sábado. 02.03.2024
REUNION
Reunión entre HB y UPN-PP para negociar los presupuestos en 1993. De izq. a Dcha. Juan Cruz Alli y Miguel Sanz (UPN-PP) y Mauricio Olite, Patxi Zabaleta y Adolfo Araiz (Herri Batasuna).

Spinoza consideraba como pasiones tristes el odio, la venganza y el rencor. Al parecer, son pasiones en las que los dirigentes de UPN vienen chapoteando tras lo que han calificado como “la traición de Pamplona” por parte del PSN.

Su exalcaldesa Cristina Ibarrola ha sido más explícita que sus compañeros de partido al expresar su malestar interior con estas palabras: “No lo vamos a olvidar, ni a perdonar nunca que hayan vendido Pamplona” (Diario de Navarra, 18-12-2023).

Si por perder una alcaldía, se siente así de dolida la exalcaldesa, imaginen cómo se habrán sentido durante más de cuarenta años seguidos los familiares de los 3.400 asesinados por las derechas de Navarra en 1936. Si la pérdida del cargo de alcaldesa le ha llevado a tomar semejante actitud anticristiana –la de no perdonar a tus enemigos–, póngase, si puede, en el lugar de los familiares de esas víctimas. ¿Cómo olvidar el asesinato impune y bárbaro de sus abuelos, padres y tíos? ¿Y perdonar? Ibarrola ni siquiera se lo plantea en un asunto tan banal como perder un cargo político, aunque no le impide aconsejar a los demás que hay que pasar página y olvidar. Ni siquiera como médica que es, percibe que el odio no es nada recomendable para la salud y que el Código Penal lo considera delito.

¿Y el presidente de UPN, Esparza? Más de lo mismo: “Vamos a recordar a Sánchez esta infamia todos los días de la legislatura. Han entregado la capital navarra a un partido fascista abertzale como EH Bildu. ¡Y esa mancha no la van a poder borrar nunca!”.

El nivel de importancia dada por Esparza a los hechos que afectan a su partido, no solamente refleja su doble vara de medirlos, sino su nivel rastrero de humanidad que arroja su interpretación. Que un partido político se altere de esa forma tan profunda por la pérdida de la alcaldía y su presidente la considere como el hecho más transcendental de la historia de Navarra, olvidando la masacre de 3.400 navarros, no es propio de quien aspiraba a ser presidente de los navarros.

En cuanto al hecho de utilizar el pasado para justificar las posiciones actuales de UPN, sus exabruptos son patéticos. Si algo no debería remover UPN y las derechas de Navarra, son las aguas del pasado político. Las derechas nunca fueron demócratas, ni constitucionalistas. Fueron golpistas y defensores de la dictadura.

Otro conmilitón, Juan Ramón Corpas, antiguo exconsejero del gobierno de UPN, aseguraba que “basta un poco de memoria para recordar…” lo que ha pasado en estos últimos años en Navarra. En efecto. Así es. Sobre todo si se mira la Hemeroteca.  Pero él sólo recuerda las perrerías cometidas por el PSN, pero no las de UPN. Ni siquiera evoca las suyas que, suponemos, las conoce mucho mejor que nadie, en especial su actuación cuando fue consejero del gobierno de Barcina. Barcina y Corpas serán siempre nombres asociados al “expolio de la plaza del Castillo”, en expresión exacta de un juez. Corpas afirma que “constatar lo del PSN le produce tristeza, viéndolo felizmente emparejado con los amigos de los asesinos” (Diario de Navarra, “PSN RIP”, 20-12-2023). Sí, seguro. Mucha tristeza, seguro que la tristeza del cocodrilo.

Más le valdría a este exconsejero poner nombres detrás de los “amigos de los asesinos”. No sólo para conocer a quienes califica él como asesinos sino para que los “amigos” lo denuncien judicialmente. ¿A qué socialistas amigos de los asesinos se refiere?

