domingo. 14.07.2024

A estas alturas de nuestra democracia ya deberíamos saber que una campaña electoral no es el mejor momento para debatir. Lo cual, en un mundo ideal, eso sería una paradoja, ya que los instantes previos a unas elecciones tendrían que servir para que los electores pudiéramos conocer las distintas ofertas y elegir luego entre ellas. Eso, obligaría a los distintos partidos políticos a presentar esas ofertas y confrontarlas con los demás, haciendo lo que el diccionario llama debatir en su primera acepción: "Discutir un tema con opiniones diferentes". Es decir, lo primero que parece hacer falta para debatir es que haya tema. ¿Pero cuáles son los temas a discutir en las ya muy próximas elecciones municipales y autonómicas?

Prefiero no recordar, una vez más, cuáles son esos temas que llenan las portadas de los medios de comunicación estos días, pero podrían resumirse como los motivos que suelen dar lugar a una bronca entre enemigos antes que a un debate entre opositores. Y, ¿por qué?

Los aficionados al futbol conocemos las causas de que pase eso pero, como no se nos pregunta nunca, no podemos explicarlas. Hasta hoy, que me dispongo a dar algunas claves sobre el asunto.

Los instantes previos a unas elecciones tendrían que servir para que los electores pudiéramos conocer las distintas ofertas y elegir luego entre ellas

En primer, unas elecciones son como una final y, aquí, reza el primer principio sobre el particular: "Las finales se ganan, no se juegan". Es decir, una final de futbol sirve para que un equipo gane y otro pierda y, naturalmente, todo equipo que se presenta a una final, quiere ganarla. Conviene recordar que en unas elecciones casi todos ganan, cosa que se comprueba escuchando las declaraciones "post partido" de todos los participantes en las elecciones. El que no ha sacado el mayor número de votos, lo ha hecho en su segmento político, o ha mejorado sus previsiones, ganando más o perdiendo menos de lo que esperaba. Es raro no encontrar una justificación al resultado obtenido pero, previamente, todos quieren ganar.

Y, para ganar una final, lo importante no es jugar bien. Lo esencial es ganar, aunque sea "de penalti injusto en el último minuto". Por eso, el "jogo bonito" no suele ser práctico en unas elecciones si el contrario se dedica a "meter la pierna" con más ardor y eficacia llevándose el resultado de la final. Hasta el Barça, presunto inventor del futbol moderno, ha tenido que practicar este año “el uno-cerismo” para ganar la Liga y Núñez Feijóo, que llegaba para ser el Guardiola de la política española, ha acabado como ha acabado.

Porque, aunque el "resultadismo" está mal visto por la crítica, lo que cuenta es el resultado. Eso es lo que se traslada al ranking de campeones y lo que se eleva a los altares del Boletín Oficial. Es decir, lo que pasa a la historia. Lo otro, el juego espectacular, las maravillosas ofertas que nunca se podrán cumplir, quedan para el recuerdo y, a lo mejor, alguna de ellas puede ser reciclada en unas siguientes elecciones.

El "jogo bonito" no suele ser práctico en unas elecciones si el contrario se dedica a "meter la pierna" con más ardor y eficacia

Y no es que falten los intentos de jugar bien, ya que se ofrecen, por ejemplo, miles de viviendas, millones en ayudas o, simplemente, geranios para los balcones, con objeto de combatir el cambio climático, pero, parafraseando a Ortega, no es esto, no es esto. Lo que prima es el ardor y, eso, no se logra con "rabos de vaca", "lambrettas", "caños" o "pases filtrados" si no con "faltas tácticas", "encimar al contrario", "impedirle la salida", "ahogarle", y cosas por el estilo, es decir, artes que conducen directamente a la bronca. Como en el desierto siempre hay oasis, en este panorama pueden verse pequeños municipios donde se habla de cosas sencillas pero útiles a los ciudadanos. Aunque, eso, lógicamente, solo sale, como máximo, en la hoja parroquial del pueblo pero no en los medios nacionales, ni siquiera comarcales.

Pero es que, ocurre que el resultado, aunque sea a costa de bronca, es lo que mola. En las celebraciones de los hinchas tras la victoria no se festeja el que haya habido un juego celestial de su equipo sino, por ejemplo, el que el árbitro haya podido ocasionar, con sus errores, la victoria injusta de ese equipo.

Las encuestas dicen que, al empezar una campaña electoral, hay una fracción minoritaria del electorado que no tiene decidido el voto, lo que nos dice que, la mayoría, ya estaría dispuesta a votar en ese mismo momento aunque queden quince días para hacerlo. Eso significa dos cosas: una, que esa gran mayoría ya están preparados para salir a la calle a celebrar el resultado, es decir el triunfo de sus colores, divididos, naturalmente, por el sentido de ese resultado. Y dos, que la bronca, entonces, se monta solo para tratar de convencer a parte de la minoría del "no sabe no contesta", imaginando que muchos de ellos deben ser adeptos a la pendencia.

Puede que en, muchos casos, tengan razón, porque la bronca, como la risa, va por barrios. En el futbol ocurre que los hinchas más forofos están dispuestos a ver falta en la entrada ajena y a no verla en la agresión si la hace uno de los suyos. Y lo mismo pasa en política con la bronca, dependiendo de quien la monte. Porque, electores “hooligans”, como las meigas, haberlos, haylos. Ya lo creo que los hay.

En el futbol ocurre que los hinchas más forofos están dispuestos a ver falta en la entrada ajena y a no verla en la agresión si la hace uno de los suyos

La prueba del algodón del "resultadismo" en la campaña electoral se da, precisamente, en los debates propiamente dichos, es decir en esos actos, televisados o radiados, en los que se reúnen los diversos candidatos para "debatir" sus propuestas. Especial importancia tiene en esos debates el llamado "minuto de oro", tiempo concedido a cada concursante para explicar lo que piensa hacer durante los siguientes cuatro años, es decir, en 1.036.800 minutos. La desproporción es abrumadora. ¡Como para explicar nada!. Quizás por eso, con el debate aún caliente, casi sin esperar a que haya acabado, los medios se aprestan a titular en sus noticias "quien ha ganado el debate" más una reseña, en el mejor de los casos, en muy segundo término, de las propuestas que se hayan podido hacer.

Ese estado de cosas beneficia a quien, no teniendo propuestas que hacer, está bien dotado para la bronca, como esos equipos que, aprovechándose del axioma máximo, ese que dice que "futbol es futbol", logran ganar, aunque sea haciendo cosas que repugnan a los puristas.

Bueno, pues a pesar de todo eso, y como dijo aquel, aunque en inglés, la democracia, aún con bronca, es el peor sistema, con excepción de todos los demás. Así que, el que quiera, a votar que son dos días. Que aproveche, porque hubo un tiempo en el que no podíamos hacerlo.

¿Por qué lo llaman debate cuando quieren decir bronca?