sábado 18/9/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

Pseudo-periodistas y redes sociales, un peligro para el bienestar social

tuit smith

Cada día más bulos, cada día más fakesnews, cada día más errores, la izquierda, a rebufo.

Que tenemos un serio problema con la televisión, y con la prensa en general, en este país, no es ninguna novedad, y no se trata del blanqueo porque aparezcan ciertos personajes, el problema es cuando no se les rebate absolutamente nada de las aberraciones que sueltan. Si se está reclamando libertad de expresión, por mucho que nos joda, que se la concedan no tendría que ser lo cuestionado, pero la libertad de expresión tiene que ir acompañada de una labor periodística, que no se hace en la mayoría de los casos, o que directamente, y ante la mirada atónita de quienes contrastan datos o se informan medianamente, se aplaude. 

A este problema hay que añadirle la rabia que nos entra ante espectáculos tan miserables como que se arremeta contra la población migrante sin prueba alguna, en un caso de agresión, no entraré en si la agresión de Malasaña fue consentida, si la denuncia es falsa, o si existe una coacción para hacer cambiar la declaración, ni me corresponde hacerlo, ni tengo los datos suficientes como para meterme en ese jardín. Qué en la televisión pública pagada por todos, se dijese semejante aberración no tenía otro cometido que el de enfrentar a dos colectivos vulnerables, ninguno de los dos le importa un pimiento, pero el divide y vencerás lo conocen a la perfección. Y aquí dos problemas enormes, en dicho programa de televisión pública, quien dirige la tertulia, tiene la obligación tanto moralmente como profesionalmente de desmentir esa racista intervención, un periodista no tiene que decir que llueve porque otro lo diga, o permitir que alguien lo diga a la torera, su obligación es abrir la ventana, y comprobarlo, y desmentirlo si fuese necesario. 

¿Cuál es el segundo problema y principal error? Si nos vamos al twitt en cuestión de “La Hora de la 1”, veremos la cantidad de protestas de la izquierda tuitera acerca de que el programa blanquee declaraciones, 1) racistas, y 2) no reales, al no ir acompañadas de ningún dato que las sustente. 

¿Por qué error de la izquierda tuitera?, las redes sociales funcionan a través de un algoritmo que, fruto de esas protestas, puso durante un día entero a la vista de cualquiera las racistas y homófobas declaraciones no rebatidas por el periodista, pero las quejas y protestas, quedaron a la sombra. Con esto no quiero decir que no se esté en pleno derecho, o que no se haga, pero sí afirmo que el mensaje de odio fue difundido más por quien estamos en contra, que por sus propios feligreses. 

Estamos librando una batalla en redes sociales a dos bandos, por un lado, dando visibilidad a quien no debemos, y por otro, no exigiendo a quien tenemos que hacerlo, lo peor de todo, las calles, vacías, mudas

La izquierda, tal y como explicaba Juan Carlos Monedero, necesitaba conquistar el algoritmo, necesitaba adentrarse en el BigData, iba a rebufo, y tristemente seguimos así. No hemos conseguido conquistar las redes sociales en otra cosa que no sea la de celebraciones de méritos conseguidos por “los nuestros”, las discrepancias que tenemos con las (ultra) derechas solo las vemos nosotros, y entre nosotros, para más inri, se duplica su visibilidad. Ese algoritmo nos hace navegar, bien sea por decisión propia al bloquear o silenciar continuamente a trolls bots derechuzos o porque, básicamente, y para darse cuenta solo hacen falta un par de horas de uso de redes sociales, el algoritmo nos ofrece esa información que es de nuestra cuerda, esos perfiles con los que más interactuamos, por lo que, tanto nuestros aplausos como nuestras protestas, podríamos decir que se quedan en casa. 