Porque ya es hora de que la justicia intervenga e impida que dicha expresión se acepte como un dogma. Porque, no es una verdad, sino una etiqueta canallesca que responde únicamente a cálculos políticos, la cual, si los jueces no lo remedian, terminará por convertirse en arma psicológica para espantar a ciudadanos ingenuos. Y quienes se sienten injuriados al ser calificados como “asesinos” puedan presentar sus querellas contra quienes utilizan dicha expresión con absoluta impunidad y “cara dura”.

¿Y qué decir de Miguel Sanz y de Javier Esparza?

Tanto Miguel Sanz, como Javier Esparza, actual presidente de UPN, han repetido como ya lo hicieron en 2019 que “UPN jamás negoció con Bildu, ni con sus franquicias anteriores, ni pactó política alguna, mucho menos la presupuestaria” (Sanz) y “nunca antes se había reunido una presidenta con EH Bildu en el gobierno” (Esparza). De la Hemeroteca navarra, 15 y 19-12-2019.

Son afirmaciones completamente falsas, pero ya se sabe que del pasado sólo se rescata lo que nos afirma en el presente y se olvida lo que del pasado pueda avergonzar al que fuimos.

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Zabaleta y Araiz (HB), con el vicepresidente Sanz y el presidente Alli en una reunión en 1993. (Xabi Ventura).

Sanz, al recordar su pasado como vicepresidente del gobierno foral, olvida que él y el presidente Alli recibieron a HB en el Palacio de Navarra el 8 de septiembre de 1993. La foto de ese encuentro la inmortalizó J. Diges de la agencia EFE. Fue para negociar los presupuestos. Sanz defendió un acuerdo con “los amigos de los asesinos” – entonces, los amigos de ETA eran Zabaleta, Olite y Araiz–, proponiendo utilizar 2.500 millones de pesetas (15 millones de euros), en principio destinados al pago de la deuda, y que HB propuso para financiar un plan de choque contra el desempleo. La negociación no fructificó, pero UPN negoció con los amigos de los asesinos. Así que no se diga que UPN no se sentó en la mesa con los “amigos de los asesinos”, porque sí lo hizo.

Es verdad que, en la actualidad, tanto Esparza como Sanz UPN sostienen que “no se negocia nada transcendental para la gobernabilidad con quien no condena a ETA”, pero no era ese su pensamiento en los tiempos en que ETA estaba más activo que nunca, cosa que, incluso, tal detalle ha desaparecido.

Recién nombrado presidente de UPN, Sanz se descolgó en EGIN con unas declaraciones bien merece la pena recordarlas: “Yo estoy a favor de la negociación y estoy a favor de que ETA deje las armas. La alternativa KAS contiene puntos que pueden ser perfectamente modulables en una negociación y que en algún porcentaje no quebrarían el marco establecido” (5-2-1989).

No es cuestión de aburrir al lector, pero, por si se anima a seguir las declaraciones de este expresidente de UPN cuando sí lo era, vayan dos perlas más:

A) Ilegalización de HB: “Pienso que no se puede ilegalizar ninguna formación política que esté encuadrada dentro del marco constitucional y si HB cumple sus compromisos, el fiscal general de Estado no encuentra argumentos para su ilegalización, entiendo que no se debe ilegalizar”.

B) Amnistía a los presos de ETA: “Si en las negociaciones la amnistía a los presos es una de las premisas importantes para acabar con el terrorismo, yo pienso que la sociedad de España y el Gobierno del Estado podrían llegar a un esfuerzo, además creo que sería aceptado en gran parte por la sociedad española. A mi juicio es utópico decir que dejen las armas sin más y que el Gobierno va a apresar a los componentes de ETA y que nos les debe aplicar ninguna medida de reinserción. Eso a mi juicio es utópico y lo que está claro es que hay que ver la realidad del momento y eso tiene que valorarse en una mesa de negociación. Bajo esta perspectiva es positivo”.

A la vista de todo ello, no se sabe bien quién tiene peor catadura ética si los desmemoriados o los mentirosos, o ambos de forma simultánea.

Ateneo Basilio Lacort: Víctor Moreno, Jesús Arbizu, Clemente Bernad, Carolina Martínez, José Ramón Urtasun, Carlos Martínez y Txema Aranaz.

La conjura de los desmemoriados