TRIBUNA DE OPINIÓN

Pedro Sánchez resiste gracias a la incompetencia de Feijóo

Feijóo ha cometido unos de los peores errores de su carrera política al perder los papeles y también la vergüenza.

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Pedro Sánchez ha vuelto a hacer gala de su capacidad para sobrevivir políticamente incluso en los momentos más críticos. Esta vez ha sido el líder del PP, Alberto Núñez Feijó, quien, sin pretenderlo, le ha brindado un balón de oxígeno en un momento en que el presidente parecía tambalearse cercado por la sombra de la corrupción y la presión de sus aliados. Sin embargo, lejos de provocar una ruptura en la mayoría parlamentaria que sostiene al actual Gobierno de España (y cito España a conciencia para dejar constancia de que este país no es propiedad en exclusiva de la derecha y la extrema derecha), el ataque de Feijóo, cuando se tiró al barro, logró un efecto inverso de lo que lo que pretendía, pues su lodo abonó el terreno para que los socios de un Sánchez debilitado no le retiraran su apoyo.  

La detención de Santos Cerdán, figura clave en la estructura del PSOE, había abierto una grieta profunda como consecuencia de su implicación en una presunta trama de mordidas por adjudicaciones públicas, circunstancia que desató especulaciones sobre una posible dimisión del presidente o incluso una convocatoria anticipada de elecciones. El propio Sánchez, en su intervención ante el Congreso, admitió haber contemplado esa posibilidad, aunque finalmente optara por no hacerlo: «Tirar la toalla no es una opción», sentenció ante un hemiciclo tenso y dividido.

En su discurso, el presidente asumió la responsabilidad de haber confiado en Cerdán y reconoció el daño que este error —involuntario— había causado. Sánchez afirmó no tener dudas sobre su desconocimiento de las irregularidades, aunque entendía que los ciudadanos sí pudieran tenerlas, y lo dijo con un tono presidencial, serio, firme y autoconsciente, apelando a la confianza de sus aliados parlamentarios y asegurándoles que cumpliría los compromisos adquiridos. De este modo, si bien no obtuvo un respaldo entusiasta, el presidente del Gobierno de España y Secretario General del PSOE consiguió algo mucho más valioso, y es que ninguno de sus socios clave rompiera filas tal cual pretendía Feijóo como estrategia desesperada para lanzar piedras que el devenir de los acontecimientos ha conseguido que giren y vayan directas contra él, reduciendo drásticamente las probabilidades de que un día llegue a la Moncloa.

Feijóo ha cometido unos de los peores errores de su carrera política al perder los papeles —y también la vergüenza— en una intervención en la que pretendía erigirse como líder de la oposición desde una supuesta centralidad. Sin embargo se excedió en el tono y en el contenido de un ataque verbal al aludir a la familia política de Sáncheznen un tono soez y chabacano, cruzando una línea que ni siquiera sus más acérrimos partidarios han considerado aceptable que lo hiciera por más que lo silencien por prudencia.

El discurso del líder del PP estuvo plagado de insinuaciones y de acusaciones sin pruebas, y terminó por cohesionar a los que en principio podrían haber dado un paso atrás en su apoyo al actual Gobierno. Lejos de resultar constructiva o persuasiva, su intervención no fue más allá de lo personal y lo grotesco, y la inmediata consecuencia ha sido que la respuesta de los aliados parlamentarios, por más que fuera variada en matices, haya sido unánime en un fondo en el que si bien ha habido críticas, advertencias y exigencias, para nada ha dado pie a un ruptura. 

Así, Yolanda Díaz , si bien fue contundente con la corrupción, eso no fue óbice  para que reafirmara su respaldo al Ejecutivo. Gabriel Rufián llamó a redoblar la acción política para evitar que la derecha capitalice el desgaste. Miriam Nogueras advirtió que el respaldo no sería ilimitado. Y desde Bildu y el PNV, la reacción fue especialmente dura contra un Feijóo a quien reprocharon su deriva verbal y su escaso sentido institucional. Incluso Podemos, más distante que otros socios, evitó pedir la salida de Sánchez, consciente quizás de que la alternativa sería peor. 

La conclusión que se impone es que el presidente sigue contando con los apoyos necesarios para sostenerse, aunque no sin condiciones ni advertencias. Sánchez anunció medidas para reforzar la lucha contra la corrupción, entre ellas un incremento de las penas para quienes sobornan a cargos públicos, así como también la creación de una Agencia de Integridad, iniciativas con las que pretende enviar el mensaje de que el Gobierno no se esconde ni tolera prácticas corruptas, aunque lleguen desde dentro de sus propias filas.

Este episodio demuestra una vez más que, en política, la resistencia no siempre se construye desde la fortaleza, sino a veces también desde una debilidad bien gestionada.  

Feijóo intentó tumbar a Sánchez y, sin querer, lo ha mantenido de pie y aún más fuerte. Y es que a veces, los errores del adversario pueden ser más valiosos que los propios aciertos.