Puede que se haya conquistado parte de ese algoritmo, los partidos han sabido sacarle rédito, tienen un ejército de simpatizantes haciéndoles una campaña política continua gratis, incluso las (ultras) derechas no dudan en comprar miles de bots automatizados para difundir sus bulos, y ahí es donde vamos a rebufo. Con esto no quiero decir que haya que hacerlo, para nada, pero de algún modo se les facilita el trabajo cuando usamos, en un porcentaje mayor, las redes sociales para posicionarnos en contra de mensajes racistas, homófobos, o simplemente de asuntos políticos no acordes a nuestras ideologías, cosa que hay que seguir haciendo. Pero pocos usan ese algoritmo para que “los suyos” vean su descontento cuando no están de acuerdo con algo, eso hace que sus dirigentes políticos vean solo los halagos y las disconformidades con otras formaciones, insisto, solo las ven los que son de nuestra misma cuerda, pero se sigue dando visibilidad al “oponente.”

Desconozco cual es la fórmula exacta a seguir, pero creo que bastante tenemos ya con que Ana Rosa Quintana destile odio cada mañana, como para que encima nos ocupemos de darle más visibilidad todavía, visibilidad que no llega a quien tiene llegar, el algoritmo solo hará que llegue a los que piensan igual que nosotros, disparamos con cartuchos de fogueo, por no entrar ya en el debate de la obscenidad con la que reclamamos que les cierren programas, pero nos falta tiempo para verlos, grabarlos, y difundirlos, sí, para decir que son una absoluta mierda, pero de un modo u otro le hacemos caldo de cultivo. 

Desde la humildad de quienes no compran bots, no disponen de la economía suficiente para tener una productora de televisión, y/o disponemos de pocos recursos, solo nos quedan las calles, y volvemos a estar a rebufo. Con unas (ultra) derechas envalentonadas en medios de prensa que no les rebaten ni una cosa ni media, unas redes sociales que ya sea por inferioridad numérica o porque no controlamos el algoritmo a la perfección, las calles tendrían que ser el método de difusión de nuestros mensajes, poco antes de la segunda república no existía la televisión, no existían las redes sociales, existía el boca a boca, la calle, esa calle que hemos visto como en plena pandemia era abordada, con la pasividad de las FFCCSE, por cayetanos caceroleando en un descapotable.

Solo hemos utilizado las calles, y ojalá no se tuviese que haber dado el caso, por asesinatos machistas u homófobos, pero no se llenan con una factura de la luz desorbitada, por un ingreso mínimo vital que no llega, por un salario mínimo interprofesional irrisorio, por unas pensiones dignas y públicas, por una sanidad y una educación laica, universal, pública, y con unos mínimos medio decentes, o por otros asesinatos, los cometidos en las residencias, por estos últimos no se han llenado plazas. Nos hemos limitado a soltar espuma por la boca en redes sociales, o como suele decirse, estamos pretendiendo arreglar el mundo desde la barra del bar.

Con una judicatura que mete preso a un ciudadano por un twitt, mientras Alvise Pérez difunde odio, bulos y racismo impunemente, la batalla de las redes sociales por el momento, está perdida, y flaco favor nos hacemos a nosotros mismos si encima les damos más bombo del que ya se dan a través de esos millones de bots automatizados.

Son una lacra, son enemigos de la democracia, son el peor cáncer para el estado del bienestar, lo sabemos, pero si seguimos usando el mismo método que ya hemos visto que no funciona, poco podremos avanzar, ¿se merece menos difusión afirmar que estamos hasta los mismísimos de la ley mordaza? ¿se lo decimos a “los nuestros” con la misma energía con la que ponemos al inepto de Toni Cantó en el miserable lugar que le corresponde?,” los tuyos”, que son los que te leen ¿van a quitar de ahí a Toni Cantó?  

