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martes. 05.07.2022

MARIO REGIDOR | Entramos en período electoral a tope… El próximo 19 de junio tenemos elecciones anticipadas en Andalucía, siguiente cita en donde se medirán las fuerzas a derecha e izquierda del panorama político español, después de las madrileñas y las celebradas en Castilla y León. Hasta ahora, con sendas victorias de la derecha que amenaza con hacer triplete en la siguiente.

El próximo año tendremos otras dos convocatorias electorales: municipales y autonómicas en mayo y generales, previsiblemente, si no hay anticipación de las mismas en torno a noviembre.

Y la polarización en sede parlamentaria no desciende, más bien, aumenta y sin visos de alcanzar techo.

La situación se vuelve muy compleja y es posible que todo el mapa local, autonómico y nacional se recoloque de forma que ahora mismo no nos atrevemos a sospechar siquiera. No obstante, como viene siendo habitual, voy a poner negro sobre blanco lo que presumo que podría pasar.

Sinceramente, todo hace pensar que las correlaciones de fuerzas que se puedan dar en los distintos municipios y comunidades autónomas donde no se consiga mayoría absoluta, prácticamente todas las de cierto número de habitantes, seguirán una línea similar a la que se viene produciendo desde 2015, donde la proliferación de nuevos partidos al calor de la crisis derivada del 15-M y, ésta a su vez, consecuencia del agotamiento del sistema político del 78. Es decir, se continuará con pactos a 2, 3 o 4 en función de si existe uno o varios partidos de corte nacionalista o regionalista en las distintas comunidades autónomas. Recordemos en este punto el surgimiento ya experimentado en las elecciones generales de noviembre de 2019 de Teruel Existe y la entrada en el parlamento castellano leonés de partidos como X Ávila y Soria Ya y que podrían tener su traslación a nivel local en una mayor fragmentación de los hemiciclos locales y en la consiguiente dificultad para formar gobiernos duraderos. La llamada España Vaciada clama por su reconocimiento y representación.

No obstante, creo que, como ya llevamos unos años de práctica, los grupos de gobierno que se llevan formando desde 2015, en general, han sobrevivido mejor de lo que se esperaba, señal de que los partidos políticos, pero también la ciudadanía, se han habituado a este nuevo escenario electoral y de gobierno.

Pero creo que, aunque este panorama pueda repetirse a raíz de las elecciones municipales y autonómicas del próximo año, habrá una serie de matices muy importantes. Para empezar, una vez perdido el miedo a los pactos de izquierda entre PSOE y Unidas Podemos, con partidos nacionalistas o regionalistas de similar sintonía ideológica, comenzaremos a perder el respeto a pactos con Vox. Pero, de lo que no cabe duda, a tenor de los últimos movimientos a la hora de formar gobiernos en Castilla y León y que, previsiblemente, tendrá lugar en Andalucía, marcarán una senda de gobierno autonómico y local donde en aquellos lugares en los que la suma de PP y Vox permita conseguir mayoría absoluta para articular gobiernos, ésta se dará sin ningún género de dudas. Y lo que es peor, esto será total y absolutamente naturalizado por la ciudadanía a pesar de los esfuerzos de los partidos de izquierda por alertar “que viene el lobo…”.

Ante este panorama y su consecuente epilogo, o prólogo, según se mire, en forma de elecciones generales que, podrían celebrarse incluso el mismo domingo del mes de mayo donde se celebrarán elecciones municipales y autonómicas, nos encontramos con la tesitura posible de replicar los resultados que se consigan en muchas capitales de provincia y regiones y encontrarse muy cerca PP y Vox de conformar gobierno a nivel nacional. ¿Cuáles serían las alternativas si el bloque actual de gobierno no sumara la frágil e inestable mayoría de la que disfruta en estos momentos aun contando con el apoyo mayoritario de los partidos nacionalistas, regionalistas y la llamada España Vaciada?

Aquí se pueden plantear varias opciones, pero quizá la más plausible, aunque no sea la que más me agrade, sea un pacto entre PSOE y PP, pero esto necesitaría de unos mimbres en donde, a pesar de los acuerdos de bloques que sustentaran gobiernos locales y autonómicos de uno u otro signo ideológico, todos supiéramos ver la necesidad de este pacto momentáneo a nivel nacional para rebajar la polarización en la escena política y embridar un período convulso en la historia de nuestro país consiguiendo que las aguas pudieran volver a su cauce.

