitiva, como actualmente. Es curioso que ante una situación tan extrema como es una pandemia, rogamos y pidamos a la población que luche unida, cumpliendo las normas, porque “este virus lo paramos unidos”, pero luego se eduque desde pequeños en la competencia y el individualismo. Y nos quejamos de que se saqueen los supermercados sin pensar en que todos necesitamos comer...

Ha hecho falta un virus para realizar toda una serie de cambios. Por ejemplo, que en septiembre, al inicio del nuevo curso, las ratios por aula en los colegios deben ser de 15 alumnos máximo, y no 35 como actualmente. Cambio que muchos profesores y padres llevan pidiendo, y que parecía que no era posible realizar, salvo ahora...

Queremos una sociedad mejor, más solidaria, comprometida con su entorno y con el mundo. Pero los gobernantes, que son los que toman decisiones, no entienden que el futuro son los alumnos, niños/as y chavales que llegarán a adultos y serán los que continúen...

Sin una educación pública y de calidad, basada no solo en currículum académico, sino también en formar personas, con sus emociones, sentimientos y temores, no habrá cambio.

A vueltas con el currículum escolar