ANÁLISIS

Paz o guerra, opciones de política de defensa

Parlamento Europeo.
Europa se está preparando para la guerra contra Rusia porque parece que considera inevitable que si no lo hace, Rusia acabará invadiendo algún otro país europeo.

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Entre los variados parámetros que nos aconseja la geopolítica para entender las crisis y sus posibles soluciones en las relaciones internacionales están, por ejemplo, la geografía y la historia (el espacio geográfico y el momento histórico concretos en que se genera y desarrolla la crisis) y sus correlaciones con diferentes tipos de poder (económico/financiero/ comercial, militar o ideológico) en ese momento y lugar.

Intentemos vislumbrar, bajo estos parámetros, la actual crisis por la que atraviesa la Unión Europea (en sentido amplio, UE+), definida por su cada vez más enconado enfrentamiento con Rusia, por el inesperado enfriamiento del entusiasmo noratlántico de Estados Unidos y por el acelerado cambio de estructura internacional desde el bipolarismo de la Guerra Fría (1945-1990) a la hegemonía estadounidense (1990-2020/21) y a la tendencia al multilateralismo actual, con su correlato de ideologización-globalización-neonacionalismo.

Europa se está preparando para la guerra contra Rusia porque parece que considera inevitable que si no lo hace, Rusia acabará invadiendo algún otro país europeo

Europa se está preparando para la guerra, para la guerra contra Rusia, porque parece que considera inevitable que si no lo hace, Rusia acabará -cuando la guerra de Ucrania finalice o, quizás, por qué no, incluso antes- invadiendo algún otro país europeo, bien de sus antiguas repúblicas soviéticas (países bálticos, como Ucrania lo fue), bien de sus históricas áreas de influencia y dominación, la centroeuropa ex-comunista o Finlandia. Una guerra para la que parece creer que ha dejado de contar con la protección de Estados Unidos (vía compromisos OTAN), al menos desde el inicio de la presidencia Trump, aunque algo se podía vislumbrar desde el célebre “giro al este de Asia” del presidente estadounidense Obama en 2012. Un Estados Unidos que, sin embargo, la acucia a rearmarse (5% PIB anual para presupuestos de la defensa), no se sabe muy bien si pensando en Rusia o pensando en China.    

¿Existe realmente esta posibilidad de guerra? ¿Está Rusia en condiciones de desencadenarla, cuando lleva ya más de tres años intentando someter a Ucrania sin conseguirlo porque enfrente no está sólo Ucrania sino además todo el apoyo económico, armamentístico y de inteligencia de Estados Unidos y de la propia Europa? El factor “locura” no es geopolítico.

El error que creo que están cometiendo los análisis y prospectivas europeas de la situación está en los enfoques histórico e ideológico. Se está evaluando la situación en 2022/25 con parámetros de la Guerra Fría (1945-1990), descuidando incluso épocas anteriores, cuando durante siglos ha existido una entidad geopolítica conocida como la Europa del Atlántico a los Urales. Durante la Guerra Fría, el enfrentamiento era sustancialmente ideológico, dos concepciones político-económicas incompatibles, comunismo de economía planificada y centralizada y Gobierno de partido-Estado único frente a capitalismo de libre mercado y democracias de elecciones periódicas, que exigían, ambas, destruir a la competidora para poder imponer en todo el mundo su religión socioeconómica. Nada de esto existe en la actualidad. Con mayor o menor incidencia en unos aspectos u otros, toda la Europa del Atlántico a los Urales es incluible en esa última versión del capitalismo triunfante en la Guerra Fría que conocemos de forma genérica como neoliberalismo globalizador y digitalizante.

Durante la Guerra Fría, el enfrentamiento era sustancialmente ideológico. Nada de esto existe en la actualidad

Parecemos estar, entonces, ante la situación paradójica de que la guerra, probablemente nuclear si hubiera estallado durante la Guerra Fría, que logró evitarse por la prudencia de los dirigentes de ambos bandos y el triunfo financiero-económico de uno de los contendientes (el mundo capitalista, que entonces era conocido como occidental), a pesar de la imposibilidad de acuerdo entre ambas concepciones ideológicas enfrentadas, pudiera estallar, también con alta probabilidad de decantarse como nuclear, cuando la posibilidad de convivencia, y de convivencia positiva para ambas partes, se ha demostrado posible desde el colapso de la URSS y su sustitución por la Federación de Rusia en 1990/91…. hasta la secuencia 2005 (Revolución Naranja ucraniana)-2014 (Euromaidan y ocupación rusa de Crimea)- 2022 (invasión rusa de Ucrania), en la que ambas partes decidieron teledirigir desde fuera los destinos de Ucrania.

Máxime cuando el gran adversario de la antigua URSS y durante un cierto tiempo de la actual Federación Rusa, Estados Unidos, que incitaba y arrastraba a Europa  a ese enfrentamiento con su vecina Rusia a través de la OTAN, parece estar dando un giro copernicano, prefiriendo aliarse, o por lo menos entenderse, con ella con objeto de tener las manos libres para el enfrentamiento con su actual verdadero contrincante económico y comercial, China, mientras le exige a Europa que aumente de forma considerable y probablemente inasumible sus gastos en defensa pensando en contar con posibles futuros apoyos europeos frente a China o en la anulación  rusa como posible aliado de la misma.

La política de defensa no debería limitarse a rearmarse para defenderse, es decir, para ganar la guerra, sino también, y fundamentalmente, para evitarla

¿Es adecuada, en consecuencia, la política de defensa de la UE+ en este caso concreto de crear el ambiente de que el enfrentamiento ruso-europeo es inevitable y está ya programado por Rusia, enrareciéndolo cada vez más con un continuo aumento de sanciones y rearme, que más se parece a una política de provocación que de defensa? ¿No parecería más adecuada una política de distensión que tratara de recuperar el ambiente de colaboración, especialmente económico-comercial, previo a la “cuestión ucraniana (2005-2025)”, cuyo estatuto final podría negociarse entre europeos de esa Europa del Atlántico a los Urales, sin interferencias extraeuropeas y sin que esa Ucrania de la que tanto nos compadecemos tenga que malvender las ganancias de sus minerales y tierras raras?

La política de defensa no debería limitarse a rearmarse para defenderse, es decir, para ganar la guerra, sino también, y fundamentalmente, para evitarla. Sí, guerra o paz son, a lo mejor, sólo una cuestión de opciones de política de defensa.