No digo que sea fácil, de hecho, lo estoy escribiendo y me parece irrealizable, pero creo que es la única opción viable a no ser que la situación cambie en el escaso año y medio que queda para la celebración de elecciones generales, siempre y cuando Pedro Sánchez no las adelante, y más si tenemos en cuenta la desaparición de Ciudadanos como actor político relevante y capaz de formar gobiernos, como pudo hacer después de las elecciones generales de abril de 2019 y que hubiera sido una opción nada desdeñable en su momento.

Hay varios nubarrones en forma de oposición radical que se ciernen en el horizonte. La primera es la oposición que podría realizar Vox para que el PP rompiera el pacto a nivel nacional a costa de arriesgar gobiernos locales y autonómicos. Es evidente que es un riesgo que no asumiría en dichos ámbitos territoriales el PSOE, pero el principal riesgo que veo es que no sea entendida esta salida como la única viable para no caer en un gobierno de extrema derecha que nos alejaría de los estándares de libertad, seguridad y derechos humanos que son normales en la mayoría de nuestros socios europeos.

Y, además, que más allá de los partidos nacionalistas y regionalistas de uno u otro signo, la auténtica y única oposición, sería la de Vox que contribuirían a polarizar aún más si cabe la escena política nacional, si no somos capaces de frenarles a tiempo.

Como ven la situación no es para nada halagüeña, pero hemos sufrido dos crisis económicas en 15 años, derivadas una, de la crisis inmobiliaria, la reforma del suelo del PP de 1998 y la avaricia de las entidades financieras a la hora de emponzoñar el crédito hipotecario con condiciones que parecían caídas del cielo y que no hicieron sino sumir en una profunda deuda privada a decenas de miles de hogares en nuestro país y la otra derivada de una pandemia que nadie pudo o supo prever y que sigue ocasionando grandes perjuicios económicos con una inflación desbocada, una importante crisis de materias primas y unos tipos de interés que amenazan con una escalada notable  perjudicando nuevamente a los que tienen créditos e hipotecas. Todo ello, sin olvidar un conflicto en el corazón de Europa que amenaza con eternizarse.

Con el panorama anterior en lontananza y con la esperanza en un cambio de modelo o de ciclo productivo auspiciado por una actuación de la Unión Europea totalmente distinta a la reacción que tuvo en la crisis de 2008, el pacto temporal y momentáneo se convierte en necesario, al menos mientras dure el período de ejecución de dichos fondos europeos. Esta situación creo que obliga a un replanteamiento de las alianzas a nivel nacional para conseguir un gobierno con una amplia mayoría parlamentaria y con una hoja de ruta consensuada con el fin de sentar las bases para escapar de la crisis definitivamente.

No sé si esta pretensión será posible y soy consciente de que la polarización existente pondrá en dificultades el planteamiento y podría colocar en bandeja de plata en un futuro a medio o largo plazo un gobierno de Vox en España. Pero, si la sociedad española evoluciona y somos capaces de darnos cuenta de la necesidad de un pacto temporal de estas características, alejándonos de personalismos políticos y poniendo el interés de España y de la ciudadanía en la cúspide de los motivos para tomar esta decisión, creo que el resultado será muy favorable. De todos depende el éxito de esta empresa.

La única posibilidad que veo de que este pacto no se concrete es la unión de las izquierdas en torno a la figura de Yolanda Díaz y su plataforma “Sumar” Es la única persona que, por su carácter y su gestión, puede aglutinar a las izquierdas alejándolas de las frecuentes luchas cainitas y constituir una opción de gobierno que supere la fragilidad ideológica de Unidas Podemos y refunde un movimiento que tuvo bastante auge en 2015 y 2016 y que ahora atraviesa un momento complicado en su corta singladura.

Soy consciente que Yolanda Díaz tendrá un liderazgo más basado en el consenso, donde incluso exponentes claros de la izquierda que abandonaron Unidas Podemos, como Íñigo Errejón, podrían incluso formar parte de la coalición, aunque dicha unión en forma de apoyos electorales pueda seguir siendo endeble y desde luego, alejada de los setenta escaños que consiguieron en las convocatorias de 2015 y 2016.

En suma, reitero, la opción que me gustaría sería reeditar este pacto actual donde se mezclan partidos de izquierda con el apoyo variable de nacionalistas e independentistas, pero si no se confirma la fortaleza de la plataforma que aspira a liderar Yolanda Díaz, las posibilidades se reducen y dan alas a una coalición entre PSOE y PP que puede aparecer frente a Europa como más segura y más estable.

Previsiones para 2023, año electoral