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martes. 05.07.2022
pedro sanchez
Pedro sánchez en un acto electoral en Sevilla.

Lo que sucedió este domingo 19 de junio de 2022 en Andalucía dará que pensar a muchos, pero sobre todo a la cúpula de PSOE, a los votantes de izquierdas que optaron por la abstención y tal vez también a la extrema derecha tras el patinazo que ha supuesto la designación de Macarena Olona.  

Una lectura rápida de los resultados electorales nos indica que las mayorías absolutas han vuelto, trayendo con ellas una confirmación del contexto bipartidista y machadiano de esas dos Españas en las que ayer debió helarse el corazón de quienes no mordieron el anzuelo populista de la derecha, quien sabe si por creer que la libertad sigue siendo algo más que el derecho a tomar una cerveza donde a uno le apetezca.

Quién iba a pensar en Ferraz (y me remito a hace sólo unos meses), que la derecha conseguiría una mayoría absoluta en aquella Andalucía que fue feudo y orgullo del socialismo. El PP ha hecho historia al conseguir una mayoría absoluta de 58 escaños (que pocos lo esperaban aunque tampoco descartaran la posibilidad), mientras que el PSOE se ha tenido que conformar con sólo 30 diputados, todo esto con la guinda en la tarta de que, por vez primera, el PP ha ganado en las ocho provincias andaluzas, incluida esa imbatible Sevilla donde los socialistas jamás perdieron.

El PSOE se hunde en Andalucía y cae por debajo de la barrera psicológica del millón de votos. La primera conclusión de estos resultados es que el voto útil para impedir que la ultraderecha formara coalición con el PP no ha ido esta vez a Ciudadanos (que desaparece al no conseguir ningún escaño), sino a un PP que se ha esforzado por parecer moderado y ha hecho como si lo de Castilla León fuera algo ajeno a ellos. La segunda conclusión a extraer apunta a que muchos de quienes fueron votantes fieles al PSOE, prefirieron ayer depositar su confianza en el PP aún a pesar de arriesgarse a que VOX entrara en el gobierno. 

Sin duda hoy no debe ser un gran día para los fieles a la ideología de izquierdas, no sólo por lo que ayer sucedió, sino por la aciaga premonición que esto augura ante la alta probabilidad de que el año venidero Santiago Abascal sea vicepresidente del Gobierno de España en el caso de que, al igual que los andaluces, el resto del país pierda el miedo a votar a una derecha que no descarta pactar con el fascismo si las circunstancias lo requieren.

En resumidas cuentas, el giro hacia la derecha de Andalucía ha conseguido que el PP y Vox sumen más de 2 millones de votos, mientras que el PSOE y el resto de las izquierdas se quedan con sólo 1,3 millones, un porcentaje por bloques que resulta demoledor para las expectativas de los socialistas de cara a las próximas generales. 

Hay que al rendirse ante la evidencia de que al apostar por la moderación, Moreno Bonilla ha conseguido pararle los pies a Vox sin necesidad de imitarlo ni blanquearlo, algo por lo que Feijoóo le estará eternamente agradecido y que Ayuso habrá recibido como un duro golpe. 

Y mientras tanto, estoy seguro de que hoy mismo Pedro Sánchez habrá comenzado a diseñar un plan para salir airoso tras el fracaso de Juan Espadas, un candidato de perfil sobrio y templado que él mismo eligió.

En el verano de 2017 mantuve una conversación personal con Josep Borrell durante una presentación literaria. En nuestra breve charla, el político catalán me comentó que cuando en 2016 Pedro Sánchez dimitió como secretario general del PSOE y una gestora se hizo cargo del partido, «fue como si Pedro muriera y después resucitara como el Lázaro del Nuevo Testamento, por eso comencé a llamarle Lázaro en broma y a él le encantaba». Mas tarde, cuando en junio de 2018 Sánchez presentó una moción de censura contra Mariano Rajoy, nadie apostaba a favor de su futuro, tanto que sus detractores (de dentro y fuera del partido) lo daban casi por muerto hasta que se produjo la segunda resurrección de Pedro al triunfar la moción y convertirse en presidente del Gobierno de España, cargo que prometió ante el Rey al día siguiente. Es por este motivo que en el titular he hecho alusión a la probable tercera resurrección de este personaje con una baraka incuestionable, que el próximo año será la alternativa a un gobierno que no es imposible se constituya por la coalición del PP con la ultraderecha, una circunstancia que supondría un desprestigio para la tradición democrática que tanto nos ha costado construir tras la Transición iniciada tras la muerte del dictador Francisco Franco.

¿Necesitará Pedro Sánchez una tercera resurrección?
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