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martes. 28.06.2022
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Con demasiada frecuencia llegamos tarde

En España estamos acostumbrados a los retrasos, de la consabida una hora menos en la islas Canarias a la salida retardada del centro de trabajo, pasando por el tren extremeño de nunca acabar (de llegar) La impuntualidad es un hecho tan característico de lo nuestro que tanto tiñe las relaciones sociales básicas (el bar de la esquina es la sala de espera para cientos de encuentros programados entre amigos y familiares) como justifica decisiones históricas realizadas a contrapelo, justo cuando había que dejar de revolcarse en lo que a todas luces parece una situación superada o en fase de superación. Las dilaciones históricas paradigmas del llegar tarde tienen un altísimo coste, primero de oportunidad perdida de engancharse a la nueva ola, y segundo de mantener y no enmendar la (in)decisión tomada.

Con demasiada frecuencia llegamos tarde. Un ejemplo aclaratorio: la resistencia a renovar el ideario religioso nacional. La tozudez de la Iglesia católica y la monarquía imperial de Carlos I y Felipe II, taponaron los esfuerzos renovadores que algunos dominicos y franciscanos habían tomado de las aportaciones del Erasmo y de Lutero.

Sin el vigor de la renovación luterana centroeuropea, lo cierto es que en la España del XV y XVI aparecen defensores de las tesis clavadas en las puertas de las iglesias de Wittenberg. No son muchos pero si los suficientes para atarear a los jerarcas en la creación del santo oficio, la inquisición y las muy divertidas sesiones previas a la quema de herejes en los autos de fe. La maquinaria represiva adquirió vida propia y se mantuvo hasta a bien entrado el siglo XIX.

Con demasiada frecuencia llegamos tarde. Un ejemplo aclaratorio: la resistencia a renovar el ideario religioso nacional.

350 años en los que el capitalismo se extendió como pólvora por toda Europa, con particular intensidad en lo territorios que habían abrazado el luteranismo y su derivada protestante y calvinista. El enriquecimiento y el progreso social en el centro y norte de Europa contrasta con la pobreza neorrealista española expuesta en el Lazarillo y en las aventura de Lucas Trapaza, así como en pruebas documentales acumuladas de todo tipo, pinturas, registros civiles y obras teatrales.

El reino pudo haber optado por sintonizar con los aires de renovación que venían del centro, pero por razones geopolíticas y por razones de la proverbial laxitud y dejadez, se renunció a adaptar nuevas formas de enmarcar el hecho religioso conectado a formas éticas que propalan la extensión de los mercado y la producción de tipo capitalista, de cierto éxito en los siguientes siglos. A pesar de las enormes reservas de capital extraído en América llegamos tarde al capitalismo original, de la misma manera que ahora llegamos tarde a otro fenómeno que define la actualidad: el barrido global a todo aquello que rezume populismo autoritario.

Con el máximo exponente, o sea el propio Trump, acogotado por las declaraciones realizadas en el comité que investiga lo ocurrido en el 6 de enero en la Casa Blanca, en las que muchos de sus colaboradores (del vice Pence al fiscal jefe Barr) han optado por distanciarse de su locura, y hasta su hija predilecta Ivanka marca territorio, todo se le pone en contra. Por ende, los monigotes globales que han imitado al jefe, ven como sus días comienzan a pasar. Duterte y Bolsonaro a pocos pasos de la cárcel, Orban a punto de perder el derecho de veto en el seno de la UE, Johnson de fiesta en fiesta, Scott Morrison dispuesto a matricular canguros, Janine Yáñez a juicio. Le Pen y Putin buscando apoyo sicológico para sus respectivas depresiones y así suma y sigue.

No importa que la fórmula de gobierno de progreso salido de las últimas generales en España esté resultando una renovación de éxito que recorre, como el luteranismo en su momento, el centro y norte de Europa, con alianzas de partidos socialdemócratas y agregados de fuerzas de progreso radicalizadas por sus objetivos obreros, territoriales, verdes, feministas, o de respeto a las diversidades, dándose las mano y obrando de conjunto. Tándem que parece va resultar vencedor en las legislativas de Francia en breve.

Y, ¡uuuyyyy!, qué pena, solo por unos días el peso de la voluntad francesa no va a afectar el que aquí los monos sigan predicando que son la fuerza emergente, que son la derecha sin complejos, que son los pandilleros y no sé qué otras idioteces por el estilo. Es sabido que son una representación absurda de las elites de siempre que han aprovechado la pesadilla instalada en USA, algo que sin más parecía justificar el que se desarrollasen idénticas chaladuras aquí y allá, cuyo desvanecimiento nos pilla otra vez con el paso cambiado.

Tengo la impresión de que son pocos los andaluces que van a votar el día 19 que tengan conciencia de que una parte importante del censo va a votar una trayectoria muerta, apartada de la historia antes de haber conseguido nada.

Bueno nada, nada tampoco se puede decir. Han conseguido embarrar la vida de muchas personas a través de medios de comunicación que han encontrado en el autoritarismo populista el referente de cada día para llevar el hedor de las cuadras de los señoritos a la humilde y santa dignidad de los desesperados y los desposeídos.

¡¡¡ Uuuuyyyy!!! Qué pecado más grande

¡¡¡Uuuyyyyy!!!