Puede que haciéndonos ese tipo de preguntas, saquemos alguna conclusión al respecto, “los nuestros” ya reciben los vítores que merecen en forma de sueldo público mediante nuestros votos, es a ellos a los que tenemos que dirigir nuestras protestas, es en ellos en los que supuestamente confiamos para que resuelvan nuestros problemas, ya sabemos que de los otros no podemos esperar nada, y con esto no quiero decir que no se les agradezca lo que se crea conveniente, es que lo otro no se ve por ningún sitio, al menos como sí se ha visto al cayetano sacudiendo la señal de tráfico con el palo de golf, y si poco lo difundieron ellos mismos, ya nos encargamos los demás de darle más visibilidad todavía, en forma de protesta, pero al fin y al cabo, visibilidad. 

Claro que hay que usar las redes sociales, claro que hay que protestar, claro que hay que aplaudir, ¿en qué medida cada cosa? 

La conquista de ese algoritmo tiene que darse, pero no en exclusividad y en una sola dirección, la conquista no tiene que darse para una formación política, tiene que darse para la ciudadanía, es la ciudadanía la que tiene que armarse de todo lo que tenga a mano, primero sabiéndolo utilizar, y con esto no digo que yo sepa hacerlo, o que se use de una manera o de otra, si no de todas las posibles, es decir, del mismo modo que tiene miles retuit un logro conseguido por una formación, tiene que tener millones de críticas algo de lo que no se está conforme, esto último, no se hace.

¿Qué es eso de anteponer un color a nuestros derechos por miedo a un unfollow? ¿Qué es eso de anteponer un color a nuestros derechos porque no están dictando que a “los nuestros” no se les puede toser? De ahí, que las redes sociales sean un peligro para el bienestar social, nuestras protestas las dirigimos a una oposición que no llega en números, pero nos han metido con calzador el “cuidado que viene el lobo”, y mientras ese lobo llega, o no, la luz sube. Pero no le hacemos llegar ese descontento a “los nuestros”, nos contentamos con decir que la culpa fue de Aznar y de González, que es cierto, pero hasta cierto punto, ya no están, y las privatizaciones que formularon, no están siendo revertidas, que la ley mordaza fue impuesta por Rajoy es cierto, pero igual de cierto es que tampoco está siendo revertida, joder, que el Pacto de Toledo es una puñetera mierda y solo lo dicen los pensionistas, como si los demás no fuésemos a llegar a pensionistas nunca. 

¿Está el cuñado de turno en redes sociales?, no lo sabes, puede que casi con toda seguridad sí, si no le ves, es porque no es de tu cuerda, porque el algoritmo le mantiene alejado de ti, mientras, las calles, las hemos perdido, a rebufo. Estamos a la defensiva continuamente en un escenario en el que presuntamente gobernamos, o gobiernan, mejor dicho, si no los nuestros, lo más parecido a lo que queremos. ¿Por eso las calles están mudas? ¿Tienen “los nuestros” algún problema para pagar la luz? ¿van a tener algún problema con sus pensiones? ¿les van desahuciar? ¿tienen algún problema de listas de espera en su centro de salud? ¿en el colegio de sus hijos no cumplen con las ratios? ¿Por qué reclamar algo en redes sociales a quien no te representa es lícito, pero no se hace a los que si te representan? 

Si las (ultra) derechas tienen algo en común, es tan solo una bandera, si las izquierdas tienen algo en común, es indudablemente cultura y una educación moral superior, y dignidad, dignidad que se está perdiendo por no ensombrecer a quien gobierna aunque eso esté suponiendo que la migaja que nos ofrece el sistema la acojamos en forma de progreso, y no, no me sirve eso de que las eléctricas están echando un pulso al gobierno, el gobierno tiene leyes de sobra para ganar ese pulso, si no lo hace, solo existe una razón, no quiere hacerlo, y cuando digo gobierno, digo gobierno al completo, ya que todos cobran como tal. 

Estamos librando una batalla en redes sociales a dos bandos, por un lado, dando visibilidad a quien no debemos, y por otro, no exigiendo a quien tenemos que hacerlo, lo peor de todo, las calles, vacías, mudas.

"Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo." MARX, tesis 11.

Pseudo-periodistas y redes sociales, un peligro para el bienestar social