lunes 25/1/21

El trampantojo hospitalario de Isabel Díaz Ayuso

Foto: Flickr
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Estaba muy alto ese listón, pero Isabel Ayuso ha superado el de su mentora. Ya no se llevan equipos de un hospital a otro para inaugurarlos. La pupila de Esperanza Aguirre ofrece a los medios de comunicación un trampantojo hospitalario que admite los más variados pentimentos, al valer lo mismo para una cosa que la contraria o lo que se invente uno sobre la marcha.

El todavía inacabado hospital madrileño para pandemias va convirtiéndose con cada nueva declaración suya y de su entorno en una edificación de lo más versátil. En realidad no fue improvisada su inauguración. Una vez desembolsados los cien millones, había que fabricar el relato y para eso se cuenta con el asesor de comunicación que llevó a José María Aznar hasta La Moncloa.


El sindicato madrileño de enfermería interpone requerimiento judicial por los traslados forzosos al Hospital Isabel Zendal


Un recinto multiusos colindante con el aeropuerto puede valer para guardar congeladas las vacunas de COVID-19, pero en un abrir y cerrar de ojos podría ser un recinto ferial o lo que haga falta, cual verbigracia hangares para que los aviones privados puedan estar fácilmente operativos, un SPA destinado a pasajeros Ultra-VIPs del aeropuerto de Barajas, un centro comercial donde pasar el rato antes de volar...  Cualquier cosa demandada por los madrileños en tiempos de pandemia.

Empezando la casa por el tejado, a la Avenida Manuel Fraga Iribarne número 2 llegaron primero los periodistas y luego se comenzó a trasladar desde (otros) hospitales madrileños a personal sanitario que pueble cual maniquíes las flamantes instalaciones

Si en tu cuenta de twitter te has llamado Pecas y “has vivido en Malasaña con un rubia castiza incontrolable”, por liberal, ¿qué puede ser imposible para Isabel Ayuso? Nada en absoluto. Ha conseguido que los humoristas vayan al paro, porque resulta imposible remedar con sarcasmo tamaño desparpajo.


Vacunas y estupidez humana


A nadie le asombra ya lo que pueda decir o desdecir. Es fascinante cómo se puede uno contradecir a sí mismo con tan pocas palabras. Dejó dicho Wittgenstein en un aforismo de su Tractatus que “Dios lo puede hacer todo, salvo lo que sea contrario a las leyes de la lógica” (3.031). Pues bien, hay quien supone una excepción a esa regla y enmienda este aserto de una obrita que tradujo dicho sea de paso un ex-alcalde madrileño llamado Enrique Tierno Galván.

Los que tenemos ya cierta edad no hemos olvidado el Tamayazo. En 2003 dos parlamentarios cambiaron el sentido de su voto y la CAM cambió su color político, que ha conservado hasta la fecha, pese a un historial inigualable. A Esperanza Aguirre no le crecieron los enanos, pero le salieron ranas los cargos de confianza sobre los cuales había puesto sus manos en el fuego. Ahí quedó por otra parte su inacabada Ciudad de la Justicia.


“Inauguran un edificio con fines sanitarios pero no un hospital ya que no tiene plantilla propia”


Al sucesor de Aguirre le pillaron con las manos en la masa y ha compartido prisión con otros altos cargos del partido. A Cifuentes, que no quería irse, le tuvieron que sacar un vídeo hurtando unas cremas, porque no bastaba inducir a la falsificación de un acta universitaria, como si ese pequeño hurto fuera más grave que violar las reglas deontológicas de la universidad.

La paulatina privatización del ámbito público y el daño infligido al sistema sanitario madrileño, además de al ámbito educativo y asistencial, será difícilmente reversible. Pero los votantes del PP en Madrid son a prueba de bomba, como los de otros tatos partidos. Basta que se sospeche algo de sus lideres para cerrar filas y echar balones fuera desgranando marrullerías ajenas para eludir las propias.

Albert Rivera le ha dejado a Inés Arrimadas una penosa herencia, en la que figura este pacto al parecer blindado para conservar el poder en Madrid contando además con el concurso de Vox. En Andalucía podía valer el argumento de una deseable alternancia, pero en la capital debe haber otro tipo de consideraciones.


¿Batas blancas y lapiceros o porras y pistolas?


Una vicepresidencia debe ser algo muy goloso, a la vista de los continuos desplantes que Aguado debe soportar cotidianamente, cuando no se fotografía instalando expendedores de gel en el metro madrileño. Si esto es lo que cabe aguardar de un partido centrista y liberal, pocas esperanzas nos quedan de que sirva para regenerar las instituciones. Limitarse a descalificar al adversario y cultivar el sectarismo político sólo denota una clamorosa falta de argumentos.

Como están reordenando la memoria histórica, quitando placas como la de Largo Caballero, deberían aprovechar para no tomar algunos nombres en vano. Dudo que a Isabel Zendal, esa enfermera del Siglo XVIII cuyo nombre se asocia con su vacunación contra la viruela, le hiciera mucha gracia bautizar al trampantojo multiusos que momentáneamente pasa por ser un hospital para pandemias.

No esperen por favor medio siglo, ni tan siquiera cinco minutos, para llamarlo como corresponde: Isabel Ayuso. Pues debe recordar únicamente, sin añagazas, a quien ha sido su artífice político, al ser un monumento consagrado a cierto modelo de gestión pública. Empezando la casa por el tejado, a la Avenida Manuel Fraga Iribarne número 2 llegaron primero los periodistas y luego se comenzó a trasladar desde (otros) hospitales madrileños a personal sanitario que pueble cual maniquíes las flamantes instalaciones.  Propaganda para los adeptos.

El trampantojo hospitalario de Isabel Díaz Ayuso