miércoles 1/12/21

El Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza de Madrid ha solicitado a las autoridades sanitarias adelantar la vacunación del personal docente y no docente, y a incluir al alumnado mayor de 15 años. Consideran que en la situación epidemiológica actual, anticipar la vacunación a principios de febrero es una medida imprescindible para garantizar la enseñanza presencial durante el resto del curso.

Tanto los en los países donde este curso se ha priorizado la enseñanza presencial como en aquellos donde se mantiene la docencia online, toma fuerza la reivindicación, en el seno de las organizaciones sindicales de la enseñanza, de que se considere a los docentes grupo prioritario para recibir la vacuna contra el coronavirus, únicamente por detrás de las personas de edad avanzada, los sanitarios que trabajan en primera línea y los enfermos crónicos especialmente vulnerables (entre los cuales se encuentran no pocos docentes). 

Por citar un ejemplo reciente, el 14 de enero, los sindicatos de enseñanza franceses, en una declaración conjunta, pidieron aclaraciones acerca de la política de vacunación para el personal docente, señalando “que no puede improvisarse en el último momento”, y hay muchos más ejemplos. 

En países en los que no se han reanudado las clases presenciales, como Estados Unidos o Alemania, se está pidiendo desde las organizaciones representativas de los trabajadores y trabajadoras de la enseñanza adelantar la vacunación a los docentes antes de volver a la modalidad de enseñanza presencial.

Pero no solo desde organizaciones sindicales, sino también desde organismos internacionales de reconocido prestigio, se está apuntando en esa direccción. La Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay manifestó: “creemos que el personal docente y de apoyo educativo debe ser considerado un grupo prioritario”, y recordó que cuando se cerraron las escuelas y otros centros educativos para prevenir la propagación del virus, “el personal docente y de apoyo se mantuvo en primera línea”

Destacaremos también las declaraciones de la Directora Ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore: “UNICEF pide que se dé prioridad a los maestros en la vacunación contra la COVID-19, una vez que se haya vacunado al personal de salud de primera línea y a las poblaciones de alto riesgo. Esto contribuirá a proteger a los maestros contra el virus, les permitirá enseñar en persona y, en última instancia, servirá para mantener las escuelas abiertas. [...] lo que no debería ser difícil es tomar la decisión de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para salvaguardar el futuro de la próxima generación. Esta tarea comienza por proteger a los responsables de abrirles el paso hacia ese futuro.”

Durante el primer trimestre los enseñantes fueron capaces, con mucho esfuerzo y disciplina, de establecer medidas que hicieron de los centros educativos entornos mucho más seguros de lo que hubiéramos podido prever… y a menudo sin el necesario apoyo por parte de la Administración y a pesar de sus instrucciones, a menudo poco precisas e incluso incoherentes. Pero no debemos aceptar que se nos vuelva a poner entre la espada y la pared, y que se aproveche nuestro compromiso con el  alumnado para escatimar las medidas necesarias para una adecuada protección de nuestra salud. Esta vez no. Por varios motivos:

  • La tasa de incidencia acumulada de los últimos 14 días este miércoles, día de incorporación del alumnado madrileño a las aulas, era de 736 casos por cada 100.000 habitantes a nivel estatal, y la Comunidad de Madrid se situaba en 790, lo que supone más del triple del umbral definido como “riesgo extremo”.
  • Si bien el segmento de población entre cero y 14 años es el que menos incidencia acumulada presentaba (484), esto supone casi el doble de los 250 casos que determinan la situación de riesgo extremo. Pero más preocupantes son los datos del segmento de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, en el que la incidencia acumulada asciende 1139, la más alta de todos los grupos de edad.
  • En este momento hay activas nuevas cepas del virus de las que no teníamos conocimiento en el primer trimestre. Se trata aparentemente de cepas más contagiosas y que podrían extenderse entre la población infantil y juvenil con mayor facilidad.

Sin embargo, hay un elemento nuevo con el que no se contaba en septiembre, y es que tenemos vacuna. Si no se adelanta la vacunación del personal docente, en la situación sanitaria actual, podemos ver un incremento significativo de  las bajas y cuarentenas, tanto entre el profesorado como entre el alumnado. O lo que sería peor: no podemos descartar encontrarnos en la situación de Portugal, que acaba de anunciar la suspensión de las clases presenciales durante al menos dos semanas. Este es un escenario que se debe tratar de evitar a toda costa.

Solicitan al Gobierno que entienda la necesidad de garantizar la presencialidad y actúe rápido, y como ya ha hecho por ejemplo el Gobierno argentino, anuncie la vacunación, como muy tarde a partir de la primera semana de febrero, no solo del personal docente, sino del personal no docente de los centros educativos y del alumnado a partir de 16 años de edad. Llegado el caso, entenderíamos la necesidad de establecer prioridades, por lo que pediríamos que por criterios bien pedagógicos, bien de mayor exposición a posibles contagios, se empezara por el personal docente que esté en contacto con alumnado del primer curso de cada etapa educativa obligatoria (1º de Primaria y 1º de ESO), y por el alumnado a partir de los 16 años y el profesorado que imparte clases en los niveles correspondientes (Bachillerato y 4º de ESO, fundamentalmente).

Si bien la estrategia de vacunaciones se decide a nivel estatal, no olvidamos que las competencias de sanidad recaen en las Comunidades Autónomas, y que las autoridades sanitarias autonómicas están en contacto con el Ministerio de Sanidad a través de los Consejos Interterritoriales que se reúnen de forma periódica y a través de órganos permanentes de coordinación. Por eso queremos pedir a las autoridades sanitarias madrileñas que apoyen nuestra propuesta y la trasladen a los responsables del Ministerio de Sanidad.

Queremos terminar con otras palabras de Henrietta Fore: “Las consecuencias de una falta prolongada de aprendizaje, o su deterioro, son abrumadoras, especialmente para los más marginados. Cuanto más tiempo permanezcan los niños fuera de la escuela, menos probable es que regresen a ella”. Hagamos todo lo posible para evitarlo. Y permitamos al profesorado trabajar, con seguridad, para evitarlo.

Sindicatos de enseñanza solicitan se vacune al personal de los centros educativos