lunes. 22.04.2024
CarlaToscano
La diputada de Vox Carla Toscano.

Carla Toscano, de Vox, se queja amargamente en la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados por la desaparición de aquellas dulces voces que, desde los andamios, preguntaban por el nombre de una “hembra” para pedírsela a los Reyes o comparaban los cuerpos de la benemérita con los de la susodicha oradora de Vox.

Aquellos tiempos en los que Madrid era la cuna de la intelectualidad y por sus calles y ventanas se dejaba oír  la “gracia de un piropo retrechero más castizo que la calle de Alcalá”.

Que esta señora se lo tiene que hacer mirar y dejar lo que esté tomando, es algo obvio y que Vox, partido que ampara la bondad de estas afirmaciones, se ha quedado pasmado ante la evolución de la normalidad social, también es algo meridiano.

Vox no entiende que los tiempos evolucionan de forma armónica con el papel de la mujer en una sociedad moderna, se queda perplejo e incapaz de aceptar su estupor. No pueden cambiar, no pueden aceptar que su reloj se paró en los tiempos idos de “aquella España que pasó y no ha sido” y sueñan con una sociedad que ni fue ni será jamás, por fortuna.

Los mensajes de Vox son nocivos, son dañinos y tratan de colocar a la mujer en un plano secundario respecto a ese ser privilegiado que es el varón

Lo malo de esas afirmaciones, de esos mensajes arcaicos, trasnochados y profundamente falaces, es que hacen daño: perjudican a esas chicas que dicen que no y cuyos acosadores piensan, gracias a Vox, que en el fondo a todas les gusta y aunque lo nieguen, quieren. Los mensajes de Vox son nocivos, son dañinos y tratan de colocar a la mujer en un plano secundario respecto a ese ser privilegiado que es el varón, su verdadero amo y señor; su meta y razón de ser.

Si no fuera por ese daño, todo lo que dice Vox se coloca de lleno en lo esperpéntico, en el absurdo de una obra de Pirandello, de personajes en busca de una sociedad que los acoja, por mucho que esa sociedad ni exista ni vaya a existir jamás.

Hasta que los electores se den cuenta de que lo que Vox pretende es un imposible constituido por “boutades” y por titulares sin ningún contenido o viabilidad, padeceremos su presencia que no es tan perjudicial cuanto reivindicadora del fascismo Franquista sino por su insidiosa falsedad; por su venenosa manipulación de las inconsistencias y fallos del sistema.

De momento, dejemos que se manifiesten en su absurdo y que sus votantes se caigan del guindo y se den cuenta de que lo que han votado es, además de falso, perjudicial y dañino. Una pena.

Carla Toscano: el absurdo en la tribuna