viernes 17/9/21

El Prat y Chamartín, entre ‘hubs’ anda el juego

pere aragones
Pere Aragonés.

El progreso se llama hub. Para quien no lo sepa, un hub es un sitio donde se concentra a lo más granado del emprendimiento económico para que todos juntos potencien su capacidad creativa. Es la trasposición al mundo de la empresa del proceso de comunión de los santos donde las virtudes de uno impregnan a los demás compartiendo todos ellos las sinergias del proceso.

Urbanísticamente, se trata de concentrar muchos edificios en un espacio concreto para dar cabida a tanto emprendedor, aunque, en realidad, el tema tiene más que ver con la economía que con el urbanismo. Por ejemplo, dos de los más importantes hubs proyectados en España, la ampliación del Prat, un hub aeroportuario, y la Operación Chamartín, un hub empresarial, se miden en millones. La primera de ellas se concreta en 1.700 millones de euros y de la segunda se han dicho tantas cifras que no me atrevo a elegir una. Decida cualquiera de ustedes una cifra entre un pastón y el infinito y no albergue ninguna duda de que no será usted el primero que la diga.

Los promotores de ambos hubs no han importado solo la palabra sino, obviamente, la idea misma ya que en muchas importantes ciudades del mundo hace tiempo que hay hubs e, incluso, en España hay algunos, no tan importantes como esos, solo que, cuando se hicieron, no se llamaban hubs sino polos de desarrollo, polígonos industriales, centros empresariales y cosas así. Luego, el tema no es nuevo y, ni siquiera malo, a no ser que llegue una pandemia o un acto terrorista, situaciones en las que la concentración de personas no es una buena idea. Luego, el asunto es, según. Y sobre todo, debe ser legal.

Porque un hub no se puede hacer de cualquier manera, ni siquiera de la manera que se le ocurra a un importante banco o, incluso, al gobierno de turno. No. Las cosas, en un estado de derecho deben hacerse conforme a ley, que es lo que significa tener, y estar, en un estado de derecho. Y ambos hubs previstos parece que adolecen de problemas legales.

La ampliación del Prat tiene un problema que se llama "la Ricarda" (¡vaya por Dios!, nombre de mujer). Se trata de un espacio natural, es decir, una zona verde, que dejaría de tener esa tonalidad para adquirir la del hormigón y el acero de nuevas pistas y edificios. Y, eso, parece ser, está prohibido como en todas las zonas verdes. Y no vale que los gobiernos municipal, autonómico y/o estatal, digan en sus respectivos boletines oficiales que "la Ricarda" ya no es verde. Porque resulta que la Unión Europea también vela por estas cosas del medio ambiente y seguramente echaría para atrás la ampliación una vez que pasara de las musas al teatro de la realidad.

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Operación Chamartín

En el caso de la Operación Chamartín el problema es urbanístico aunque incluye aspectos medioambientales por la falta de zonas verdes suficientes para que la cosa cumpla los estándares de dotaciones necesarias. Por cierto, esto lo han resuelto de manera tal que también podrían hacerlo en la ampliación del Prat: dicen, en la Operación Chamartín, que el verde está encima del hormigón. Les aseguro que es cierto, no que se convierta en verde, sino que lo dicen. ¿Recuerdan ustedes cuando en el París de 1968 se levantaban los adoquines (para hacer barricadas) porque debajo de ellos estaba la arena de la playa?. Bueno, pues esto es igual pero al revés: aquí lo bueno está arriba. ¿Y por qué no pueden utilizar este truco de las zonas verdes duras en la ampliación del Prat?. Podrían pintar de verde el hormigón de la nueva pista y poner macetas en las terrazas de los edificios. Que lo pregunten en el Ayuntamiento de Madrid.

Pero, en el Prat, se les ha complicado la cosa a los promotores. La política se ha mezclado con lo medioambiental y el desacuerdo entre los distintos partidos políticos, y las administraciones que regentan, ha paralizado la ampliación del Prat. Al menos, de momento hasta que baje el suflé o los empresarios puedan presionar como saben.

No fue ese el caso de la Operación Chamartín. Aquí, los empresarios presionaron como es debido y consiguieron la unanimidad de todos los partidos políticos para sacar el tema adelante. Hasta la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, al contrario que su colega barcelonesa, no solo estuvo de acuerdo si no que se convirtió en madrina de honor de la criatura.

Bueno ¿he dicho unanimidad? No es así. Unidas Podemos, como lo está en el Prat, estuvo en contra pero, a efectos prácticos, y a pesar de que formaba parte del Gobierno de España, su posición no tuvo ninguna influencia y solo la actitud heroica de algunos antiguos concejales del Ayuntamiento destacó del consenso general. Acabaron fuera del Ayuntamiento y, como en el Tenorio, "fuesen y no hubo nada".

Pero, como en las Galias de Astérix, una aldea resistió a la invasión. Un grupo de resistentes ha presentado ante los tribunales hasta nueve recursos económico- administrativos para anular la modificación puntual del Plan General de Urbanismo de Madrid que posibilita la vieja Operación Chamartín, ahora llamada Nuevo Norte. El asunto está en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid que se tiene que pronunciar sobre esos recursos. Veremos.

Lo que es esperanzador es que, alguna vez, se ampliará el Prat y se urbanizará el actual entorno de la estación de Chamartín en Madrid. Porque es posible hacerlo, pero en forma distinta a lo actualmente planeado en ambos casos. No son, de ninguna forma, ecuaciones de solución única. Solo es necesario que las administraciones cumplan las leyes que ellas mismas han promovido.

Y que no se empeñen en hacerlo mal. Un último dato que tienen que tener en cuenta los promotores de lo del Prat: el Gobierno de España ha dado una moratoria de cinco años para plantear nuevamente el hacerla. En la Operación Chamartín llevan veintiocho años de "moratoria" y todavía faltan otros veinte para que se termine. Si se empieza.

El Prat y Chamartín, entre ‘hubs’ anda el juego