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jueves. 09.02.2023
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Este título viene a cuento del artículo, en forma de decálogo, publicado el 18 de agosto en La Vanguardia con el título de “Catalunya, un replanteamiento económico global” por 4 eminentes personalidades de ESADE, ESDI y BSM-UPF.

En dicho artículo se enumeran diversos principios con los que creo es necesario estar de acuerdo, sobre todo en la medida que apuntan a necesidades de futuro más que a nostalgias del pasado. Pero, y a eso alude el título, a la vez que señalan las necesidades de innovación, de asumir la emergencia estructural del cambio climático, de la significación de las infraestructuras, de la referencia al modelo europeo de bienestar…, creo que incurren en el mismo error que afirman hay que superar, el de “tener un país aspiracional, pero no un país real”, desde una Catalunya que, como acertadamente señalan, ha intentado avanzar demasiadas veces en base a “planes que nunca han tenido impacto”.

Entiendo que para que las orientaciones de los 4 articulistas tengan un “impacto” efectivo, tendrán que superar dos importantes carencias.

Por una parte, creo que hay que situar en el eje de la movilización colectiva el necesario consenso social, político e institucional. Es cierto que, en el tercero de los diez mandamientos de su escrito, señalan como objetivo el “equilibrio social”, y preconizan una “sociedad socialmente equilibrada”. De acuerdo, pero para hacer realidad la fórmula hay que desarrollar la idea, sin miedo a explicar mejor lo que la fórmula supone, a señalar que este “equilibrio” exige, como elemento clave, algo que sí parece que la CEOE y Foment han entendido. Me refiero a la implicación sindical en los proyectos de futuro y en las normas laborales que los presidan, lo que necesariamente supone abrir mesas de negociación que vayan más allá (por parte de todos) de las buenas y tópicas declaraciones de intenciones.

Por otra parte, considero que no se orientan adecuadamente al objetivo apuntado al presentar una Catalunya concebida más como una unidad aislada en Europa y en el mundo, uno más de posibles reinos de taifas en definitiva. Cualquier “plan” que ignore, como parece que les sucede a los 4 firmantes del mencionado decálogo, la ubicación de Catalunya como parte de España, que ignore donde se sitúan las sedes centrales de muchos de los centros de trabajo de Catalunya, sus mercados, sus filiales y sus proveedores, … y que, tras afirmar la necesidad de utilizar “fondos europeos de recuperación … para una inflexión estratégica”, parezca ignorar que su administración pasa por un proyecto estatal español, con la intervención del gobierno central coordinada con las Comunidades Autónomas, Catalunya una de ellas. Porque las transferidas competencias en política industrial no suponen una distribución automática de los fondos europeos. Y estamos hablando nada menos que de los 140.000 millones de euros que nos toca de tales fondos, para los que creo de interés no olvidar las recientes consideraciones de Quim González Muntadas.

Me parece que se trata de una cuestión importante, que va mucho más allá de las posibles veleidades “independentistas”, que desconozco, de los 4 firmantes. En sentido contrario a la ignorancia del marco estatal, por ellos aparentemente desconocido, apuntan ya algunas voces que empiezan a alzarse en relación con muchas cuestiones, entre ellas ante la dispersión de iniciativas en política sanitaria una vez superado el “estado de alarma” frente al covid-19.  

Es cierto que ante las dificultades de cada momento surgen, aquí y en muchos rincones del planeta, tendencias de primario egoísmo social, de chovinismo y xenofobia, de insolidaridad, cuando, en este nuestro mundo cada vez más interrelacionado, interdependiente, adquiere cada vez más importancia la interrelación entre los intereses de los diversos colectivos en los diferentes ámbitos. Se plantean evidentes tensiones entre las tendencias independentistas y las centralizadoras, muchas de las cuales sólo expresan intentos de adjudicar al método, antes que al contenido, las explicaciones de los fracasos o las dificultades para hacer frente a los retos de pendiente solución. A ello me referí recientemente al abordar otra problemática

En todos los ámbitos, para todos los colectivos, existen intereses propios que pueden colisionar en aspectos concretos con los de otros colectivos similares y próximos. La cuestión esencial estriba en saber dilucidar si tales intereses inmediatos son los esenciales o, por el contrario, su satisfacción pasa por asumir la existencia de otros intereses de un ámbito superior que a su vez constituyen tutela y garantía de los más inmediatos, y establecen además mecanismos de equilibrio entre éstos. Intereses de ámbito superior que suponen y estimulan formas de solidaridad que refuerzan y garantizan la eficacia de tales comunes y superiores intereses.

Hemos aprendido una tal interrelación de intereses, sin ignorar sus concretas contradicciones, en los ámbitos laborales, particularmente sindicales, desde el centro de trabajo hasta las cadenas de suministro mundiales de las macroempresas multinacionales, pasando por los sectores industriales de cada país. En estos ámbitos sindicales, para cuya interrelación utilizamos muchas veces la fórmula de “articulación”, hemos aprendido que para la satisfacción de lo más inmediato resulta prioritario establecer un marco común y solidario de ámbito superior.

Creo que se trata de una experiencia para no olvidar al reflexionar y promover iniciativas de desarrollo humano en general, económico e industrial en particular, para los que la Catalunya del futuro, con un “replanteamiento económico global” como se titula el artículo que motiva estas notas, debe abordarlo en el marco de los ámbitos español y europeo para que los planes a tal efecto tengan positivo “impacto”.

Reinos de taifas autonómicos o interdependencia y articulación estatal
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