martes. 16.07.2024

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Transcurridos algunos días, se puede acometer con más serenidad algunas consideraciones sobre las pasadas elecciones al parlamento europeo y sus consecuencias para las fuerzas progresistas.

Las elecciones se han realizado en unos tiempos en los que las extremas derechas, algunas de ellas con tufillo claramente fascista, van ganando espacio social y electoral en todo el mundo a golpe de demagogia

La primera es que la inmensa mayoría de la ciudadanía en nuestro país no se siente ni entusiasmada ni interpelada por una institución, la Unión Europea, que se percibe muy alejada de su cotidianidad, a pesar de que, para bien o para mal, sus políticas influyen cada vez más en nuestras vidas. Hay factores cómo los evidentes déficits democráticos en la construcción política de Europa, así como otros más a ras de suelo: por ejemplo la distancia con la que se perciben los representantes electos transcurrida la campaña electoral,  o la imagen de estirados y fríos que suelen brindarnos esos burócratas mandamases europeos, siempre dispuestos a imponernos sacrificios o a incrementarnos el precio de las hipotecas vía BCE. Cuesta más que calen las ventajas, que también las hay. Estos y otros factores, influyen en un mayor desapego y una escasa participación electoral.

Las elecciones se han realizado en unos tiempos en los que las extremas derechas, algunas de ellas con tufillo claramente fascista, van ganando espacio social y electoral en todo el mundo a golpe de demagogia, de manipulación mediática y de activismo en las redes. La creación y difusión de bulos, la exacerbación de fobias irracionales y las propuestas simples y truculentas a problemas complejos, van ganando espacio. Y lo están haciendo también en países europeos, algunos geográficamente muy cercanos al nuestro.

Sin embargo, los resultados en España, en un contexto bastante enfangado, no han sido tan negativos para las fuerzas progresistas como algunos parecen pensar. Es evidente que a pesar de la dura ofensiva PP-VOX, no se ha producido ninguna debacle en el PSOE.  Si se analizan los datos, no es difícil observar que la suma de las fuerzas que posibilitaron la investidura de Pedro Sánchez, en su globalidad, han aguantado el tipo. Así que la explícita intención de nuestras derechas patrias de convertir las votaciones europeas en un plebiscito para derrocar al gobierno progresista, ha fracasado; tenemos gobierno progresista y parece que para rato, a pesar de las dificultades. Puede que también el PP empiece a entenderlo y eso vaya abriendo puertas a algunos pactos de estado, como el reciente para la renovación del CGPJ.

Capítulo aparte merecen los efectos secundarios que parecen estar teniendo los resultados obtenidos por Sumar. Este espacio político no se presentaba a las elecciones en los mejores escenarios posibles, tanto externos cómo internos. A las dificultades ya comentadas que afectan al conjunto de las izquierdas cabría añadir otras, más de carácter endógeno. No hay que olvidar que Sumar es un proyecto en construcción iniciado muy recientemente, que pretende habilitar un espacio más o menos común para actores políticos y sociales de izquierdas complejos, con tradiciones y culturas políticas diversas, implantaciones territoriales desiguales... y con estructuras y aparatos propios que precisarían de una generosidad heroica para supeditar parte de los intereses propios a los del conjunto. Lidiar con todo eso y más inmersos en una sucesión de procesos electorales,  no ha debido ser fácil.

La confección de la candidatura de Sumar no fue percibida precisamente como un ejercicio político ejemplar entre sus potenciales votantes. Y no me refiero exclusivamente a la ausencia de unas primarias entre todas las personas partícipes del proyecto; me pareció de impacto especialmente negativo la evidencia pública de presiones internas y chantajes cruzados entre los socios, llegando a amenazas de ruptura,  para ubicar, cada cual a los suyos, en puestos de salida. Un espectáculo nada edificante que cabrea y espanta a una buena parte del electorado progresista; el que suele ser más exigente y, en cierto modo, más volátil. Y por si todo esto pudiera parecer poco, Sumar ha tenido que afrontar una cierta vuelta al voto útil y a dos victimismos,  bien exprimidos electoralmente: el de Pedro Sánchez con el brutal ataque de la derecha a su compañera sentimental y el de Irene Montero con su veto en Sumar y la salida de Podemos del espacio común.

Con todo esto los resultados estaban cantados y no me parece que deban generar frustración alguna. Más bien deberían suscitar reflexiones profundas, reconocimiento de responsabilidades propias, todas, así como un sincero propósito de la enmienda.

No corregir el tiro sería un error, pero no dar continuidad al camino emprendido sería un fraude para las personas que acogieron la construcción del espacio Sumar con mucha ilusión

Y es que me da la impresión que a muchas de las personas que, por muchas razones, perciben como de imperante necesidad la conformación de un espacio común a la izquierda del PSOE, lo que les ha frustrado y cabreado, no han sido tanto los escasos resultados electorales, como el día después de las elecciones, en el que algunos partidos coaligados han empezado a dirigirse a Sumar en tercera persona y tomando distancias del proyecto, con un entusiasmo y rapidez dignas de mejores causas. Las exhibiciones partidarias  de arraigos, territorialidades, cargos públicos etc, ha rozado un patético ridículo, mucho más evidente cuando la realidad de la suma común ha sido del 4,7% ; imaginen lo que hubieran obtenido cada uno por su lado.

En el proceso constituyente de Sumar se han cometido errores. Pero soy de los convencidos de que si se quiere que en España se sigan realizando y profundizando en políticas progresistas hay que seguir apostando por ese espacio, aprendiendo de los errores y corrigiendo el tiro. Sumar acometió una primera fase de constitución, con la aprobación de estatutos, programa y órganos de dirección, emplazándose a una segunda fase en la que culminar el proceso. En mi opinión los resultados de las europeas no deberían impedir el desarrollo de la segunda fase constituyente. Sin forzar, con mucho diálogo, introduciendo las correcciones necesarias, renunciando tanto a "núcleos irradiadores" e hiperliderazgos como a absurdos chantajes, con generosidad, con paciencia y mucho debate serio entre organizaciones y con las militancias, para conseguir un ámbito cómodo para la diversidad, pero eficiente para la propuesta y la acción política. No corregir el tiro sería un error, pero no dar continuidad al camino emprendido sería un fraude para las personas que acogieron la construcción del espacio Sumar con mucha ilusión. Y me atrevería a decir que el fraude no sería solo para las personas de a pie más cercanas al proyecto sino, además, para un país necesitado de avances sociales, laborales y económicos, de profundización en democracia y libertad. A ver, que luego no vale echarle la culpa al empedrado. 

Aprender a Sumar