martes 30/11/21

Hay quien dice que el lenguaje, la riqueza de nuestra comunicación es la nota diferencial de la cultura humana. En realidad el lenguaje humano se caracteriza frente al animal por su complejidad. Y esta proviene de la adquisición en un momento  determinado que se sitúa en el origen mismo de nuestra condición específica de la capacidad para mentir. Mentira y homo sapiens es un pleonasmo.

Y es la mentira, el engaño sistemático lo que ha rodeado en todo momento a la Reforma Laboral de 2012. Cuando se aprobó y ahora que, supuestamente, se dice que se quiere derogar si bien no se sabe si total o parcialmente, si ya o más adelante…

En su día se nos ocultó la brutalidad de la Reforma Laboral introducida por Rajoy y el Gobierno del Partido Popular. Esta se caracterizó por dos líneas de acción acordes con el neoconservadurismo ultra liberal, que en realidad es la recuperación de la dureza del capitalismo inicial. La primera, la destrucción de la negociación colectiva y de los restos del poder sindical. La vuelta al aislamiento individualista del trabajador y las leyes anti-trust. Aunque no hay que engañarse. En 2012 la decadencia sindical era manifiesta, lo que coadyuvó a la viabilidad de la Reforma. Y la segunda desnudar a los trabajadores de sus derechos mediante el abaratamiento del despido injusto y, por tanto, la liberación a bajo coste del empleador de las obligaciones contractuales contraídas con estos. No puede olvidarse la influencia de Trump. Y la de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, actualizadores de la brutalidad del capitalismo, en el propio Trump.

La violencia de esta Escuela económica y el fracaso de su plasmación práctica[i], allí donde se ha llevado a cabo, especialmente el Chile de Pinochet, se han reiterado en estos nueve años de aplicación de la citada Reforma en España. Se ha ocultado a la opinión pública hasta el punto que sólo son conscientes de lo que ha representado quienes la han sufrido y quienes la han tenido que aplicar. Tampoco podemos tapar que los Sindicatos mayoritarios en este tiempo han hecho uso de esta Reforma en los despidos de sus propios trabajadores y han contribuido a socavar, unos más que otros, la negociación colectiva de sector aprobando Convenios de Empresa que contradecían y minoraban los derechos establecidos en los de Sector, al tiempo que mostraban su impotencia para promover estos.

Los resultados de la Reforma están ahí. Incremento del desempleo hasta alcanzar niveles inéditos, de la desigualdad con aumento de la pobreza infantil e incluso de un amplio sector de trabajadores empleados, de la brecha salarial y la discriminación del empleo femenino, de la precariedad y de la temporalidad. Y todo ello en nombre de una flexibilidad que, por cierto, es la cualidad del látigo.

La mentira llega hasta hoy. “El Gobierno va a tumbar la Reforma Laboral”, “La derogación es inaplazable”… Pero lo cierto es que el lenguaje de Nadia Calviño deja ver una operación cosmética, meros retoques sin alterar lo sustancial. El propio Unai Sordo reconocía en una reciente entrevista que será parcial y que el art. 56 del Estatuto de los Trabajadores no se tocará (ni se incrementarán las indemnizaciones ni volverán los salarios de tramitación, entre otras cosas). Naturalmente se culpa a Bruselas pero pasan por alto que Europa es también el art. 24 de la Carta Social Europea, ya vigente en España desde el pasado 1 de Julio, y el Comité Europeo de Derechos Sociales que ya ha declarado no acordes al derecho comunitario las Reformas laborales de Finlandia e Italia, entre otras, que se inspiraban en la de Rajoy, o mejor dicho en la de Milton Friedman y Pinochet. El trabajador que sufre un despido injusto ha de ser íntegramente resarcido de todos los perjuicios que le ocasione, directa o indirectamente, sin topes legales y de manera individualizada. Solo los Tribunales de Justicia pueden cuantificar la indemnización correspondiente. El art. 56 del Estatuto sólo resulta de aplicación si se considera que las indemnizaciones que en él se establecen son mínimas y el trabajador está legitimado para reclamar la diferencia.

Y es tan profundo el engaño que no solo afecta a los objetivos sino al método. El consenso es la excusa para no dar el paso hacia adelante. Es cierto que tiene sus valores pero a veces oculta la cobardía y la dimisión de los principios. Se acaba de renovar el Tribunal Constitucional. Mediante consenso PSOE-PP. Cómo ha sido la renovación: dos Magistrados progresistas y dos Magistrados conservadores (reaccionarios, quiero decir). Resultado: ahora que tocaba mayoría progresista se prorroga la mayoría conservadora. ¡Desesperanzador! La interpretación progresista de la Constitución habrá que seguirla buscando en los votos particulares de la minoría. Lo mismo con la Reforma Laboral: “hay que guardar equilibrios”. Para avanzar hacen falta consensos imposibles, para retroceder bastan las mayorías absolutas o relativas de la derecha. Las cartas están marcadas.

El propio Unai Sordo decía en la entrevista citada que  la Reforma Laboral, la contrarreforma que postula el Gobierno, “era la más progresista de la democracia”. Naturalmente, Sr. Sordo. No es difícil. Pero eso es una vaciedad. A poco que se lo propongan. Porque durante los cuarenta años de democracia los derechos de los trabajadores se han ido yendo, reforma tras reforma, con gobiernos populares o socialistas, por el desagüe. No es difícil porque, al margen del anecdótico reconocimiento de algunos derechos en materia de conciliación de la vida familiar, todas las reformas habidas desde 1978 han sido regresivas. Se ha gobernado para los poderosos. Luego nos extraña y ponemos el grito en el cielo por el auge de los movimientos populistas y de ultraderecha entre los trabajadores. Es un dejà vu.

Que no se engañen los Sindicatos mayoritarios, que no se deje engañar el Gobierno de progreso: no hay derechos colectivos sin derechos individuales y el derecho a una indemnización adecuada a los perjuicios que ocasiona el despido injusto (improcedente o nulo) es el arco de bóveda del Derecho del Trabajo. Y sin ellos, es posible que subsistan, con o sin fecha de caducidad, los Sindicatos institucionalizados, subvencionados y domesticados pero el sindicalismo, el de verdad, lo ejercitarán otros. Tomen buena nota.

[i] La doctrina del Shock. Naomí Klein

Qu'est que c'est de la reforma laboral?